Pese a la firma del acuerdo, los detractores del Mercosur no bajan los brazos

Tras la ratificación en Paraguay, las movilizaciones y esperanzas de los opositores se focalizan en el Parlamento Europeo. Sus representantes deciden el miércoles si piden al TJUE que examine el tratado y ralentice su aplicación.
Accion UE Mercosur Ecologistas - 4
David F. Sabadell Acción contra el acuerdo UE-Mercosur en 2023.

Miles de agricultores se manifestaron ayer, martes 20 de enero, enfrente del Parlamento Europeo en Estrasburgo contra el acuerdo de libre comercio con Mercosur. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ratificó el sábado en Asunción este tratado entre la Unión Europea y Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. A pesar de esa firma, los detractores no bajan los brazos. Aún confían en el estrecho margen de maniobra que les queda para detener la aplicación de un tratado nocivo para la ecología y que amenaza con debilitar a un sector primario en crisis en el Viejo Continente.

La primera brecha para obstaculizar el acuerdo alentado por España y Alemania —especialmente por las grandes empresas de ambos países— tendrá lugar el miércoles en la Eurocámara. Durante la sesión plenaria en Estrasburgo, los eurodiputados votarán una resolución que pide el examen por parte del Tribunal de Justicia de la UE de este tratado, que tiene como objetivo la creación de una de las mayores zonas de libre comercio en el mundo, de hasta 700 millones de consumidores. “Será una votación determinante para comprobar la legalidad del acuerdo. Cada voto contará”, defendió la semana pasada la eurodiputada francesa Manon Aubry, representante de la Francia Insumisa y presidenta del grupo de la Izquierda.


Este grupo parlamentario, del que forman parte los eurodiputados de Podemos, Bildu y algunos de Sumar, presentó una iniciativa con la esperanza de que ralentice el proceso de validación. Si una mayoría de eurodiputados vota a favor hoy miércoles, el voto final en el Parlamento Europeo sobre su ratificación quedaría a expensas de que el Tribunal de Justicia se pronunciara. Ese organismo tardaría probablemente varios meses en anunciar su decisión. Además, podría tumbar algunas de las partes más polémicas; por ejemplo, el mecanismo de reequilibrio que da la posibilidad a los Gobiernos brasileño, argentino, uruguayo o paraguayo de pedir una indemnización financiera si la UE aprueba nuevas medidas medioambientales que afecten a sus exportaciones agrícolas.

“La lucha no se ha terminado”

“Hemos calculado que hay unos 300 eurodiputados a favor del acuerdo, 310 en contra y unos 110 con una posición incierta”, explica a El Salto el economista Maxime Combes, uno de los coordinadores en Francia del colectivo Stop Mercosur e implicado en la campaña continental Europea Trade Justice Coalition. Este investigador en el AITEC, un centro de investigación altermundialista con sede en París, indica que han hecho esta estimación “a partir de los votos en los últimos años” sobre esta cuestión, “incluido el del pasado otoño” sobre las cláusulas de salvaguardia. La posibilidad de una votación ajustada motiva a los detractores del tratado a mantener la movilización.

La policía arrestó a 150 militantes de la la Confédération paysanne después de que llevaran a cabo una acción pacífica en uno de los edificios anexos del Ministerio de Agricultura

“La lucha no se ha terminado. Estamos preparando vídeos para convencer a los eurodiputados”, afirma Stéphane Galais, uno de los portavoces nacionales de la Confédération paysanne, el tercer sindicato agrícola con una mayor representación en Francia y el más relevante con una visión progresista. Además de la votación del miércoles, el Parlamento Europeo deberá pronunciarse más adelante sobre la adopción definitiva. Ese escrutinio debería celebrarse en circunstancias normales en febrero, marzo o abril. Pero si la Eurocámara pide al Tribunal de Justicia de la UE que examine el tratado, eso alargaría el calendario.

La pelota está en el tejado de los eurodiputados y eso lo saben los sindicatos agropecuarios. Además de miles de agricultores franceses, este martes se han movilizado centenares procedentes de España, Italia, Alemania o Rumanía. Una amplia manifestación enfrente de la Eurocámara tras unas últimas semanas de numerosos cortes de carreteras y acciones directas, sobre todo en Francia, Bélgica o Catalunya.

Síntomas de fatiga en las protestas en Francia

Varias tractoradas e intentos de cortes de circulación en París hicieron correr ríos de tinta durante la primera quincena de enero. Las autoridades francesas reprimieron de manera desigual esas movilizaciones en función de las afinidades ideológicas de los sindicatos. Mientras que la FNSEA —primera organización agropecuaria del país, cercana a la derecha tradicional de Los Republicanos y con una visión productivista— dispuso prácticamente de una alfombra roja para concentrar 350 tractores delante de la Asamblea Nacional el 13 de enero, la Confédération paysanne fue reprimida el día después. La policía arrestó a 150 de sus militantes después de que hubieran llevado a cabo una acción pacífica en uno de los edificios anexos del Ministerio de Agricultura.


