Reino Unido
Autopsia de un ensañamiento mediático: cómo la “ciencia racial” acabó con el profesor negro más joven de Cambridge
Tras semanas de polémica, el profesor de la Universidad de Cambridge Jason Arday fue encontrado muerto el viernes 14 de agosto en su apartamento de Londres. Aunque la policía no ha descartado otras causas, no excluye la hipótesis del suicidio, dado que su fallecimiento se produjo nueve días después de su dimisión de la Universidad de Cambridge.
Acusado de plagio, se había encontrado en el centro de una campaña de acoso mediático inaudita. El hombre de 41 años era, sin embargo, por su trayectoria fuera de lo común, un símbolo de éxito. Diagnosticado con autismo en su infancia, afirmaba haber sido no verbal hasta los 11 años y analfabeto hasta los 18, antes de convertirse en profesor de Sociología de la Educación. En 2023, se convirtió en el profesor negro más joven en ser nombrado en la Universidad de Cambridge, a la edad de 37 años.
A pesar de la exculpación de Arday por parte de la Universidad John Moores de Liverpool, tras las acusación de plagio, la presión mediática no cedió. A principios de agosto, Cambridge inició una investigación sobre su propio profesor, quien dimite de inmediato de su puesto declarando que “las acusaciones incesantes, las especulaciones y los comentarios públicos se han cobrado un profundo peaje en mí y en mis seres querido”“, precisando al mismo tiempo que su decisión no debía ser “confundida con una aceptación de los relatos que [lo] han rodeado”.
Respecto a las acusaciones de plagio, al término de una investigación sobre las acusaciones relativas a su tesis, la Universidad John Moores de Liverpool, que había otorgado su doctorado a Arday en 2015, concluyó finalmente que no había cometido plagio. En una entrevista para el Times, Jason Arday reconoció errores en su trayectoria, algunos de los cuales atribuyó a su autismo, que intentaba compensar mediante métodos de aprendizaje por mimetismo, pero refutó cualquier voluntad deliberada de engañar. “Estamos hablando del mundo académico aquí. No he matado a nadie”, declaraba el profesor.
Nathan Cofnas y el “realismo racial”
En el origen de esta tormenta mediática se encuentra el controvertido filósofo de la biología y la ética Nathan Cofnas. A finales de julio, el investigador, que se describe a sí mismo como un “realista racial”, había acusado públicamente a Arday de haber plagiado una parte de la tesis que este último había defendido en la Universidad John Moores de Liverpool y de haber mentido sobre su difícil trayectoria y sus logros personales, tales como su hazaña de haber corrido 30 maratones en 35 días para una asociación benéfica.
Controvertido por sus investigaciones sobre el hereditarismo, una corriente pseudocientífica que vincula las capacidades intelectuales al determinismo biológico, Cofnas afirma que existen diferencias genéticas significativas de inteligencia entre los grupos de población según su raza. Defiende, en particular, la superioridad intelectual de los blancos sobre los negros.
En este contexto, se muestra muy crítico con los programas de inclusión universitaria y declaraba que, en un sistema meritocrático, los negros “desaparecerían de la casi totalidad de los puestos de alta responsabilidad fuera del deporte y el entretenimiento” y que “el profesorado de Harvard sería reclutado entre los mejores de los mejores estudiantes, lo que significa que el número de profesores negros tendería hacia el cero por ciento”. Estas posiciones ultras le valdrían ser apartado en 2024 del Emmanuel College, uno de los colegios constitutivos de Cambridge, aunque la propia universidad estimó posteriormente que sus declaraciones se enmarcaban dentro de la libertad académica. La semana pasada, también fue suspendido de la Universidad de Gante, en Bélgica, donde trabajaba, a la espera de una investigación tras los hechos relacionados con Arday.
La caja de resonancia mediática: el acoso racista
Fue sobre la base de estas acusaciones de plagio que la maquinaria mediática se desató contra Arday. Según Byline Times, entre el 24 de julio y su muerte, fue objeto de al menos 40 artículos en cada una de las siguientes cabeceras: The Times, The Sunday Times, The Telegraph y el Daily Mail, y de una veintena en cada uno de The Independent, The Spectator y The Guardian. Otras cabeceras también amplificaron ampliamente esta caja de resonancia mediática al hacerse eco de estas acusaciones, elevando el total a unos 250 artículos en 22 días.
Más allá de simples artículos de investigación periodística de los medios, la periodista Carole Cadwalladr revela “una propaganda racista con fines de lucro”. Subraya la presencia de anuncios pagados en el Times promocionando su cobertura del caso Jason Arday, y en particular de un anuncio que habría alcanzado a cerca de 200.000 personas y que seguía difundiéndose el 16 de agosto, dos días después de la muerte del profesor. La periodista denuncia la instrumentalización del caso con fines de estrategia comercial, y destaca aquellos artículos que provocan una indignación de carácter racial que genera audiencia y, por tanto, ingresos. “El problema es que si el racismo es rentable, es porque lo aceptamos. Existe una lógica comercial en el racismo porque, como sociedad, somos racistas”, concluye Cadwalladr.
