El ejemplo vitoriano de 1976

El Tres de Marzo no fue un descarnado hecho represivo aislado. Fue el fallido final policial de un exitoso modelo asambleario de lucha, cuyo ejemplo redundó aún rampante durante aquel convulso 1976.
11 mar 2026 05:37

El proceso reivindicativo de Vitoria que culminaría en marzo de 1976, supuso para quienes le fueron contemporáneos un proceso modélico que a nadie dejó indiferente. Ni a sus detractores, que pretendían convertir su freno en escarmiento, ni para los que veían en él la confirmación de sus apuestas militantes o para quienes les inspirara para inmediatos lances.

Los obreros asesinados en la represión del Tres de Marzo representaron hasta dónde no les importaba llegar a las autoridades del neonato postfranquismo, en su propósito de atajar la extensión de la conflictividad social y en el tránsito hacia un capitalismo convencional regido con mansedumbre por la democracia formal.

Desde la orilla opuesta, quienes apostaban por reventar el sistema de relaciones capitalistas, potenciando la autorganización igualitaria, veían en lo ocurrido en Vitoria que aquella profunda transformación era posible y que la represión descarnada solo confirmaba el pánico de un sistema en descomposición.

Todo comenzado con la renovación de los convenios colectivos a primeros de año

Porque aquella pequeña ciudad vasca, que había recibido un nuevo contingente obrero para trabajar en sus recientes industrias triplicando en dos décadas su población, había sabido levantarse conjuntamente y había paralizado tanto su tejido productivo como volteado la vida cotidiana que lo regía. Y si había algo que definiera un cambio revolucionario era precisamente esto último.

El proceso reivindicativo vitoriano, además, no era sustancialmente peculiar en origen. Todo había comenzado alrededor de la renovación de los convenios colectivos que se daba a primeros de año y que solía revolver a las plantillas, máxime con una inflación galopante que obligaba a exigir la actualización salarial anual. Y así, en diciembre del 75, con especial brío en dos de las fábricas de la localidad, comenzó a expresarse una conflictividad que pronto se extendería a otras.

En febrero comenzaron las huelgas generales locales con un éxito progresivo

Si los procesos reivindicativos obreros de la época se contagiaban habitualmente por ramo de producción, aunque también zonalmente, por proximidad entre las fábricas, así ocurrió también en Vitoria. Durante el mes de enero, el reguero reivindicativo se extendió hasta abarcar a gran parte de su tejido industrial, alterando la vida de toda la cuidad. Con las fábricas pioneras de este proceso ya paralizadas, las distintas parroquias de los barrios albergaban las asambleas de las plantillas, en las que fueron tomando protagonismo determinante las comisiones representativas de las mismas, por encima de los enlaces oficiales.

En febrero, el conflicto se fortaleció y extendió, y fueron habituales las manifestaciones conjuntas de las distintas empresas. Además, se fueron sumando otros sectores no industriales, como los maestros. Y más allá de lo productivo, mujeres de huelguistas realizaron también movilizaciones separadas, visibilizando su determinación. 

Comenzaron las huelgas generales locales con un éxito progresivo y con una represión policial también en ascenso. La ciudad se fue paralizando poco a poco, generando un sentimiento de unidad en la protesta. La movilización, de base asamblearia, potenciaba que cada cual hiciera suyo el conflicto.

Al llegar marzo, durante la huelga general local se producía la matanza

Los muertos a la puerta de la asamblea obrera y las decenas de heridos de bala ilustraban la represión de un modélico y ascendente proceso asambleario. Si aquella cruda represión era la muestra de la determinación de las autoridades del franquismo sin Franco para cortar de raíz la extensión de la conflictividad anticapitalista, la razzia sobre Vitoria expandió una solidaridad que se plasmó una estela de diversos modos.

En el contexto de la huelga general que se convocó el lunes ocho en Bizkaia, otro trabajador era asesinado camino de la Asamblea General Zonal.

