La Guerra de Afganistán está matando a más gente que nunca

El Gobierno de Trump está aumentando la intensidad de la presión militar estadounidense en el país. La estrategia provoca más muertes sin lograr que el Gobierno central controle más territorio.
La 10º División de Montaña de EE UU en Afganistán
La 10º División de Montaña de EE UU en Afganistán Wikipedia

publicado
2018-07-02 06:26:00

17 años después de que empezara la Guerra de Afganistán, la más larga en la historia de EE UU, la violencia nunca ha sido peor. En 2017 murieron más de 20.000 afganos, un nuevo récord.

Entre los muertos se incluyen los cálculos de 10.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas, 10.000 talibanes y 3.438 civiles. Aunque no hay datos fiables sobre víctimas afganas disponibles para el público, informes publicados por el Costs of War Project de la Universidad de Brown indican que el número de víctimas anual para la población afgana nunca ha sido más alto que en 2017.

El récord de violencia llega mientras la administración Trump ha intensificado la guerra contra los talibanes

Para los civiles, los últimos cuatro años de la guerra han sido los más mortíferos, con más de 3.400 civiles asesinados cada año entre 2014 y 2017, según los datos de las Naciones Unidas y el Costs of War Project.

“Nos preocupa que veamos un daño mayor este año a menos que todas las partes den los pasos necesarios para impedir víctimas civiles”, dijo Tadamichi Yamamoto, el representante especial para Afganistán del secretario general de la ONU.

Afganistán
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Afganistán se ha convertido en una especie de Vietnam para las fuerzas aliadas, con Estados Unidos a la cabeza, una derrota en diferido lejos de los focos mediáticos. El 7 de octubre se cumplieron 16 años sin ruido y cámaras de fotos. Os ofrecemos la primera parte de este reportaje.

El récord de violencia llega mientras la administración Trump ha intensificado la guerra contra los talibanes. Aunque el presidente Trump indicó repetidamente antes de ser presidente que estaba en contra de la guerra y quería terminarla, ha dado instrucciones a las fuerzas militares estadounidenses de llevar a cabo una acción más agresiva.

“En Afganistán, he levantado las restricciones y aumentado la autoridad de los comandantes sobre el terreno”, reconoció Trump el año pasado. El nuevo enfoque, según el general de brigada Lance Bunch, significa que “se acabaron las contemplaciones”. Las fuerzas militares de EE UU están ahora buscando “cualquier oportunidad para apuntar contra los enemigos de Afganistán allá donde los encontremos en el teatro de operaciones”.

Con la nueva autoridad, la coalición dirigida por EE UU ha estado desarrollando una guerra más agresiva. En 2017, las fuerzas estadounidenses triplicaron el número de ataques aéreos contra fuerzas enemigas. También ayudaron a las fuerzas de seguridad afganas a intensificar las operaciones ofensivas contra los talibanes.

“El año pasado, vimos operaciones ofensivas, sin muchos precedentes en los últimos años, por las fuerzas de seguridad afganas”, ha comentado el general estadounidense John Nicholson, el comandante de las fuerzas de la coalición en Afganistán.

Temiendo que la publicación de las cifras pudiera minar la moral y obstaculizar los actuales esfuerzos de reclutamiento en Afganistán, el Ejército de EE UU ha empezado a censurar los registros

Los representantes de la administración reconocen que esperaban que los talibanes respondieran con más violencia al aumento en la presión militar. “Esperábamos esto”, ha dicho el secretario de Defensa James Mattis. En marzo, la representante del Departamento de Estado Alice Wells señaló que “no será una sorpresa si vemos más tácticas terroristas dirigidas contra poblaciones urbanas”.

El aumento en la violencia ha sido devastador para el pueblo afgano. Según la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán, que registra las víctimas civiles, más de 3.400 civiles afganos han muerto y más de 6.800 han sido heridos en cada uno de los últimos cuatro años de la guerra.

