Farah Dih, escritora y profesora saharaui.
Farah Dih, escritora y profesora saharaui. Andrés Suárez

Farah Dih: “La historia del Sáhara Occidental está íntimamente ligada a la de España”

Farah Dih es una escritora y profesora saharaui, nacida en los campamentos de refugiados de Tinduf. En el día en el que se celebra el 50 aniversario de la República Árabe Saharaui Democrática, repasa las claves de un conflicto abierto.
27 feb 2026 06:06

“¿Cómo podemos hablar de éxito, si a la gente de estos 17 territorios se les ha negado el derecho a decidir su propio futuro”?, dijo Farah Dih en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, en 2019. 

Farah Dih es una escritora y profesora saharaui, nacida en los campamentos de refugiados de Tinduf. Formada en filología y lenguas modernas en la Universidad de Valladolid, su trabajo explora la relación entre lengua, memoria e identidad en el exilio, con especial atención al español como espacio de pertenencia y resistencia cultural. Actualmente, es docente en el campus madrileño de la New York University (NYU). 

La experiencia vital y académica de Farah Dih se inscribe, además, en una tradición literaria y política más amplia: la de la escritura saharaui en lengua española como forma de memoria, resistencia y comunidad. Desde ese lugar compartido, su voz dialoga con otras que, desde hace décadas, han hecho del español un territorio simbólico frente al desarraigo y el exilio. 

La Universidad Autónoma de Madrid acogió el pasado 22 de enero el XX aniversario de la Generación de la Amistad Saharaui, un colectivo literario que desde hace dos décadas escribe la memoria y la identidad del pueblo saharaui en lengua española. El encuentro, organizado por el Instituto de Derechos Humanos Democracia, Cultura de Paz y No Violencia (Demospaz), reúne a escritoras, escritores y académicos saharauis para reflexionar sobre el lenguaje como patria, la literatura del exilio y la resistencia cultural a través de la palabra. 

En 2020, cuando Estados Unidos avaló la soberanía marroquí sobre el Sáhara a cambio de la normalización de las relaciones diplomáticas de Marruecos con Israel. España ha seguido el mismo camino

Han pasado más de seis años desde tu intervención en Naciones Unidas. Durante este tiempo, EEUU, España e incluso el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas han avalado el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. ¿Qué otros cambios en relación al Sáhara Occidental se han producido desde entonces? 
Bueno, a decir verdad, no ha habido grandes cambios. Es cierto que, muy recientemente, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respaldó el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. Esto no significa que la ONU haya reconocido oficialmente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara —como lo han presentado algunos medios nacionales e internacionales—, pero sí supone un cambio de tono. Da legitimidad al plan marroquí y reduce la presión para que se celebre un referéndum de autodeterminación para los saharauis. 

Esta decisión se produce en medio de una oleada de reconocimientos oficiales que se iniciaron con la administración de Donald Trump en 2020, cuando Estados Unidos avaló la soberanía marroquí sobre el Sáhara a cambio de la normalización de las relaciones diplomáticas de Marruecos con Israel. Desde entonces, varios países europeos —entre ellos, muy desafortunadamente, España— han seguido el mismo camino. 

El programa del evento plantea el “lenguaje como patria”. ¿Cómo entiendes esa frase en relación con la literatura saharaui en español? 
Los expatriados solemos buscar un refugio, un lugar simbólico al que llamar hogar hasta poder volver o construir el nuestro propio. Para la Generación de la Amistad, o al menos para mí como miembro reciente, ese hogar es la literatura. La literatura es un refugio y un lugar de encuentro: un espacio donde nos vemos y reconocemos. Lo curioso de este grupo es que, a pesar de ser árabes, escribimos en español. Y aunque pueda parecer paradójico, el español también es nuestro. En el contexto saharaui, el español dejó de ser únicamente la lengua de la colonización para convertirse en una lengua apropiada, resignificada. Y al igual que la tierra no debería ser monopolio de nadie, tampoco lo debe ser el lenguaje que usamos para expresarnos. 

