La vida y ya
Esa sensación de irrealidad
“Si no hubiéramos sospechado que, pese a todo, lo que nos estaba pasando era imposible, los suicidios habrían dejado desiertas las dos partes del locutorio”.
Esa frase la escribió Almudena Grandes en el libro “Las tres bodas de Manolita”. Hace referencia a las visitas que, recién comenzada la dictadura, hacían las parejas, las hermanas, las hijas, las madres, a los hombres que habían sido encarcelados por su empeño en no dejar hueco al fascismo. Locutorios separados en dos partes por un pasillo con verjas que impedían el contacto físico. Locutorios en los que había que hablar gritando para que, del otro lado, se escuchasen unas palabras que solían esconder el dolor que escocía por dentro.
Esa sensación de irrealidad, de que no es posible, pasa, a veces, cuando miras lo que ocurre en las fronteras, aunque sea a través de una pantalla. Imágenes de personas en el agua, de personas caminando tratando de pasar al otro lado. Imágenes de zapatos y ropa que se queda flotando, de cuerpos que son llevados por las olas hasta la orilla. Personas con caras de dolor, de extenuación, de celebración, si quedan fuerzas después de todo, por haber conseguido llegar.
Una vez escuché a una mujer migrante, cerca de la valla que hace de frontera en Ceuta, que decía que cuando contaba su viaje migratorio hablaba solo de lo que era creíble para las personas que la escuchaban, que no lo contaba todo porque si lo hiciera, nadie la creería. Que era imposible que, las personas que no lo hubiesen vivido en su propio cuerpo, creyera todo lo que pasa cuando tratas de atravesar fronteras sin un documento que te las abra.
Otra mujer decía que lo que ocurre en las fronteras no son crisis migratorias. Que no es algo puntual. Que ocurre todo el tiempo. Que seguirá ocurriendo. Que no es imposible algo así. Que ocurre muy cerca. Que sigue pasando sin que nada estalle.
Esa sensación de irrealidad que Almudena Grandes puso en boca de uno de sus personajes cuando trataba de que su voz llegase hasta el otro lado del locutorio, de que lo que pasa es tan brutal, tan cruel, tan violento, que no es posible, de que, necesariamente, tiene que haber otra manera es, quizás, algo a lo que sujetarse, un pequeño hilo que une la realidad con un sentido común que se empecina en no dejar desierta la posibilidad de que el mundo sea de otro modo.
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