Claudio Katz: “El desenlace de la guerra imperial contra Irán definirá el horizonte geopolítico”

El economista marxista argentino analiza el convulso panorama internacional en esta entrevista, destacando algunas claves económicas y geopolíticas de especial relevancia para entender la coyuntura global actual.
Claudio Katz en la Universidad del País Vasco (EHU)
OMAL Charla de Claudio Katz en la Universidad del País Vasco (EHU), 12 de marzo de 2026. CC BY-NC
Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad
20 mar 2026 06:00

Claudio Katz ha visitado Euskal Herria entre el 9 y el 14 de marzo, a invitación del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), con el objetivo de participar en varias actividades sociales y académicas, centradas tanto en el análisis crítico del panorama internacional actual como en las implicaciones de este sobre América Latina, especialmente en lo referente a Venezuela, Cuba y Argentina.

La prolífica y rigurosa producción teórico-política del economista y geógrafo argentino, además de su incuestionable compromiso social e internacionalista, lo convierten en un analista clave para tratar de entender lo que hoy en día está ocurriendo en el mundo. Destacamos a tal efecto algunas de sus últimas publicaciones, como La epopeya palestina (Batalla de Ideas, 2026), el libro Lenin en América Latina hoy (Herramienta, 2025) y la premiada investigación La teoría de la dependencia, 50 años después (Batalla de Ideas, 2020), botones de muestra de una obra que vincula economía y geopolítica, siempre con una mirada global con arraigos periféricos y antiimperialistas y desde una perspectiva crítica y marxista.

La presente entrevista, llevada a cabo en Bilbao, se centra en el análisis de una coyuntura internacional atravesada por la guerra imperialista de Estados Unidos e Israel contra Irán. Abundamos, en esta coyuntura, en las claves económicas y geopolíticas que nos puedan ayudar a entender las aceleradas transformaciones a las que asistimos, así como el horizonte que enfrentaremos en los próximos años, marcado en todo caso por una alta incertidumbre.

Es bastante generalizada la sensación de que estamos atravesando un momento económico y político muy convulso, en el que se suceden estallidos financieros como los de 2008 y 2023, episodios pandémicos como el de 2020, y una secuencia creciente de conflictos bélicos internacionales. ¿Asistimos a la creación de un nuevo orden internacional?

Sin duda alguna estamos atravesando un cambio de época, pero no necesariamente la transición a un nuevo orden. Asistimos a un escenario caótico en el que el desenlace de la contienda política actual, marcada de manera muy especial por la guerra de EEUU e Israel contra Irán, definirá qué tipo de orden o no surge para la próxima etapa.

Estamos ante un mundo muy incierto en sus definiciones, caracterizado por un imperio en decadencia que se resiste a dejar de serlo, con las consecuencias devastadoras que históricamente ese intento ha solido tener. Se impone de este modo la fuerza y la guerra como patrones principales del momento político internacional actual, en un contexto nuclear sin parangón histórico.

¿Responde todo ello a unas nuevas reglas de juego, diferentes a las hegemónicas desde la segunda guerra mundial?

En mi opinión, la idea de imperialismo nos puede ayudar a entender la naturaleza del momento actual. La dinámica imperial ha atravesado tres fases desde la segunda guerra mundial: en primer lugar, un imperialismo clásico liderado por EEUU durante los “treinta gloriosos del capitalismo” (1945-1975), dentro de una dinámica de bipolaridad respecto a la Unión Soviética. En segundo término, una crisis del sistema imperial (1980-2008) en una lógica de unipolaridad, a partir de un contexto económico de consolidación de la globalización como paradigma económico. Por último, un imperialismo tardío o imperialismo del caos desde 2008, en el que EEUU trata de recuperar su hegemonía económica, perdida en sus términos fundamentales en favor de China, a través de la política y la guerra como fórmulas para evitar su evidente declive.

“Nos situamos en un momento de imperialismo del caos, con una potencia en declive tratando de evitarlo por vías militares”

Nos situamos por tanto en este momento de imperialismo del caos, con una potencia en declive tratando de evitarlo por vías militares, y en un contexto más multipolar, en el que el mundo en su conjunto se ha convertido en un tablero geopolítico, también los países periféricos y semiperiféricos, no solo las potencias.

