La declaración de independencia de la que nadie quiere hablar (al menos hasta el 1-O)

Las declaraciones del PdeCAT sobre la ruta a tomar tras el referéndum del próximo domingo muestran las diferencias de criterio en torno a una futura declaración de independencia y a qué institución sería la encargada de emitirla.

Carles Puigdemont
Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, en una exposición sobre la figura de Tarradellas, pieza clave del autonomismo catalán. Diputació de Barcelona

publicado
2017-09-27 08:44:00

Conforme se acerca la fecha del 1 de octubre se incrementa el debate acerca de lo que pasará el día 2. El referéndum, a las 9h de la mañana del 27 de septiembre, se celebrará –a un cien por cien– y la incógnita es lo que pasará después del domingo.

La duda es, primero, si la acción/represión del Estado español permitirá presentar unos resultados concluyentes a los convocantes.

En segundo lugar, si estos resultados permitirán a los partidos independentistas PdeCat, ERC y las CUP obtener un diagnóstico común sobre la voluntad del pueblo catalán y llevar a cabo las acciones necesarias para que eso tenga un reflejo. Acciones que pasan a) por dialogar con el Estado español –incluso con la opinión pública española que ha emitido poco más que un "A por ellos" desolador– con el aval obtenido el día 1 o bien b) por declarar la independencia.

Ambas posibilidades se definirán, salvo desborde desbordante, el día 4 en sesión del Parlament, aunque estarán cocinadas antes entre la mayoría parlamentaria catalana. Hasta ahí, lo que hay son una serie de declaraciones poco concluyentes por parte del bi-tripartito independentista (JxS y las CUP). Lo que hay, también es un estribillo generalizado: el día importante es el 1. El 2 ya se verá. ¿Y qué se verá?

Dudas unilaterales 

Hoy, 27 de septiembre, la coordinadora general de PdeCAT, Marta Pascal, ha escapado de la pregunta (de Pepa Bueno, en la Cadena Ser) sobre si el día 2 –o en el plazo de 48 después del referéndum como marcan las leyes aprobadas por el Parlament en las sesiones del 6 y 7 de septiembre– se estará en condiciones de hacer una Declaración de Unilateral de Independencia (DUI) de Catalunya.

Pascal ha apostado por volcar todos los esfuerzos en el 1 y ha recordado que su partido ha mostrado su voluntad de dialogar con el PSOE, en base a la reforma constitucional planteada por Pedro Sánchez, y con Unidos Podemos –PdeCAT mandó una delegación al acto de Zaragoza con el que el grupo parlamentario multicolor reivindicó su concepto de Estado Plurinacional–.

Pascal ha remitido a que su partido (la ex Convérgencia) confía en la “vía escocesa”, el referéndum pactado. Una opción que llega tarde si se tiene en cuenta que el referéndum del domingo no será pactado, y que es desiderativa, si se interpreta que PdeCAT considera el domingo el fin (o el clímax) de un segundo acto que dará paso a un tercero en el que Catalunya y el Estado se sienten de igual a igual (como en su día Escocia y el resto del Reino Unido) bajo la vigilancia y la tutela de la Unión Europea, hasta ahora, en el papel de Godot en esta historia.

En esas coordenadas se encuentra también Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, quien así lo declaró en la TV francesa y en Salvados: "no es mi opción", la DUI, dijo el gironés.

Pero, posiblemente, este artículo no se estaría escribiendo sin las palabras que Carles Campuzano, diputado de PdeCAT en el Congreso de Madrid, pronunció ayer. Campuzano descartó completamente la declaración, lo que provocó las reacciones (no muchas) de sus socios: ERC y las CUP.

Tras el efecto Campuzano, era Jordi Turull, portavoz de la Generalitat, quien indicaba la ruta después del 1-O: con los resultados en la mano, el mandato recaerá entonces en el Parlament, que con la Ley de Transitoriedad (suspendida por el español Tribunal Constitucional), puede llevar a cabo la declaración de Independencia. O puede no hacerlo –añadimos– e ir a elecciones. Incluso hacer que no ha pasado nada, pero no, esto no.

La declaración no es la opción preferida por el sector mandarín del PdeCAT, que la ve como una herramienta que sólo podría ir en el programa de unas futuras elecciones –estas sí– plebiscitarias.

Semáforo muy poco ámbar tirando a muy rojo. 

La última palabra

El socio número uno de JxS, ERC, ha contemplado la formulación de una Declaración Unilateral de Independencia desde hace tiempo. Concretamente, en abril el jefe de los republicanos, el vicepresidente Oriol Junqueras, señaló durante un coloquio organizado por El Punt Avui que la DUI estaba en el programa de JxS. Aquello creó una pequeña crisis que fue superada con la formalización, a principios de junio, de la pregunta y la fecha del referéndum.

