Opinión
Ganar la vida: la urgente necesidad de adaptar la jornada de trabajadoras del campo

La protección de los trabajadores frente a las olas de calor es una crisis de salud urgente y una cuestión de clase y de racismo.
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Una mujer recolecta frutos rojos en Lucena del Puerto (Huelva) Rafa del Barrio

Investigadora en la Universidad de Hamburgo

30 jun 2026 06:27

“Te dan una gorra y ya está. Ni siquiera te dan agua fresca, tienes que llevarte el agua fresca desde las 7 de la mañana. Es que no te va a durar todo el día. A lo mejor se te acaba a las diez o a las 11 y ya solo tienes el agua caliente. Sufriendo (…). Porque es que tienes que hacerlo. Porque si no lo haces, te echan del trabajo”.Así describe S., un trabajador del campo de Almeria, lo que su empresa entiende por protección frente al calor.

La actual ola de calor en España y en toda Europa está afectando negativamente a las personas trabajadoras de todos los sectores, pero es especialmente grave para quienes trabajan en el campo y los almacenes. La normativa vigente, como el Real Decreto 2023, se ignora sistemáticamente en este sector, que ocupa especialmente a personas migrantes, lo cual es sintomático del racismo estructural que forma parte de la crisis climática.

El estrés térmico es intenso en el sector agrícola durante todo el verano, no solo durante las olas de calor declaradas oficialmente

El caso de S. no es único, como pude documentar durante mi investigación científica sobre el calor y la organización de los trabajadores agrícolas en España y Alemania. Trabajadores migrantes del campo, invernaderos y almacenes de envasado denunciaron un estrés térmico extremo y una gran negligencia por parte de las empresas. El acceso a los descansos necesarios, al agua fresca, a la reducción de la intensidad del trabajo o a ropa de protección adecuada es muy escaso. Por eso, el estrés térmico es intenso en el sector agrícola durante todo el verano, no solo durante las olas de calor declaradas oficialmente.

El estrés térmico no es solamente un problema en los invernaderos y el campo al aire libre, pero también hay una crisis de calor oculta en los almacenes de envasado dónde trabajan muchas mujeres. Muchos almacenes tienen pocas ventanas y ventilación para proteger el producto, lo que crea un ambiente de trabajo muy caluroso. Trabajadoras me contaron que sudan muchísimo y a menudo tienen que utilizar trozos de cartón a modo de ventiladores, ya que las empresas no quieren invertir en buenos sistemas de ventilación.

La protección de los trabajadores frente a las olas de calor es una crisis de salud urgente y una cuestión de clase y de racismo. Las medidas más importantes para la protección contra el estrés térmico son las menos accesibles para los trabajadores agrícolas migrantes. La mayoría de las empresas que exportan productos agrícolas se ven sometidas a una gran presión por parte del mercado para producir lo máximo posible y lo más rápidamente posible, incluso cuando hace mucho calor, sin tener en cuenta las consecuencias para la salud de las personas. Está ampliamente documentado que el estrés térmico provoca agotamiento, accidentes y numerosas afecciones de salud ocultas a largo plazo, como la enfermedad renal crónica, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades respiratorias. Mientras que algunos efectos del calor sobre la salud son inmediatos, otros son consecuencia de años de exposición a temperaturas extremas y de realizar trabajos pesados.

La falta de respeto a los derechos de salud de las personas inmigrantes es parte del racismo estructural que caracteriza la economía agrícola

Con el agravamiento de la crisis climática, cada vez más personas enfermarán y padecerán enfermedades crónicas por trabajar en condiciones de estrés térmico. La falta de respeto a los derechos de salud de las personas inmigrantes es parte del racismo estructural que caracteriza la economía agrícola.

Informar a los trabajadores de sus derechos es importante, pero no suficiente, ya que muchos saben que se incumplen, pero tienen poca capacidad de hacerlos valer debido a sus precarias condiciones laborales. En las pocas empresas agrícolas en las que hay delegados de sindicatos, o comités de empresa, hay personas valientes que están luchando por sus derechos a salud y dignidad, haciendo denuncias a la inspección del trabajo y organizándose en sindicatos. Por ejemplo, hablé con un comité de empresa de un gran almacén en Níjar, donde la empresa solo les proporciona agua desde hace un año porque las trabajadoras presentaron varias denuncias ante Inspección de Trabajo. Pero las sanciones o los despidos por alzar su voz son muy comunes, creando un clima de miedo.

El cambio climático ya está produciendo cambios en los horarios laborales en el sector agrario, pero pocas veces se da prioridad a los intereses de las personas trabajadoras

Los trabajadores del sector agrícola me han comentado frecuentemente que modificar los horarios de trabajo es la medida más importante para reducir el estrés térmico y la precariedad. El cambio climático ya está produciendo cambios en los horarios laborales en el sector agrario, pero pocas veces se da prioridad a los intereses de las personas trabajadoras. Muchas fincas de Andalucía ya están empezando a adelantar los horarios hacia la madrugada o a prolongarlos hasta la noche. Sin embargo, esto suele hacerse sin una reducción general de las horas de trabajo ni de la intensidad laboral, lo que provoca una carga adicional para la salud y problemas para conciliar la vida laboral y familiar. En los almacenes de envasado, muchas personas siguen trabajando durante la hora del almuerzo y por la tarde bajo temperaturas extremas.

Desde el punto de vista de la salud y los derechos laborales, reducir aún más la jornada laboral semanal de todos los trabajadores y ampliar sus derechos de participación sindical, es una medida crucial para proteger la vida ante la crisis climática. Unas jornadas laborales más cortas y mejor reguladas son fundamentales para garantizar que la adaptación al cambio climático no limite aún más el acceso de los trabajadores del campo al tiempo que pueden pasar con sus seres queridos, a la organización política y al descanso. Como dijo A., un trabajador y delegado sindical de un invernadero: “Que se bajen los horarios de la semana. Sí se puede. (…) Ganamos algo, ganamos la vida”.

Las estrategias sindicales progresistas en las negociaciones de convenios colectivos pueden marcar el camino, y la legislación estatal puede reforzarlas y garantizar su cumplimiento. Para garantizar el cumplimiento de estas medidas, es necesario reforzar también los derechos de participación de los trabajadores en la empresa y la protección del derecho de huelga en caso de incumplimiento. Es la responsabilidad urgente de los sindicatos y de las organizaciones de la sociedad civil progresistas apoyar esta lucha.

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