Poesía
Safaa Fathy, atravesando fuertes y fronteras

La poeta egipcia Safaa Fathy asegura que su vida tiene dos partes: la que transcurrió antes de conocer al filósofo Jacques Derrida y la posterior a ese momento.

La poeta Safaa Fathy
La poeta Safaa Fathy. Foto cortesía de Safaa Fathy.

publicado
2018-10-29 06:30

Safaa Fathy es una poeta, cineasta y ensayista nacida en Egipto. Reside en París pero visita durante largas temporadas Madrid, una de sus ciudades favoritas ya que “Paris est une ville mort”, mientras que Madrid está llena de vida por todas partes [gesticula ampliamente con las manos mientras fuma en su cigarro electrónico].

Su obra es muy éclectique y extensa. Sin embargo, podemos destacar dos piezas de teatro raro: Terrerur y Ordalie, prologadas por el filósofo Jacques Derrida con el que mantuvo una gran amistad y con el que escribió el libro Tourner les mots au bord d’un film. También es autora de poemarios como Nom dans une bouteille à la mer (2010) y Où ne pas naîtr.

Safaa Fathy visita Madrid para presentar su libro en la librería Sin Tarima el martes 30 de octubre de 2018 a las 19:30, horas acompañada por Angel Guinda y Zhivka Baltadzhieva. Al Haschische, publicado por Amargord Ediciones, es un poemario donde el hilo poético revela el paso de la oscuridad a la luz, de la desaparición a la apariencia, del tartamudeo al canto.

Esta constelación de poemas están inspirados en la imagen de la planta de Al Haschische que tiene múltiples variedades. En concreto, la palabra “haschischa” es el singular de “haschische” que puede significar “el niño que aún no nació, petrificado en el vientre de su madre, o una planta de agua o la droga conocida”. Los poemas recogidos en este libro son como estas plantas: universales que cruzan idiomas y culturas, poemas que eliminan los límites políticos y existenciales desafiando el silencio impuesto a las mujeres que elevan la voz femenina gritando más allá de la muerte, el exilio y la censura.

Para Safaa Fathy, toda nuestra existencia es política por lo que su obra es inseparable del exilio del mundo en el que adquirimos nuestra identidad. Fathy escribe desde la configuración de la extranjería como umbral de semejanza frágil: ni turista ni residente permanente, ni migrante ni nómada.

En la poesía de Fathy, ser extranjero significa no tener un lugar, o lo que es aún más desolador, estar en un perpetuo no-lugar imposible de ocupar u ocupado por cualquiera, donde toda contingencia queda al descubierto y toda necesidad queda vedada. No hay necesidad de volver, no hay nada ni nadie. Volver es un verbo peligroso porque supone el enfrentamiento silencioso con el pasado. Ser extranjero es tener un nombre borrado en la inmensidad del tiempo y del espacio. Ser extranjero es luchar contra el olvido imperante del mundo. Casi nadie tiene realmente un nombre, ni tampoco un lugar.

¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir?
Como muchos, comencé a escribir muy joven, a la edad de ocho años. O incluso antes, no lo recuerdo bien. Pero desde los 19 hasta la edad de 29 no escribí ningún tipo de literatura, solo mi tesis doctoral y mis artículos. Hubo una gran ruptura en mi proceso interior como escritora que aún no entiendo.

Haces cine, ensayo, vídeo poemas pero, sobre todo, te sientes identificada con la poesía. ¿Qué función tiene para ti la poesía?
La poesía es una respiración, un soufflé, un consuelo también. Me comunico desde de mi poesía con el mundo, sus acontecimientos, su entidad fenoménica, sus secretos y su estructura profunda. La poesía es un universo paralelo que duplica la existencia y que, a menudo, se convierte en un objeto de contemplación. La poesía es resistencia, pero aún más, con ella me comunico conmigo misma, viva y mortal, y también con otros, especialmente con otros poetas a través de este lenguaje codificado a lo largo de los siglos. Es como un canto de pájaros o un viento sibilante.

Dice Proust que todo escritor escribe en una especie de lengua extranjera. Tu lengua materna es el árabe, estudiaste estudios de filología inglesa, tu marido es escocés, vives en Francia, vienes muy a menudo a visitarnos a Madrid y conoces la estructura del español, ¿qué papel ha jugado para ti ser extranjera y escribir en una lengua que no es la materna?
Ser extranjera es mi condición ontológica. Soy extranjera donde sea que esté, creo que tú me entiendes muy bien, soy extranjera ya sea en Francia o en España, y de manera diferente, pero con la misma intensidad en Egipto, mi país natal. Creo que solo se puede escribir en un idioma extranjero. Incluso si escribe en el idioma materno se tiene que inventar un idioma, un idioma propio. Me inspiro en Walter Benjamin que lo llama archi-idioma (Uhrspache), es decir, el idioma del que han surgido todos los idiomas. Yo vivo allí. Y aquí. Siempre que conozca el vocabulario y la gramática de un idioma, puedo escribir como puedo hablar. Hablar y escribir son lo mismo para mí, desde el momento en que puedo hablar un idioma, también puedo escribirlo en lenguaje literario. También te diré que simplemente he pasado más años de mi vida en Francia que en Egipto. Nunca seré francesa, pero vivo en el idioma francés.

El libro Al Haschische es el único libro de poesía que escribí en francés. Lo escribí en diálogo con Derrida, en diálogo con el pensamiento de Derrida cuando dice que escribir, registrar, hiere la unicidad del destinatario porque no nos dirigimos a una sola persona, sino a más de una. Si fuera así el uno sería herido. Yo quería, a través de este libro, escribir poesía en el lenguaje de Derrida, mantener la llamada entre líneas, y así preservar la singularidad del destinatario.

Este pensador tan importante para nosotras, ¿qué supuso para tu amistad con Derrida? ¿cuál es la relación entre filosofía y poesía para ti?
Una amistad esencial, como dijo mi amigo filósofo Xavier Papaïs en París. Mi vida se ha reducido a la mitad; antes de conocer a Derrida y después de conocerlo. La afinidad entre filósofo y poesía no tiene que demostrarse, pero digamos que es una relación esencial.

¿Cuáles son tus referentes artísticos?
Toda la buena poesía, la bella escritura, es mi referencia: de Lorca a Mellville de Guinda a Zhivka Baltadzhieva, de mis amigos Yamani, Hermes, mi amiga Sarah Riggs y Rachel Livetsky o incluso a Maged Zaher. Si quieres una referencia clásica, escritores a los que vuelvo con frecuencia, además de Derrida, son Shakespeare y Celan.

¿Sobre qué estás escribiendo actualmente?
¡Estoy escribiendo una historia en prosa, 700 páginas y en inglés!


Se ríe muy fuerte, como siempre. Fuma en su cigarrillo electrónico. Y nos marchamos.

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