El Día internacional de las Mujeres por la paz y el desarme

Hace justo un mes se cumplía esta efeméride. Más allá del día concreto, lo que se celebra nos brinda la ocasión para hablar del papel de las mujeres frente a la guerra, pero sobre todo de mujeres en los procesos y de las mujeres como actoras de paz.
MdN Concentración 2025
Concentración periódica de Mujeres de Negro en Madrid los últimos domingos de mes en la Plaza Mayor (29 junio 2025). Fuente: MdN
Mujeres de Negro contra la guerra - Madrid
22 jun 2026 19:52 | Actualizado: 25 jun 2026 08:09

Desde el año 1982, el 24 de mayo se celebra el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme. Este día fue establecido por grupos de mujeres pacifistas, feministas y antimilitaristas que se unieron contra las armas nucleares y la carrera armamentística acelerada en un contexto de Guerra Fría. Entre otras iniciativas estaba el Campamento de Mujeres por la Paz de Greenham Common. A principios de los 80, era un momento de efervescencia de los movimientos de mujeres por la paz y de urgencia frente a la amenaza nuclear en un contexto de Guerra Fría y se tenía la necesidad de reivindicarlo.

El contexto patriarcal y de militarización social en el que nos hemos educado nos ha hecho interiorizar que las personas somos violentas de forma innata y que las respuestas violentas, de guerra, son las naturales en nuestra especie. Nosotras mantenemos que la violencia es una respuesta cultural, aprendida, y por tanto cambiable.

El militarismo y el patriarcado son dos caras de la misma moneda. El militarismo es transmisor de valores machistas, naturaliza la violencia y devalúa el cuidado de la vida en toda su integridad, manteniendo una visión dicotómica del mundo. Es una apología de la muerte frente al valor de la vida, y asume como propios los valores patriarcales, despreciando por tanto todo aquello que de forma simbólica o real se asimila a lo femenino o a cualquier disidencia de género (personas LGTBIQ+, no binaries, hombres no suficientemente masculinos, etc.) o de otro tipo (desertores, objetores, apátridas, etc).

Y en la cúspide del militarismo están las guerras, que son el mayor exponente de todas las violencias contra las mujeres, la sociedad y el ecosistema. Consideramos que la fuerza, la guerra, es el lenguaje del poder de cualquier color para perpetuarse y lo utiliza de forma generalizada contra las mujeres. Las sociedades hemos dado este poder cuando nos hemos dejado engañar y manipular al aceptar el discurso de la guerra como un mal menor, necesario, hablando de guerras justas, santas o inevitables. Este engaño lo han asumido los hombres, pero las mujeres también hemos tenido nuestra cuota de responsabilidad al secundar esa postura.

Por ello nunca hemos considerado un avance la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas, porque asumir los valores militaristas y patrioteros que conllevan es hacerle el caldo gordo al patriarcado. Como decía Audrey Lorde “las herramientas del amo nunca desarmarán la casa del amo”, y aceptando y participando en las estructuras que sostienen el patriarcado, difícilmente acabaremos con él.

La Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG, WRI por sus siglas en inglés) recoge en su declaración ideológica que “las guerras son un crimen contra la humanidad”, y nosotras añadimos que perjudica de manera especial y mayoritaria a las mujeres. Creemos que es por tanto importante reflexionar sobre las causas de las guerras. Si queremos evitarlas, tenemos que actuar sobre los factores que son su caldo de cultivo y trabajar por un mundo más seguro y amable, en el que podamos vivir en paz y desarrollar los valores humanos de solidaridad, justicia e igualdad de derechos y deberes. 

Tal como reconoce la propia Organización de las Naciones Unidas, la seguridad no la dan los ejércitos o las fuerzas del orden, sino que hay que hablar de seguridad alimentaria, ambiental, comunitaria, económica, etc. Mujeres de Negro contra las guerras, desde su origen en Israel en 1988, venimos trabajado por un mundo sin violencias para sacar las guerras de la historia y de nuestras vidas, como dice nuestro lema.

La violencia sexual ha sido reconocida a nivel internacional como crimen de guerra, pero hay otras violencias que sufren las mujeres en las guerras y después, como consecuencia de ellas, para las que no se pide justicia en ningún foro, porque ni siquiera se nombran: dolor psíquico y físico; miedo; estigmatización; sentimiento de culpa que repercute en la salud; separación de familias; frustración en las expectativas de vida; pérdida de calidad de vida; empobrecimiento; soledad; traumas psicológicos de quienes regresan del frente; cuidados de los mutilados físicos o psíquicos; fractura del tejido social; pérdida de la casa y de la comunidad que nos dan seguridad y cuya ausencia nos convierte en apátridas. No hay indemnizaciones para estos daños. Hasta ahora, en ningún proceso de paz se han incluido como efectos de la guerra.

