Opinión
Daños reparables

No va a poder explicar lo que sintió en el momento que supo lo que le iba a contar. Ese instante concreto en el que entendió por qué quería hablar con ella en un sitio donde nadie les molestase.
Sillas justicia restaurativa
Sillas justicia restaurativa
20 sep 2026 09:00

Le encantaría poder contarlo, pero le dio su palabra de que no lo haría. Por eso no va a hablar de ella. Ni de lo que le dijo. Ni de lo que sintió cuando esa alumna, una más, otra más, conseguía desabrochar las palabras que llevaban atascadas en su garganta desde que ocurrió. No va a decir de qué materia es su profesora ni cómo era el aula en la que se lo contó.

No va a hablar de lo que le dijo. No se lo contará. No sin su permiso. No dirá cuál fue la razón que le hizo decidir hablar, después de tanto tiempo en silencio. No va a describir cómo se movían sus manos sobre la piel de sus piernas mientras estaba sentada en una de esas sillas verdes de las que están llenos los  institutos. Tampoco dirá en qué curso está. 

Es difícil describir cómo se le contrajo la piel, toda la piel del cuerpo, cuando entendió que todo encajaba como un puzzle, como un enigma de lógica, como un rompecabezas

No va a poder explicar lo que sintió en el momento que supo lo que le iba a contar. Ese instante concreto en el que entendió por qué quería hablar en un sitio donde nadie les molestase. Un lugar seguro. Es difícil describir cómo se le contrajo la piel, toda la piel del cuerpo, cuando entendió que todo encajaba como un puzzle, como un enigma de lógica, como un rompecabezas que, de repente, todo de golpe, se resuelve. Es muy difícil explicar qué sintió cuando comprendió algunos de los comportamientos de esa alumna. Su forma de moverse por los pasillos. Sus lugares de huída en los recreos. Sus refugios.

No va a poder encontrar las palabras para definir punto por punto, como se merece, la dimensión que tenía para esa adolescente que su cuerpo hubiera sido tocado sin su permiso. Los lugares que se quedaron marcados por las manos, la boca, los genitales de ese chico que no paró, que no escuchó, que no frenó. Ese chico con el que comparte centro educativo.

Le gustaría, sobre todo, encontrar la manera de acompañar todo eso. Sabe que sola es imposible hacerlo

No va a poder explicar la necesidad de hacer algo, de hacerlo todo, para que ella, todas ellas, tengan la ayuda para elaborar eso que les pasó sin usar la palabra culpa, sin sentirse responsables, sin tener el miedo miedo aún pegado al cuerpo y la vergüenza y el asco.  No va a poder explicar la necesidad de hacer algo con él, ese chico al que lleva sin nombrar tanto tiempo en voz alta. Él y todos los que no han aprendido la importancia de parar. Le gustaría encontrar la manera de que ellos, los que no lo saben, comprendan por qué esta manera de relacionarse con ellas, esta manera en la que algunos de ellos se apoderan de los cuerpos de ellas, no tenía que haber existido nunca. 

Le gustaría, sobre todo, encontrar la manera de acompañar todo eso. Sabe que sola es imposible hacerlo. Lo aprendió hace tiempo. Se lo enseñaron otras mujeres. Y no lo olvida. Por eso, justo por eso, sin hacer público lo que le contó, no sin que ella le dé permiso, se reúne y habla y elaboran varias estrategias de intervención junto con otras personas que le cuentan que las agresiones no son algo definitivo, un punto y aparte. Las agresiones son, como ojalá sea en este caso, un daño que se puede reparar.

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