El caótico escenario geopolítico que describes, ¿qué sustrato económico tiene? ¿Qué variables económicas nos pueden ayudar a comprenderlo?

No podemos entender el panorama político actual como una simple confrontación hobbesiana por anhelos de poder. Detrás del caos actual, por supuesto, hay una crisis del sistema capitalista. Hablamos en consecuencia de un sustrato de agresión imperial derivada del declive de Estados Unidos, dentro de un contexto de una severa crisis económica capitalista, que está en el origen también de la situación ecológica y política actual.

El capitalismo y el imperialismo son, para las y los marxistas, el punto de partida para analizar lo que ocurre. Bajo esta premisa, destacaría por un lado el concepto de crisis de sobreproducción como realidad que explica el magro crecimiento económico a escala global, fundamentalmente en Occidente. Por el otro, la idea de desarrollo desigual y combinado nos sirve también para entender cómo China ha logrado sorpresivamente durante la globalización, que era una etapa pensada en principio para consolidar la hegemonía imperial unipolar de EEUU, realizar un formidable avance de su matriz productiva y modelo económico.

¿Cómo se ha desarrollado la evolución de China en el contexto geopolítico global?

China ha desarrollado con éxito una estrategia catch-up, partiendo de su acceso inicial a fases de menor valor añadido dentro de las cadenas globales de valor hacia otras de creciente contenido tecnológico. Así ha llegado a liderar en la actualidad rubros clave para la economía internacional como los automóviles eléctricos, los paneles solares, las bombas de calor y la minería metálica, por poner solo algunos ejemplos, manteniendo a su vez una fuerte disputa en áreas como la inteligencia artificial y los semiconductores. Este avance es el único caso exitoso que se inserta no solo en una simple competencia entre Estados, sino en el marco de la propia globalización neoliberal. Un país periférico ha logrado convertirse prácticamente en el hegemón económico global, dominando las principales cadenas globales de valor, mercados y suministros.

¿Y esa disputa por la hegemonía global conduce a la guerra?

La geopolítica tiene obviamente un sustrato económico, marcado por una profunda crisis del sistema capitalista que, junto al auge chino, conducen a EEUU a posicionar la guerra como única vía para sostener moneda, mercados, rutas comerciales, suministros y control de sectores clave. Se supera el concepto de guerra económica para dar paso a la contienda militar directa. A su vez, la economía se consolida en su faceta financiarizada y desarrolla su naturaleza bélica, priorizando en consecuencia la espiral armamentística como rubro para sostener la acumulación capitalista en un momento de bajo crecimiento, salvo para el caso de China.

“Estados Unidos ha pasado de la guerra económica pura del año pasado a una disputa nítida de orden militar en 2026”

Como corolario, la caracterización realizada sobre el actual escenario caótico podría verse acelerada y acrecentada en el horizonte próximo por un más que probable estallido del sector de la inteligencia artificial. Este rubro ha acogido ingentes cantidades de inversión, pero su rentabilidad ni mucho menos se ha concretado en la economía real. De este modo, podemos estar ante una nueva burbuja de dimensiones muy superiores a la de las “punto com” a principios de siglo, agudizando el ya de por sí vulnerable panorama actual.

Estados Unidos, por tanto, juega un rol protagonista en el escenario caótico actual. Trump ha dado un vuelco a su promesa de no participar en guerras internacionales, y en lo que va de año sigue avalando el genocidio en Gaza, ha secuestrado al presidente de Venezuela y ha agredido a Irán junto a Israel. ¿A qué se debe este cambio?

Estados Unidos ha pasado de la guerra económica pura del año pasado a una disputa nítida de orden militar en 2026. El primer proyecto de Trump consistía en una guerra económica como vía para evitar el declive frente a China, a través de sostener la vigencia del dólar como divisa internacional hegemónica, impulsar una política arancelaria generalizada y asimétrica, así como desarrollar una política industrial fuerte en defensa de sectores estratégicos. El objetivo era evitar la suplantación del dólar por otras monedas, así como atraer inversiones foráneas con apoyo público para sortear los aranceles impuestos.