Después de las guerras, viene la recuperación de este tejido social, la recuperación de los valores y los cuidados, que siempre recaen sobre las mujeres. Y además, la justicia institucional, tras las guerras, no solo no visibiliza muchas de estas consecuencias, sino que revictimiza a las mujeres. Por eso las mujeres en algunos lugares han organizado sus propios tribunales, creados para dar un espacio de seguridad y justicia transicional, donde las mujeres se puedan sentir reconocidas, respetadas y apoyadas. Este es el caso del llamado Tribunal de Mujeres de la Antigua Yugoslavia: un enfoque Feminista de la Justicia celebrado en Sarajevo en 2015 tras varios años de preparación.

Poco a poco, los planteamientos feministas frente a las guerras y en torno a la construcción de la paz y la seguridad humana han entrado en las instituciones, y quizá el hito más importante sea la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad sobre mujeres, paz y seguridad publicada en el año 2000 (y otras posteriores que la complementan). Aunque nos congratula que en ella se señale de forma explícita la necesidad de que las mujeres participen de forma activa en las negociaciones de paz, no deja de tener un carácter patriarcal y militarista, representando la guerra y el conflicto militar como un hecho natural e inevitable. Además, pocas son las mesas de negociaciones donde las mujeres se hayan sentado como participantes de pleno derecho. Un caso que sí queremos destacar es el de las negociaciones de paz de Colombia, donde hubo representantes de la Ruta Pacífica de las Mujeres a lo largo de todo el proceso, y se consiguió que el acuerdo de paz recogiera varias de las exigencias que planteaban las mujeres. Sin embargo en otros muchos procesos la presencia de mujeres ha sido anecdótica, cuando no inexistente.

MdN Concentración 29 junio 2025-2
Fuente: MdN

Queremos dejar constancia de que sí hay otra forma de hacer las cosas para que haya más justicia, equidad y solidaridad. Por eso reivindicamos que en las mesas de negociación de Paz haya mujeres que aporten este bagaje, para que la paz sea verdadera y no un mero reparto de poder.

Pero más allá de las negociaciones formales, a lo largo de la historia ha habido mujeres que han dicho no y se han opuesto a las guerras, que han desobedecido, que se han declarado objetoras. Decía Cynthia Enloe que “cuando pensamos en la objeción de conciencia, en principio pensamos en los hombres. Lo presuponemos”. Y es verdad que objetoras al servicio militar no hay tantas, pues son pocos los países que donde la conscripción obliga también a las mujeres –uno de ellos, Israel. Pero las mujeres objetamos a las guerras y al militarismo, al reclutamiento forzoso –no ya de ellas, sino de sus seres queridos (recordemos a las madres rusas que iban a buscar al frente checheno a sus hijos para traerles a casa)–, a las intervenciones armadas, al gasto militar, a la militarización social y al patriarcado.

Hilal Demir, objetora turca, sintetiza estas razones: “Cuando pensaba en qué poner en mi declaración pública, tenía muy claro qué puntos quería explorar en mi texto: causas de las guerras, cómo se usa a las personas en las guerras, cómo el militarismo presente en la vida cotidiana nos prepara psicológicamente para las guerras y la violencia, cómo perpetúa este sistema una vida social estructurada en torno a los papeles de género. En mi declaración quería rechazar todos estos puntos”.

El 24 de mayo es un buen día para recordar a todas esas mujeres que trabajan por la paz y los derechos humanos y que se oponen a la guerra y sus causas. Pero también cualquier otro del calendario. Recordamos a nuestras predecesoras, las mujeres que se opusieron a la Primera Guerra Mundial, las pacifistas que en la Guerra Civil apoyaron a la república desde la retaguardia colaborando con labores civiles pero fundamentales (sanidad, evacuación de niños y niñas, etc), las mujeres del Campamento de Greenham Common, etc., y ponemos en valor el trabajo actual de muchos grupos de mujeres feministas y antimilitaristas como las mujeres inglesas que siguen año tras año organizando campamentos en diversas bases militares, la Ruta Pacífica de Mujeres de Colombia, y al resto de colombianas, empeñadas en el Proceso de Paz de Colombia y en desterrar la cultura que la guerra les ha impuesto durante todos estos años, las mujeres palestinas que desde 1919 se han trabajado contra la colonización de su tierra mediante estrategias de boicot, huelgas de consumo, creación de cooperativas, marchas y protestas y confrontación con el ejército israelí, especialmente contra el levantamiento del muro y la destrucción de sus casas, participando en los comités locales y organizando la supervivencia en los campos de refugiadas. Ellas también son encarceladas, sufren torturas y violaciones y siguen manteniendo su lucha noviolenta ante el Genocidio en Gaza, y como no, el trabajo de nuestras compañeras de la red Internacional de Mujeres de Negro contra las guerras, entre las que queremos destacar a las Mujeres de Negro de Belgrado y su trabajo contra la impunidad de las guerras y sus responsables, que tan caro les está costando.

A pesar de las condiciones adversas y los peligros a los que se exponen, mujeres de todo el mundo trabajan cada día a favor de la paz y contra la guerra, desde territorios inmersos en conflictos armados o guerras. También lo hacen en zonas sin conflictos declarados, denunciando a los gobiernos y los actores armados implicados en el desarrollo, el tráfico y la exhibición de armamento destinado a la destrucción y/o la muerte.

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