Además, los agricultores han multiplicado en las últimas semanas los cortes de carreteras en los accesos a los puertos de Bayonne, La Rochelle y Le Havre. Estas movilizaciones contra los efectos nocivos de la globalización, sin embargo, muestran los primeros síntomas de fatiga. “Hay cierto cansancio. Duran desde hace varias semanas y eso se suma al trabajo acumulado en las granjas”, afirma Gallais sobre unas protestas que empezaron a principios de diciembre. Estas se vieron alimentadas, asimismo, por el malestar provocado por la gestión del Gobierno francés de la dermatosis nodular y su política de sacrificar todas las vacas de una granja cuando detectaban un primer contagio.

“los grandes terratenientes latinoamericanos, que se verán reforzados por el tratado, promueven las derechas radicales” de Javier Milei y Jair Bolsonaro, denuncia Stéphane Galais

Por tercer invierno consecutivo, los agricultores han salido a las carreteras en varios países europeos. En Catalunya se ha reproducido una situación parecida a la francesa con tractoradas y varios cortes de circulación contra Mercosur, pero también fomentados por la gestión de la Generalitat de la peste porcina africana. Aunque Revolta Pagesa puso punto final a sus movilizaciones la semana pasada, la Unió de Pagesos llevó a cabo una tractorada este lunes en Riudoms (Tarragona) y prepara para el jueves un corte de la autopista AP-7, en la zona del Delta del Ebro.

Los ganaderos y agricultores también han protestado en otras comunidades autónomas, como Galicia o Extremadura. Han convocado una manifestación nacional en Madrid para el 11 de febrero. En el caso de Francia, el punto culminante de la rabia del campo ocurrirá probablemente con el tradicional Salón de Agricultura, que se celebrará a finales de febrero. Por primera vez desde su creación en 1964, esta cita anual en París no contará con la presencia de ninguna vaca como señal de protesta por la gestión de la dermatosis nodular, enfermedad vírica que afecta únicamente a los bovinos.

“Un tratado doblemente asimétrico”

Además de haber sufrido un evidente fracaso europeo —Francia se opuso al tratado con Mercosur, pero no logró bloquearlo en el Consejo Europeo pese a tratarse de la segunda potencia de la UE—, el Gobierno de Sébastien Lecornu y Emmanuel Macron va camino de cerrar en falso esta crisis en el campo por tercer invierno consecutivo. Para mancillar su revés continental respecto al acuerdo de libre comercio, ha propuesto una ley de urgencia sobre el sector primario. El Consejo de Ministros la examinará en marzo. Su borrador inicial incorpora medidas destinadas a fomentar la construcción de grandes embalses y la reintroducción de pesticidas, como ya sucedió el año pasado con la ley Duplomb, que el Consejo Constitucional obligó a retocar.

“El Gobierno no aporta ninguna respuesta al motivo original de esta rabia agrícola”, advierte Gallais, quien considera “la falta de ingresos” como el principal factor de estas recurrentes movilizaciones de agricultores y ganaderos. “Uno de cada seis tiene unos ingresos inferiores a 1.200 euros mensuales y vive por debajo del umbral de la pobreza”, recuerda el portavoz de la Confédération paysanne. Una precarización del sector primario que se verá acentuada por el acuerdo con Mercosur, según sus detractores.

“Es un tratado doblemente asimétrico”, advierte Combes refiriéndose al hecho de que favorecerá el sector primario latinoamericano y la industria y los servicios europeos. “Los productores brasileños de carne bovina son un 60% más competitivos que los europeos” y, por consiguiente, “las exportaciones de carne de res” prácticamente sin aranceles “desestabilizarán todo el sector”, alerta este economista. “Las cláusulas de salvaguardia no servirán para reequilibrar este desequilibrio estructural”, añade.

“Provocará una disminución de los precios”, lamenta Gallais, quien considera que “de la misma forma que dejaron cerrar las fábricas, ahora le ha llegado el turno al sector primario”. Un sentimiento de abandono del campo que la extrema derecha quiere aprovechar electoralmente en numerosos países del Viejo Continente, de la misma manera que, según Combes, “los grandes terratenientes latinoamericanos, que se verán reforzados por el tratado, promueven las derechas radicales” de Javier Milei y Jair Bolsonaro. El acuerdo con Mercosur no solo amenaza con dejar en la estacada los intereses de la pequeña agricultura y la ecología, sino también reforzar a las formaciones xenófobas y ultranacionalistas en ambos lados del Atlántico.

Acuerdos comerciales
Cacicadas del Partido Popular Europeo con el acuerdo UE-Mercosur
El Ejecutivo comunitario de Ursula von der Leyen pretende firmar el acuerdo el 20 de diciembre. El Parlamento Europeo ha impedido con una maniobra irregular la solicitud de un examen jurídico del texto.
Galicia
El acuerdo UE-Mercosur avanza en medio del rechazo del agro gallego
Mientras Bruselas cierra un nuevo acuerdo comercial, el sector agroganadero gallego sale a las calles para denunciar un modelo que amenaza la rentabilidad de las granjas, debilita la soberanía alimentaria y agrava la crisis del rural.
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