Institutos en ruinas y una represión histórica de la juventud en los barrios populares de París

Desde hace un mes, Francia está sacudida por un movimiento estudiantil de una magnitud sin precedentes. En Seine-Saint-Denis, epicentro de las movilizaciones y una de las diputaciónes más pobres de Francia, los alumnos carecen de sillas y de papel higiénico, y a veces tienen clase en barracones. Es el resultado de décadas de neoliberalismo desenfrenado, acelerado bajo el mandato de Macron desde 2017.
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Protestas de estudiantes en Saint-Denis. Darío Nadal
19 oct 2026 06:00 | Actualizado: 19 oct 2026 10:19

Las entradas de institutos y universidades están bloqueadas con contenedores de basura en distintos puntos del país para protestar contra las indignas condiciones de estudio; en los centros de secundaria de los barrios populares.

Aunque el movimiento arrancó a finales de agosto en Mayotte y Guyana, dos territorios franceses de ultramar, la Seine-Saint-Denis y su “capital” Saint-Denis, se ha convertido en uno de los bastiones más reivindicativos del país en el que se denuncian desigualdades abismales.

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Djibril* (nombre ficticio para preservar su anonimato), de 16 años, fue objeto de un intento de detención violenta por parte de la policía el pasado 15 de octubre, dentro de su instituto. 16 de octubre de 2026, Saint-Denis, Francia. Darío Nadal

La conclusión es sencilla: los centros educativos parisinos con menos recursos siguen mejor dotados que los que tienen más recursos en Seine-Saint-Denis, según el sociólogo francés de la educación Benjamin Moignard.

La educación pública francesa, en ruinas en los barrios populares

“Nos movilizamos porque no tenemos trabajadora social, los profesores ausentes no se sustituyen, las baldosas del suelo están rotas y nuestros profesores sufren agotamiento laboral”, explica Sarah (nombre ficticio para preservar su anonimato), alumna de primer curso en una formación profesional para convertirse en soldadora submarina. Profesores ausentes que no son sustituidos, ordenadores averiados, cristales rotos y problemas de insalubridad: en el instituto de formación profesional ENNA, en Saint-Denis una de la ciudades más pobres de Francia, gobernada por Bally Bagayoko, figura de la izquierda radical, nada funciona desde el inicio del curso en septiembre. El estado de deterioro material se averigua a escala nacional.  

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Cartel de Bally Bagayoko, antiguo educador deportivo y alcalde de Saint-Denis desde abril de 2026, primer alcalde negro de una ciudad de más de 100.000 habitantes en Francia metropolitana. El 16 de octubre de 2026, Saint-Denis, Francia. Darío Nadal

En toda Francia, los estudiantes denuncian Parcoursup, la plataforma que gestiona la asignación de plazas en la educación superior para estudiantes de secundaria y universitarios creada en 2018, poco después de la llegada al poder de Macron. Se trata de un sistema de admisión basado en algoritmos opacos que incorporan inteligencia artificial y cuyo carácter injusto genera consenso entre las organizaciones juveniles, los sindicatos de profesores y las asociaciones de padres.

“Aquí, cuando hace calor, no se puede hacer nada: no hay ventiladores, nada de nada. Y en mi formación somos veinte para un solo ordenador. Es imposible aprender como es debido”, explica Mehdi, de 15 años

“Aquí, cuando hace calor, no se puede hacer nada: no hay ventiladores, nada de nada. Y en mi formación somos veinte para un solo ordenador. Es imposible aprender como es debido”, explica Mehdi, de 15 años, alumno de primer curso, que quiere dedicarse al sector de la electrónica. Durante el pasado verano, especialmente sofocante en la región de París, las temperaturas alcanzaron los 40 grados dentro de las aulas, según los alumnos. Es el balance de décadas de abandono y dejadez por parte del Estado  en  los institutos situados en barrios populares. En diez años, las reformas sucesivas en la educación pública han ido deteriorando cada vez más las condiciones de estudio, especialmente las de los jóvenes procedentes de zonas supuestamente “prioritarias”, y donde las desigualdades se han ampliado de forma patente.

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Saint-Denis, capital de la diputación de Seine-Saint-Denis, la más pobre de Francia, tiene una tasa de pobreza del 29% en 2026. Mercado de Saint-Denis, 16 de octubre de 2026. Darío Nadal

A contracorriente del lema francés “Libertad, igualdad, fraternidad”, no todos los alumnos parten con las mismas oportunidades: el instituto del que proceden viene a ser un criterio de exclusión. Por ello, quienes estudian en centros menos prestigiosos tienen más riesgos de quedarse sin plaza en la educación superior y sin perspectivas de futuro. Esta situación favorece la enseñanza privada a la que resulta más fácil acceder siempre que se pueda pagar.

Así es como más de 120.000 estudiantes se quedaron sin plaza universitaria tras obtener el bachillerato en julio de 2026. El porcentaje de titulados de bachillerato que no recibió ninguna propuesta en la plataforma pasó del 4,8 % en 2023 al 6,5 % en 2025, con desigualdades especialmente marcadas entre los titulados de formación profesional, como Sarah, Mehdi y Moad. “Este fenómeno se concentra especialmente en la región Île-de-France”, observa Julien Grenet, economista especializado en educación, en un artículo publicado en Le Monde el pasado 16 de octubre. “Hay, por tanto, una escasez cada vez mayor y, quizá, una frustración añadida”, explica el investigador.