Detrás de esta campaña de acoso mediático masiva y coordinada contra Jason Arday, se encuentran redes de extrema derecha bien consolidadas. Byline Times revela en una investigación que un movimiento científico racista explícitamente antinegro, financiado entre otros por Peter Thiel, el multimillonario tecnofascista pro-Trump, se ha implantado a lo largo de los años en el seno de la Universidad de Cambridge. A través de publicaciones como la revista Aporia, escaparate público de la Human Diversity Foundation (ahora rebautizada como Polygenic Scores), esta red de partidarios de la “ciencia racial” busca rehabilitar y normalizar sus doctrinas eugenésicas. Esta fundación es, en realidad, una versión modernizada y relanzada del Pioneer Fund, una organización eugenésica nazi fundada en 1937. A imagen de la cacería dirigida contra Arday, es esta red la que orquesta campañas selectivas y agresivas contra las minorías dentro del mundo académico.
Lo que este ensañamiento mediático revela es una guerra cultural más amplia en marcha en las universidades inglesas. Frente a esta acusación, los conservadores despliegan una retórica de declive de los estándares frente a las políticas de Igualdad, Diversidad e Inclusión (EDI), que buscan favorecer el acceso y la representación de las minorías en la educación superior. Académicos como el politólogo Michael Bankole consideran que el caso Arday ha sido precisamente instrumentalizado como la prueba paradigmática de que la EDI rebaja los criterios de excelencia en beneficio de criterios ideológicos o raciales. Interrogado por la AFP, el profesor del King’s College de Londres afirma que el trato dado a Arday fue utilizado deliberadamente por la derecha “para atacar las políticas de diversidad” y para destilar la idea de que los investigadores negros no merecen su puesto cuando acceden a funciones de élite. Desde esta perspectiva, se acusa a la universidad de reclutar “iconos de la diversidad” sobre la base de su identidad en lugar de su valor científico real.
Por el contrario, otros académicos, como la investigadora Christina Horvath de la Universidad de Bath, denuncian un doble rasero y subrayan que los presuntos errores de Arday han sido utilizados para descalificar al conjunto de los académicos negros, reactivando prejuicios sobre su legitimidad colectiva. Así lo ha señalado: “Las prácticas dudosas de ciertos académicos blancos a menudo han sido toleradas sin suscitar una indignación pública comparable; las personas implicadas apenas han ocupado las portadas de los periódicos y, en algunos casos, incluso han conservado su puesto”. En paralelo, subraya el doble estándar cuando un profesor negro está en el punto de mira: “Las faltas de Arday, repetidamente cuestionadas pero nunca demostradas formalmente, han servido por el contrario para arrojar descrédito sobre la legitimidad de los académicos negros en general”.
Además, lejos de alinearse con las críticas de la extrema derecha contra la inclusividad, especialistas en educación como la profesora Kalwant Bhopal denuncian una suerte de política antirracista de fachada, que ella califica de “diversidad simbólica”. Explica que las universidades mercantilizadas prefieren las acciones de comunicación de marketing y la promoción de un “icono de la diversidad” en lugar de emprender la reestructuración lenta, costosa y, sin embargo, indispensable de la universidad con el fin de atajar las verdaderas desigualdades salariales y la precariedad de los contratos de investigación que golpean de manera desproporcionada a los investigadores no blancos. Los datos de Higher Education Statistics Agency recuerdan, por otra parte, la persistencia de estas barreras: a finales de 2024, el Reino Unido solo contaba con unos 270 profesores universitarios negros, es decir, apenas un 1% del conjunto del profesorado titular del país.
La red tentacular de la “ciencia racial” a la que pertenecería Cofnas no se detiene en las universidades. Según Byline Times, dispondría de enlaces hasta la cúspide de la vida política británica. El profesor asociado de Cambridge James Orr, a través del cual, siempre según la misma fuente, Peter Thiel habría financiado discretamente la red, serviría de enlace operativo entre la “ciencia racial” y la vida política. Como responsable de políticas del partido de extrema derecha Reform UK de Nigel Farage, Orr habría abierto las puertas de las concentraciones políticas conservadoras a los miembros de Aporia. Esta red eugenésica habría logrado así tender un puente con la política nacional dominante, sirviéndose de los escándalos universitarios para desplazar la ventana de Overton y rehabilitar sus teorías raciales en el debate público. Esta red se extendería, según el medio, por los diferentes partidos de extrema derecha Reform UK, Restore Britain y por la extrema derecha paneuropea.
Tras anunciarse la muerte de Arday, las movilizaciones se multiplicaron en el país. Durante una marcha organizada en homenaje al profesor fallecido, la diputada laborista Dawn Butler retomó las palabras de Malcolm X: “Si no tienen cuidado, los periódicos les llevarán a odiar a las personas oprimidas y a amar a quienes las oprimen. Su lucha no ha cambiado, son simplemente el método y el sistema los que son diferentes”. La organización Stand Up to Racism, que organizó una conmemoración en Londres en memoria de Arday, denunció[10] [11] [12] una “caza de brujas racista” iniciada por Cofnas y retomada por los principales medios de comunicación.
La asociación Good Law Project, que ya se había hecho eco de las advertencias de expertos como Simon Baron-Cohen sobre la fragilidad de la salud mental de Arday, ha difundido una petición que ya ha recogido más de 145.000 firmas, en la que se pide al primer ministro Andy Burnham que ordene una investigación pública inmediata sobre la responsabilidad de la prensa en la trágica muerte del profesor Arday.
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