Por la parte del dólar, la pretensión era evitar que las transacciones internacionales se desarrollasen en otras monedas, disciplinando en este sentido a aliados clave como Japón o los petrodólares de Oriente Medio. No obstante, las sanciones impuestas a Rusia por la guerra en Ucrania alteraron esta pretensión, ya que las expropiaciones realizadas de fondos monetarios en el exterior lanzaron a los inversores internacionales un mensaje de desconfianza, planteando la posibilidad de que sus fondos pudieran ser confiscados en un futuro si la sintonía respecto a Occidente cambiara.

Por el lado de las esperadas inversiones, estas ni mucho menos han llegado en la escala necesaria. Y la razón fundamental reside en los conceptos económicos antes señalados: la crisis económica general y el declive de EEUU respecto a China, que hacen que los inversores internacionales no vean un marco real de rentabilidad que les anime a redirigir el capital a suelo norteamericano.

¿Cuál es entonces la estrategia actual de Estados Unidos?

El programa genuino de Trump ha fracasado, ha sido sustituido por la agenda neocon que representa, entre otros, Marco Rubio. En la explicación de este giro, muestro mi oposición a dos relatos mediáticos muy difundidos que, en mi opinión, son superficiales. El primero afirma que Trump es un loco que sigue criterios irracionales. El segundo señala que esta supuesta locura le ha llevado a su vez a supeditarse a la estrategia del genocida Netanyahu y su deseo de devastar Oriente Medio para crear el Gran Israel.

“La guerra combinada con diplomacia y disciplinamiento generalizado es la estrategia elegida por el ejecutivo liderado por Trump para recuperar terreno para la defensa del dólar”

Más allá de la relativa irracionalidad de Trump, EEUU sigue un plan propio, ahora fundamentalmente militar y no únicamente económico, que trata de revertir su evidente declive desde claves materiales y pragmáticas. Y hablamos de un plan de EEUU y no solo de Trump, porque este es únicamente el que lo ha acelerado ante la falta de otras herramientas. La guerra es un recurso habitual y creciente por parte de los diferentes ejecutivos, desde Bush hasta Biden pasando por Obama, sobre todo en esta fase de imperialismo tardío o del caos. La guerra combinada con diplomacia y disciplinamiento generalizado es la estrategia elegida por el ejecutivo liderado por Trump para recuperar terreno para la defensa del dólar, así como el acceso a mercados y control de suministros.

Irán supone un salto de escala en esta estrategia. ¿Qué ha llevado a EEUU a agredir a Irán mientras se desarrollaban negociaciones?

EEUU se ha lanzado a la guerra ilegal contra Irán sin un relato claro. En este contexto parece que ya no es necesario abanderar la democracia o la sustitución del régimen teocrático. Simplemente se trata de una guerra para controlar las reservas de petróleo y gas del país, impedir que los intercambios comerciales y financieros vinculados a estas se realicen en otras monedas, y situar a Israel como único hegemón en una zona tan estratégica para Eurasia. También, en última instancia, seguir disciplinando al mundo con el poderío militar norteamericano, recordemos que la guerra es su última baza.

¿Ha medido bien Estados Unidos el desarrollo y los impactos de la agresión imperial?

La estrategia elegida para alcanzar estos objetivos no parece estar funcionando del todo bien. Al parecer pretendía ser un conflicto breve, que no tuviera graves implicaciones en la economía internacional, sostenido sobre intensos bombardeos (incluyendo población civil, como se constató en las 180 niñas asesinadas el primer día), y tratando de emular el formato venezolano de atacar a altos cargos como fórmula de sustitución de líderes que bajo el shock aboguen por políticas no confrontativas.

La realidad ha sido muy diferente, evidenciando la consideración de EEUU como potencia en declive. Ante una sociedad milenaria y estructurada, los bombardeos masivos sin invasión terrestre pueden no ser suficientes para derrocar un gobierno, como se está viendo. EEUU no tiene la disposición económica ni la legitimación social para afrontar reto semejante. Al mismo tiempo, su explícita desindustrialización le impide fabricar el armamento necesario al ritmo que los bombardeos exigen, por lo que parece constatarse un problema de falta de munición. De igual modo, la unilateralidad e ilegalidad internacional con la que ha emprendido esta guerra no ha facilitado el consenso con sus aliados, que no parecen querer inmiscuirse en una contienda ajena y de incierto desenlace.