Esperada convergencia de luchas

Los alrededores del instituto Paul Éluard se ha convertido en el punto de atención de los medios de comunicación del mundo entero. La activista ecologista Greta Thunberg acudió el martes 13 de octubre en apoyo al movimiento. Allí, los alumnos expresan reivindicaciones claras y pertinentes. Cerca de 480.000 personas se manifestaron en toda Francia ese día, según los sindicatos. A medida que uno se acerca al instituto, hay policías apostados en las esquinas, como si se tratara de una zona de guerra.

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Estudiante de primer año del instituto ENNA, en Saint-Denis, participando en un bloqueo el 6 de octubre de 2026. Darío Nadal

El pasado 15 de octubre, varios policías que iban de paisano forzaron la entrada con la autorización del director del instituto y contra la voluntad de los profesores, para detener a un alumno de 16 años. Al parecer, este los había insultado después de que le arrancaron y pisotearon un cartel en el que se leía: “Nuestro futuro queremos construirlo, no padecerlo”. Un símbolo fuerte en un país donde jóvenes de su edad han perdido un ojo por disparos de lanzadores de pelotas de defensa, como Maël, 16 años, en la ciudad de Tours (Oeste), o han sufrido graves mutilaciones, como Evan, de 15 años, que perdió el antebrazo tras la explosión de una granada de dispersión en Lens (Norte). Clasificada como material de guerra, esta granada ilustra una singularidad francesa dentro de la Unión Europea en la represión de los movimientos sociales.

Este 16 de octubre, en vísperas de una gran jornada de movilización contra el Gobierno de Macron, cuya convocatoria ha circulado por las redes sociales desde finales del verano, la tensión se palpa en los alrededores de estos institutos. En el instituto ENNA, se declaró el lunes un gran incendio de contenedores de basura frente a las puertas del instituto y un alumno menor de edad quedó bajo custodia policial durante un periodo prolongado. 

Desde el inicio del movimiento, se han producido cerca de 8.000 detenciones que han dado lugar a periodos de custodia policial, el 85 % de ellas implican menores, según un balance comunicado por la justicia francesa. 

Desde el inicio del movimiento, se han producido cerca de 8.000 detenciones que han dado lugar a periodos de custodia policial, el 85 % de ellas implican menores, según un balance comunicado por la justicia francesa. Se trata de una represión absolutamente sin precedentes, que supera el número de detenciones registradas durante el movimiento de los chalecos amarillos en 2018. Como referencia, durante los seis primeros meses de las protestas de los chalecos amarillos, en 2018, se contabilizaron cerca de 12.000 detenciones, unas 460 por jornada de movilización. Ocho años después, el movimiento estudiantil de secundaria supera esa cifra, con 1.000 detenciones al día, más del doble.

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El armamento que cargan los andidisturbios. Darío Nadal

En un mes, los estudiantes de secundaria han recibido el apoyo de numerosos sindicatos estudiantiles y de trabajadores, así como de varios partidos políticos, en particular La Francia Insumisa, liderada por Mélenchon. Un apoyo duramente criticado por la derecha y la extrema derecha francesas, que acusan a la izquierda radical de echar leña al fuego.

“Nosotros no estamos aquí para quemar cosas ni para pegar a la gente, al contrario de lo que dicen. El 17 de octubre saldremos a manifestarnos para denunciar nuestras condiciones de vida en los suburbios”, resume Moad, alumno de primer curso. “Llevamos dos semanas movilizándonos, pero nadie nos escucha. No somos animales, solo queremos estudiar en buenas condiciones, como en cualquier otro lugar de Francia. No somos delincuentes por venir de los suburbios”, añade Sarah, de 14 años, muy implicada en las movilizaciones desde el inicio de los bloqueos.

No muy lejos de allí, los auxiliares educativos piden a los alumnos que eviten las manifestaciones del día siguiente, que podrían ser muy violentas. La convocatoria circula por TikTok desde principios de septiembre y anuncia un “regreso de los chalecos amarillos”. Sobre el terreno, el personal educativo expresa su apoyo total con una inquietud justificada. “Nos alegra que se expresen y, en general, apoyamos el movimiento, pero siempre que no se pongan en peligro. Con 14 o 15 años son demasiado jóvenes y estamos muy preocupados por ellos. Los policías están entrenados y armados; está claro que serán ellos quienes llevaran la ventaja”, explica Julie (nombre ficticio para preservar su anonimato), vigilante en el centro.

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Una mujer levanta el puño durante una protesta en Saint-Denis. Darío Nadal

Las vacaciones de otoño han comenzado este 17 de octubre y se prolongan hasta el 2 de noviembre, pero muchos estudiantes de secundaria y universitarios ya están llamando a los bloqueos a principios de noviembre. Aunque el ministro de Educación Nacional y Enseñanza Superior, Édouard Geffray, anunció que a partir del 13 de octubre se desplegarían de forma urgente 3.000 profesores sustitutos en los institutos más afectados, la medida se considera ampliamente insuficiente.

Las aspiraciones de la juventud plantean la posibilidad de otro futuro no solo para ellos sino también para una sociedad más justa y democrática. Mientras Francia avanza hacia una posible llegada de la extrema derecha al poder en menos de seis meses, después de un verano letal, mientras que la crítica al genocidio en Gaza perpetrado por Israel está ampliamente criminalizada y el poder adquisitivo de los franceses no deja de disminuir. Se trata de proclamar que otra sociedad es posible.

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