Opinión
Aprender a gritar

Qué hacer con todo eso. Lo que se parece a permanecer callada pero que, en realidad, está a punto de ser pronunciado. Lo que no es ni voz ni silencio.
12 abr 2026 06:00

A veces le pasa que entre el silencio y lo que dice en voz alta cabe mucho de lo que piensa. Demasiado, aunque no todo. Hay parte que se queda en la discreción, en la prudencia, en el secreto. Escondido incluso para sí misma. Otra parte la pronuncia, utilizando todas las letras de cada palabra. Casi nunca en susurro, casi siempre sin gritar.

Pero no sabe qué hacer con lo que se queda entre medias. La frase no dicha pero sí pensada. Las palabras apelotonadas en la garganta. El gemido de placer en la punta de la lengua. 

Qué hacer con todo eso. Lo que se parece a permanecer callada pero que, en realidad, está a punto de ser pronunciado. Lo que no es ni voz ni silencio. Lo que casi sale pero queda retenido. Frenado. 

A ella, a muchas, a casi todas, de formas diferentes, les enseñaron a quedarse ahí. En medio. Porque, en realidad, sus cabezas casi nunca son quietud. Pero sus bocas a menudo fueron enseñadas para permanecer cerradas. Mejor la prudencia que decir algo inadecuado. Mejor el silencio que parecer que tienes opinión para todo.

Piensa en las que decidieron, a pesar de todo, no quedarse ahí, en el tener algo que decir pero no animarse. En las que rompieron los lugares intermedios y hablaron y gritaron y gimieron. En las que lo hacen ahora.

Y piensa que por ellas habla. Por la niña del colegio a la que parecía que todo le pasaba por encima pero que, un día, pronunció un “no” claro y firme dirigido a su padre. Por las que escriben palabras que revuelven todas las aguas de todos los mares. Por las que se juntan para tejer prendas contra el frío. Pero, sobre todo, habla por las que nunca escribirán ni saldrán en ningún libro ni escucharán su nombre pronunciado en ningún reconocimiento público y, aún así, desde ese lugar de no ser a veces para nadie más que para sí mismas, hablan. 

En realidad no hay instrucciones para no guardar silencio. Para no guardar silencio hay, si acaso, que huir del del asfalto que escupe un calor incómodo y sucio. Subirse a una colina, una cualquiera y probar a gritar. 

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...