“Si EEUU no sale victorioso y la guerra se alarga, es probable que la secuencia militarista sufra un impasse, mientras su declive se agrave quizá irremediablemente”

A su vez, Irán ha sorprendido con una estrategia militar en la que ha involucrado a toda la región atacando bases estadounidenses e infraestructuras energéticas clave, está escalando en la potencia del arsenal misilístico y de drones utilizado, y apuesta a una guerra de aguante y en clave de afectación a la economía mundial vía incremento de los precios del crudo, para lo que ha cerrado de manera discrecional el estrecho de Ormuz.

¿Qué escenario de desenlace ofrece este conflicto?

La guerra, bajo estas premisas, está escalando en intensidad pero sin horizonte claro: la evidente superioridad militar de Estados Unidos e Israel frente a la capacidad de resistencia iraní y el impacto económico que está generando en la economía internacional, vía control del estrecho. Si sumamos a esto la pérdida de legitimidad política de un Trump que prometió no meter a EEUU en nuevas guerras (generando amplias disputas incluso dentro de su sector político MAGA), las elecciones de medio término de noviembre, y el posible impeachment si Trump pierde las elecciones, abren todas las posibilidades sobre el futuro de esta guerra.

En este sentido, el desenlace efectivo de la guerra imperial contra Irán definirá el horizonte geopolítico para los próximos tiempos. Si EEUU no sale victorioso y la guerra se alarga, es probable que la secuencia militarista sufra un impasse, mientras su declive se agrave quizá irremediablemente. Si gana en su intención de controlar Oriente Medio y sus suministros estratégicos, seguramente será a costa de devastar completamente el país, de aniquilar Irán.

Y Europa, ¿qué? ¿Cuál es el rol que está jugando la UE en este escenario de caos?

Yo definiría su posición como de “eurovasallaje” ante EEUU. La dependencia que se gestó tras la segunda guerra mundial a través del Plan Marshall y la guerra fría no solo no se ha revertido, sino que se ha acelerado. Precisamente el rol adoptado por la Unión Europea en la guerra de Ucrania, impulsando toda una serie de rondas de sanciones que revertían en su perjuicio económico, ha acelerado este proceso. En la actualidad, y dado el escenario de caos global ya señalado, Europa entiende que su única salida es supeditarse a la órbita del bloque liderado por EEUU.

La idea de que la UE iba a constituirse como un polo alternativo imperial a Estados Unidos no se ha concretado en el tiempo, más bien todo lo contrario. Solo desde ahí, además del evidente retraso económico de la UE respecto a EEUU y China, así como de su dependencia energética y física del exterior, se explica su lamentable rol durante el genocidio de Gaza, su aval al secuestro de Maduro, y su posición contraria al derecho internacional en la guerra de Irán.

Por último, ¿qué podemos hacer desde los movimientos populares frente a este escenario caótico? ¿Qué rol le toca a las izquierdas internacionalistas en estos momentos?

Yo creo que para la izquierda se presenta la necesidad de hacer confluir la lucha contra el neoliberalismo, contra el fascismo y contra el imperialismo. Es una triple batalla: enfrentar el capitalismo, defender los derechos democráticos y colectivos frente al avance autoritario y reaccionario, e impulsar la solidaridad internacionalista contra los embates del imperialismo en todas sus formas, colaborando con los países oprimidos en defensa de su soberanía.

Saber cómo combinar estos tres aspectos, que en cada contexto adquirirán una agenda y una estrategia diferente, es en mi opinión el marco de actuación. Precisamente el internacionalismo es una forma de desarrollar esta lucha en todos los países, pero con el matiz más significativo que en cada país involucre esta batalla. No es una tarea sencilla, pero hay que hacerlo. Ningún cambio va a producirse sin lucha, sin calle, sin movilización popular. Tomar esta como base y tener la audacia para combinar los tres ejes: anticapitalista, antifascista y antiimperialista; ahí puede estar la clave.

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La estrategia de la España-marca para “salir de la crisis” pasa por ampliar el poder y los negocios de “nuestras empresas”. Pero, nos preguntamos en este blog, ¿qué futuro le espera al capitalismo español? ¿Sobre qué pilares se pretende sostener el modelo de crecimiento y acumulación en los años venideros? ¿Podrán las organizaciones políticas y movimientos sociales construir contrapoderes efectivos y propuestas alternativas para confrontar los dictados de la clase político-empresarial que nos gobierna?
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