Opinión
Frente a la intemperie

Les dijo que esas libertades que tanto había costado conseguir, las que tenían ahora porque otras mujeres habían luchado por ellas antes, están siempre en disputa.
Patronato 03
Paritorio "la Dolorosa" de Peñagrande. Fuente: Directorio Institucional de Cultura de la Junta de Andalucía.
16 may 2026 06:00

La charla había terminado. Como era la hora del recreo, la mayoría del alumnado de quince y dieciséis años que había estado escuchando a Paca Blanco y a Socorro Sánchez salió por la puerta para disfrutar de ese rato de descanso. Les habían hablado sobre el Patronato de Protección a la Mujer. Sobre sus vivencias encerradas en ese lugar.

La profesora que había presentado el acto comenzó a recoger sin prisa los papeles que se habían quedado sobre la mesa. Estaba casi segura de que se quedarían un rato en ese lugar antes de ir a tomar un café.

Un grupo de unas diez alumnas se había quedado rezagado en la salida hacia el patio. Al igual que el resto habían colocado las sillas, apiladas en bloques de cinco o seis, al final de la sala donde había sido la charla. Un espacio que sirve igual como salón de actos que como lugar para hacer la clase de educación física los días de lluvia. Antes de dirigirse hacia la puerta se miraron brevemente y, sin decir nada, se acercaron a la mesa de las ponentes.

“Lo más importante de todo es que tengáis siempre presente que los derechos no se defienden de una en una, que se defienden juntas”

Durante la charla, Paca se había dirigido en varias ocasiones directamente a ellas, a las chicas. Les había dicho que cuando escuchasen que con Franco se vivía mejor, “porque lo escucharéis en muchas ocasiones, si no os ha ocurrido ya”, era importante que tuviesen en cuenta que en una dictadura sus libertades, las de las mujeres, son las que están más mermadas. Les dijo que esas libertades que tanto había costado conseguir, las que tenían ahora porque otras mujeres habían luchado por ellas antes, están siempre en disputa. Les dijo que, por eso, hay que defenderlas. Que, por eso, era importante que estuviesen atentas, que no se despistasen. “No podemos perder todo lo que hemos conseguido, y no solo hay que mantenerlo, hay que seguir avanzando en más conquistas para las mujeres”. Les dijo que todo el mundo pierde en una dictadura, pero que ellas, las mujeres, más. “Lo más importante de todo es que tengáis siempre presente que los derechos no se defienden de una en una, que se defienden juntas”.

Les animó a no creer que la vida es hacia abajo. A poner el foco en pensar en cómo vivir mejor en vez de en no vivir peor. Les invitó a deshacerse de la lógica de mirar hacia abajo llevadas por la idea de que no es posible de otro modo, de que este es el mejor de los escenarios posibles. Les animó a no meterse en la disputa de quién tiene derecho a tener derechos, porque los derechos son de todas las personas. 

Les contó que a ella, las luchas ecologistas de las que lleva participando décadas, la ayudaron a seguir adelante después de aquella experiencia de reclusión forzada. Les contó que su padre le había explicado muchas cosas sobre cómo funciona el mundo para quienes nacen con poco dinero y que, por eso, ella siempre entendió que no merecía estar encerrada en esa institución. No sintió culpa por ser como era, y eso le ayudó a sobrevivir.

Las alumnas se acercaron, con esa mezcla de admiración y respeto, para agradecerle no solo la charla, sino toda una vida dedicada a no conformarse con el orden establecido. Dedicada a cambiar lo que parece inamovible.

Y en ese rato de encuentro, con el salón de actos ya vacío, en ese círculo de mujeres de distintas edades, se produjo eso que pasa cuando estamos juntas, eso que sucede cuando nos juntamos y las pieles se erizan. Todas. Nosotras. Juntas. Mujeres que saben cómo pensar en un futuro que no deje a nadie a la intemperie.

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