Violencia machista
Convivencia, ocio y otros factores que elevan el riesgo: ¿por qué julio es el mes con más feminicidios?
El 2 de julio ocurrió el primer feminicidio del que es el mes con más asesinatos machistas desde que se tienen registros. En este caso, fue el padre de familia quien, presuntamente, mató a su mujer y a una de sus hijas en Alicante. El 7 de julio, una mujer fue asesinada por su pareja en Málaga. El 17 de julio, el Ministerio de Igualdad comunicaba otro feminicidio más, el último del que ha dado cuenta hasta este martes. Desde entonces, se han conocido tres feminicidios más, ocurridos en Toledo, Alicante y Málaga.
De confirmarse que se trata de asesinatos por violencia de género, la cifra de este año sería de 2026 y en el mes de julio se contabilizarían ya seis feminicidios de lo que el Ministerio de Igualdad clasifica como “feminicidios íntimos”. Desde 2022 recoge también otros tipos de feminicidios, una estadística que completa la página especializada feminicidios.net.
El año pasado se registró la cifra histórica más baja para este mes: tres mujeres fueron asesinadas a manos de sus parejas o exparejas en julio. Sin embargo, en 2024, esta cifra fue de diez. Desde que se tienen registros en 2003 hasta el cierre de 2025 se cometieron 1.366 homicidios machistas en el ámbito de la pareja y el 28,3% de ellos ocurrieron en los meses de verano. Pero, ¿por qué este repunte en estos meses?
La convivencia, el principal factor de riesgo
“Al hablar de crímenes machistas en verano hablamos de factores, no de causas”, advierte Meritxell Benedí, investigadora y escritora, cuyo actividad profesional se ha centrado en feminismos, multiculturalismo y políticas de igualdad . “La causa siempre es la violencia machista”, subraya. El verano, explica, no genera esa violencia, pero sí modifica las condiciones en las que se desarrolla y puede intensificar algunos factores de riesgo ya existentes.
Los datos apuntan precisamente en esa dirección. Mientras que en el conjunto de los feminicidios registrados desde 2013 el 63,8% de las víctimas convivía con el agresor, en los asesinatos ocurridos entre junio y agosto ese porcentaje asciende hasta el 69%. También aumenta el peso de los crímenes cometidos por la pareja cuando estaban en fase de ruptura: del 47,2% al 51,8%.
Para la investigadora Meritxell Benedí, uno de los principales cambios llega con las vacaciones. “Al pasar más tiempo juntos aumenta la convivencia, pero también el estrés y las posibilidades de agresiones”
Para Benedí, uno de los principales cambios llega con las vacaciones. “Al pasar más tiempo juntos aumenta la convivencia, pero también el estrés y las posibilidades de agresiones”, explica, por lo que en relaciones marcadas por la violencia y el control, ese incremento del tiempo compartido puede traducirse en una mayor vigilancia sobre la víctima.
En contraposición, el periodo estival también implica un aumento del ocio y de las salidas. “Las mujeres recuperan espacios propios y participan en actividades sociales; muchos agresores perciben esto como una pérdida de control”, explica Benedí.
En la misma línea se expresa Laura Barrios, presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes, con una amplia trayectoria en organizaciones feministas y estudiantiles. Señala que “en verano se sale más, lo que hace que los agresores sientan que pierden capacidad de control sobre sus parejas”. No obstante, insiste en que el verano no es lo que vuelve violenta a una persona: “Un agresor lo es todo el año, no solo en verano”.
De hecho, según Barrios, todo esto explicaría por qué este tipo de violencia extrema se da más en situaciones donde la pareja estaba en fase de ruptura. “El hecho de convivir y demandar más ocio hace que en verano se provoquen más rupturas”, señala.
Calor, vacaciones y factores estructurales
A todo esto se suma otro elemento: el aislamiento. Durante el verano se interrumpen muchas de las rutinas que funcionan como espacios de apoyo para las mujeres. Las compañeras de trabajo, las amistades o las personas con las que se coincide a diario desaparecen temporalmente del día a día. “Las redes de apoyo se debilitan porque aumenta la distancia física y se pierde ese contacto frecuente que puede servir para detectar una situación de violencia o pedir ayuda”, señala.
Pero los condicionantes no son únicamente estacionales. Ambas expertas apuntan a problemas estructurales que dificultan romper definitivamente con una relación violenta. Uno de ellos es el acceso a la vivienda. Para Benedí, “la imposibilidad de encontrar una alternativa habitacional hace que muchas mujeres retrasen la separación física del agresor o se vean obligadas a seguir conviviendo con él durante meses. “Siempre pensamos que son las mujeres quienes tienen que abandonar la casa, pero rara vez se plantea que sea el agresor quien se marche, porque para él ese espacio representa también un lugar de control”, resume la investigadora.
Laura Barrios, presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes añade que las dificultades económicas también pueden intensificarse en estas fechas
Barrios, además, añade que las dificultades económicas también pueden intensificarse en estas fechas. La presión por las vacaciones, la imposibilidad de permitírselas o los cambios en los horarios familiares generan frustraciones que se suman a una situación de violencia ya existente.
Por último, Benedí añade otro elemento a la lista de factores de riesgo en periodo estival que debe interpretarse con cautela: el calor. Señala que las altas temperaturas pueden aumentar el malestar y la irritabilidad de la población en general, igual que ocurre con otros fenómenos. Por ejemplo, en las olas de calor siempre aumentan el número de accidentes de coche. Sin embargo, vuelve a incidir, “eso no explica los feminicidios, cuyas causas son el machismo y los agresores”.
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