Para el pueblo saharaui, ¿la patria se dice, se escribe o se recuerda? 
Creo que primero habría que definir a qué nos referimos con el término “patria”. No es lo mismo pensar en patria para un inglés que vive en Londres, que para un refugiado sudanés, palestino o saharaui en el exilio. Con esto, lo que quiero decir es que muchos refugiados no pensamos en el término patria en el sentido tradicional del concepto. Para muchos saharauis, la patria se dice, se escribe y se recuerda, aunque nunca la hayamos pisado en la vida. 

Yo, por ejemplo, nunca he estado en el Sáhara Occidental, pero he nacido en un campamento de refugiados en el que todo el mundo —padres, abuelos, hermanos— añoraba un pasado, una tierra y una vida que se les ha arrebatado. Esa herida que todos ellos llevan la hemos heredado los que nacimos en los campamentos de refugiados de Tinduf. De ahí que hablemos, escribamos y la recordamos, aunque jamás la hayamos conocido. 

La Generación de la Amistad ha sido activa en debates públicos sobre identidad lingüística saharaui (como la protesta contra el Instituto Cervantes). ¿Qué retos ves en la representación del pueblo saharaui en espacios culturales o académicos internacionales? 
Los retos habituales, entre los que destaca la invisibilización institucional. Por ejemplo, en el informe del 2025 El español en el mundo del Instituto Cervantes, se dejó de hablar del Sáhara Occidental como una entidad política independiente para contabilizar a las personas que hablan español. En su lugar, se ha contabilizado a los saharauis como marroquíes, dando legitimidad a la agenda colonial de Marruecos. Y este no es un caso aislado. En muchos de los mapas que se usan en las escuelas e institutos en España, el Sáhara Occidental no aparece diferenciado de Marruecos. Por no hablar de que en los libros de textos —y, por extensión, en las aulas— apenas se menciona la historia saharaui. 

Se está hablando mucho del franquismo y de sus víctimas. Esto es fundamental para evitar repetir los errores del pasado, pero no podemos olvidarnos de las otras víctimas del franquismo, de las que no se suele hablar: los y las saharauis

¿Cómo dialogan dentro del grupo el hassanía, el español y otras lenguas aprendidas en la diáspora? 
En general, solo escribimos en español, aunque es verdad que tomamos prestados muchos términos del hassanía. Para la mayoría del grupo, el español es la lengua en la que nos hemos formado, y para algunos de nosotros —como es mi caso—, es también una lengua materna junto con el hassanía. Escribimos naturalmente en español, no por olvido del pasado colonial, sino porque lejos de rechazar esa herencia impuesta, la hemos hecho nuestra. Nos la hemos apropiado para resignificarla. De ahí que los textos de Bahia MH Awah, de Zahra Hasnaui, de Ali Salem Iselmu y otros compañeros estén llenos de arabismos, de hasanísmos. Para mí, escribir en español es, en muchos casos, escribir de vuelta. Inscribir la experiencia saharaui en una lengua que durante mucho tiempo habló sobre nosotros, pero no desde nosotros. 

¿Qué le dirías a alguien que no conoce la causa saharaui para que entienda por qué nombrar es tan importante?
Depende de quién sea ese alguien. Si es una persona española, empezaría por decirle que la historia del Sáhara Occidental no es algo ajeno a la historia de España, sino una parte íntimamente ligada a ella. Últimamente se está hablando mucho del franquismo y de sus víctimas dentro de la Península. Esto es fundamental para evitar repetir los errores del pasado, pero no podemos olvidarnos de las otras víctimas del franquismo, de las que no se suele hablar: los y las saharauis. En definitiva, les recomendaría informarse sobre el tema a través de libros, artículos, documentales... Y, sobre todo, si pueden, les animaría a viajar a los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, para conocer de primera mano la situación.

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