Afganistán
Afganistán: la ‘guerra buena’ cumple 16 años (II)
El triunfo de los yihadistas sobre las tropas soviéticas en Afganistán en los 80 fue todo un hito, dio inicio a una nueva era y a una guerra de nuevo tipo que ha traspasado todas las fronteras y que está aún muy lejos de terminar.

Los representantes afganos reconocen discretamente que alrededor de 10.000 miembros de las fuerzas de seguridad de Afganistán murieron el año pasado, un aumento significativo respecto a los años anteriores. Temiendo que la publicación de las cifras pudiera minar la moral y obstaculizar los actuales esfuerzos de reclutamiento en Afganistán, el Ejército de EE UU ha empezado a censurar los registros.

Aunque los funcionarios estadounidenses y afganos estiman que se dio muerte a alrededor de 10.000 efectivos talibanes en 2017, el general Nicholson ha dicho que “las tasas de víctimas enemigas han sido mucho mayores”. En cualquier caso, la cifra combinada de muertes del año pasado para combatientes afganos es aproximadamente de 20.000 personas.

A pesar del récord en el número de muertes, la administración Trump sigue comprometida con su estrategia. “El progreso y la violencia coexisten en Afganistán”, comentó recientemente el secretario Mattis.

El objetivo primordial del Ejército de EE UU es poner al menos al 80% de la población afgana bajo el control del Gobierno afgano. Según un estudio clasificado, el Gobierno afgano puede vencer en la guerra si consigue esta meta. “El enfoque de nuestras operaciones militares es incrementar y expandir el control de la población por el Gobierno de Afganistán”, dijo ante el Congreso a principios de este año el general Joseph Votel, el comandante del Comando Central de EE UU.

El planteamiento de la administración Trump está fracasando. No sólo están muriendo más afganos que nunca, sino que el Gobierno afgano ha estado perdiendo control de la población. En su último informe al Congreso, el inspector general especial para la reconstrucción de Afganistán confirmó que el control del gobierno afgano ha caído desde un 69% en agosto de 2016 hasta un 65% en enero de 2018.

El año pasado, la comunidad de inteligencia de EE UU predijo en gran medida los fallos. El director de Inteligencia Nacional, Daniel Coats, dijo ante el Comité de Servicios Armados del Senado que “la situación política y de seguridad casi seguro se deteriorará a lo largo de 2018 incluso con un modesto aumento en la asistencia militar de los Estados Unidos y sus socios”.

Chuck Hagel, antiguo secretario de Defensa, ha dicho que la guerra ha llegado a su punto más negativo. “Tras 17 años en Afganistán la situación es peor que nunca”, comentó Hagel a principios de este año.

Quizás la mejor esperanza para Afganistán está ahora en un creciente movimiento afgano por la paz, que ha estado pidiendo un alto el fuego inmediato y conversaciones para finalizar la guerra. No sólo ha tenido éxito en conseguir que el presidente afgano Ashraf Ghani anunciara un alto el fuego temporal, sino que los talibanes anunciaron su propio alto el fuego, lo que llevó a unos pocos días de paz y celebraciones por todo el país.

“Creo que el presidente Ghani está respondiendo y de hecho reflejando un deseo de una amplia proporción de afganos… en desear ver una reducción de la violencia y una vía hacia un final del conflicto”, dijo un alto representante del Departamento de Estado.

El Gobierno afgano planea mantener el alto el fuego durante el futuro inmediato, a pesar de la reciente decisión de los dirigentes talibanes de reanudar la lucha.

Edward Hunt escribe sobre la guerra y el imperio. Tiene un PhD en Estudios Estadounidenses en el College of William & Mary.

Fuente: Counterpuch 
Traducción: Eduardo Pérez

Afganistán
Afganistán: la ‘guerra buena’ cumple 16 años (y III)

Para Trump, los talibán y otros grupos yihadistas no son los únicos adversarios en Afganistán. China y Rusia compiten también por este enclave de importancia geoestratégica en Asia Central.

1 Comentario
#19687 15:33 2/7/2018

Yes we kill. Obamarama.

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