Desde entonces, proteger el 1 de octubre ha unido a los juntos por el sí. Hasta las declaraciones de Campuzano, que abrieron la brecha malcerrada en abril. Joan Tardá, portavoz, como Campuzano, en el Congreso de Madrid, en este caso por ERC, declaró ayer a través de Twitter que serán el Govern y el Parlament quienes tengan la “última palabra” sobre la declaración de independencia. De nuevo, a la casilla de salida. Sin embargo, y esto sí es una novedad, el día 4 puede producirse una fractura del grupo. Unos a favor de tirar para adelante, otros de negociar. Puede. Pero qué sabe nadie.

Esquerra ha avanzado ya lo que será su argumentario superada la prueba del 1-O. A saber, que la declaración no será unilateral, ya que el referéndum funcionará como ejercicio democrático e igualará los deseos tanto de quienes desean la independencia (y la República) como de quienes optan por mantenerse atados al reino de España.

Aún así, ERC mantiene la misma línea argumental que Marta Pascal: el 1 de octubre es la fecha que hay que defender “y toca ganar”, según escribió Tardà. Lo que deja el día dos (tres, cuatro) en un futuro lejano que estará guiado por la Ley de Transitoriedad, fin oficial del autonomismo en Catalunya, y garante de una nueva “república de derecho, democrática y social”.

Semáforo ámbar tirando a ámbar.

Las CUP se remiten a la ley (de referéndum)

El papel de las Candidaturas d’Unitat Popular ha sido fundamental para plantear el desafío del 1-O en toda su radicalidad. Aún así, el partido anticapitalista considera que el peso del referéndum no recae sobre las CUP y sí sobre su socio mayoritario. Con este punto de arranque, sobre las CUP y sus simpatizantes queda (en buena medida) la tarea de poner el cuerpo en la defensa de los espacios de votación el próximo domingo y no tanto la búsqueda de reconocimiento en las instituciones españolas o europeas.

La DUI, que formaba parte del argumentario de las CUP en las elecciones del 17 de septiembre, fue descartada tan solo unas horas después de aquellos comicios. "La DUI iba ligada al plebiscito: no hemos ganado el plebiscito, luego no hay DUI”, dijo entonces el candidato de las CUP, Antonio Baños, quien poco después abandonó su escaño en el Parlament y se desvinculó del partido.

El temor, fundado, a que el Estado español aniquilase el referéndum del 1-O, llamado RUI (referéndum unilateral de independencia), llevó en junio a Poble Lliure, uno de los sectores mayoritarios de la CUP, a exigir la declaración de independencia como respuesta a la prohibición de la consulta.

Pocas referencias más de la CUP a esta salida hasta las declaraciones de Campuzano (PdeCAT) de ayer, que llevaron a Anna Gabriel, diputada en el Parlament, a recordar que la posibilidad de la declaración de independencia está en la Ley del Referéndum, aprobada junto con la ley de transitoriedad.

Semáforo verde.

El semáforo rojo

Finalmente están aquellos que no avalarían en ningún caso la declaración tal y como está planteado el 1-O.

En situación de apoyo al 1-O pero de rechazo a sus inmediatas consecuencias legales, están los comunes, es decir, las fuerzas políticas organizadas en torno a Catalunya en Comú, Podem, Iniciativa per Catalunya y otras organizaciones que tienen en común (valga la redundancia y al menos a las 10.20 del día 27 de septiembre) la exigencia del derecho de autodeterminación, y que discrepan sobre el sentido y la oportunidad del 1-O.

En cualquier caso, la posición de estos grupos es unívoca en cuanto al día 2 (3, 4) y la declaración de independencia. No la contemplan. Ni Joan Coscubiela ni Albano Dante, los dos extremos de una balanza que tiene su peso en el centro marcado por Ada Colau y Xavi Domènech. Dante ha hablado de la DUI como “un fracaso” si no se puede votar y, en la línea de PdeCAT, ha dicho que correspondería al Govern (ojo, no al Parlament) decidir si es una vía posible en el caso de que se vote. Es decir, Govern- igual Puigdemont-igual DUI, de entrada no.

Colau y Domènech han optado por el silencio estratégico de cara a lo que pasará después de un referéndum que consideran una demostración pero que, según Catalunya en Comú, no tiene las garantías necesarias para ser vinculante. Como indicó Gerardo Pisarello, teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Barcelona en El Salto, “la estrategia de la unilateralidad y desobediencia institucional con un apoyo parlamentario y social insuficiente es muy arriesgado, puede llevar a retrocesos importantes”.

En todo caso, eso no implica que la posible declaración se desvincule o no se eche en la mochila de los comunes. Miquel Iceta, secretario del Partido Socialista de Catalunya ya ha achacado a Colau la responsabilidad de una hipotética DUI. Todo sea por construir puentes.

Decir que el PSOE, Ciudadanos o PP consideran esa posible declaración una aberración o “un disparate” en palabras del presidente Mariano Rajoy esta madrugada en Washington es baladí. Reseñar únicamente que puede ser la espoleta para la declaración del artículo 155 de la Constitución y la suspensión del Parlament. La opción del "A por ellos". La lógica de la invasión.

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