Si Pamplona paraba ya el cuatro de marzo, en la comarca industrial de Basauri, en Bizkaia, donde la composición social era muy similar a la vitoriana, con una aglomeración de nuevas fábricas y una reciente población obrera apiñada para nutrirlas, la represión de la huelga general de Vitoria el miércoles tres desencadenó un progresivo proceso de paro, que también se concretó en un proceso de movilización que fue creciendo durante el resto de la semana para desembocar en más represión. En el contexto de la huelga general que se convocó el lunes ocho en Bizkaia, otro trabajador era asesinado camino de la Asamblea General Zonal.

Tanto en los funerales del cinco de marzo de Vitoria, como en el del martes nueve en Basauri, las proclamas eran similares: que los asesinados los eran por ser parte de esa lucha y que eran parte de todos, puesto que todos los movilizados eran protagonistas por igual de la lucha asamblearia.

La dureza policial sirvió para fortalecer nuevas oleadas de protesta

La represión a los portavoces asamblearios no cejó, teniendo que ocultarse tras los funerales hasta ser detenidos y encarcelados, pero contrariamente a lo buscado por las autoridades postfranquistas, la dureza policial contra los procesos reivindicativos sirvió para fortalecer nuevas oleadas de protesta no solo en Gasteiz. De hecho, de los hilos reivindicativos tejidos en aquellas semanas inmediatas a los hechos de marzo, darían lugar a la Coordinadora de Fábricas de Basauri, que sería el germen del mayor órgano de coordinación unitaria de la época: la Comisión de Fábricas de Vizcaya, que se pondría en marcha en septiembre de aquel agitado año.

El proceso reivindicativo que se reactivaría tras el verano de 1976 fue pues heredero directo de las convulsas semanas posteriores a marzo. De las movilizaciones y de su represión, que continuaron durante aquel año, nacerían diversas coordinaciones e instancias asamblearias, entre ellas las asambleas de pueblo, como la de Errenteria y tantas otras. En ellas se estabilizó un lugar abierto de encuentro y coordinación ante los diversos hechos y procesos en curso.

La enseñanza más valiosa fue que si se mimaban los ritmos propios de la protesta y el protagonismo de los movilizados, esta podía crecer hasta extenderse a su máxima expresión.

La represión del proceso reivindicativo vitoriano dejaba, por tanto, numerosas enseñanzas para quienes aspiraban a una emancipación igualitaria a través de la autorganización. La más valiosa era, que tras una labor en la que se mimaban los ritmos propios de la protesta y el protagonismo de los movilizados, esta podía crecer hasta extenderse a su máxima expresión. Así, en Gasteiz, durante aquellos breves pero intensos tres meses de agitación, quedó claro que no fueron las impaciencias las que precipitaron los hechos reivindicativos, y prueba de ello es la escasa incidencia de la primera de las huelgas generales locales. Por el contrario, potenciar la dinámica asamblearia o, incorporar nuevos sectores al proceso reivindicativo incrementaron el vigor a la protesta. E, igualmente, no dar nada por hecho, visibilizar las características que unen a los iguales (las marchas de las plantillas por la ciudad con los monos de trabajo como ejemplo), ayudaron a comprender que, tal y como se decía en aquellas asambleas, «la mentalidad obrera la vamos consiguiendo con nuestras luchas».

Lo esencial es que la represión nació con la voluntad autoritaria de frenar procesos emancipatorios en curso

Tras los asesinatos de marzo, la indignación ante la represión se generalizó y esto hizo que las movilizaciones propias de cada zona y sector se articularan y se fortalecieran desde ella. Pero lo central, no fue la indignidad de la brutalidad policial, que también, sino que esta represión nacía de la voluntad autoritaria de frenar unos procesos emancipatorios en curso.

Por tanto, el Tres de Marzo no fue un descarnado hecho represivo aislado. Fue el fallido final policial de un exitoso modelo asambleario de lucha, cuyo ejemplo redundó aún rampante durante aquel año convulso.

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