¿Qué importancia tiene para África lo que está sucediendo en Palestina?

“Actuar respecto a Palestina es decidir qué somos y en qué estamos dispuestos a convertirnos”, exponen el investigador argelino Raouf Farrah y la escritora sudafricana Suraya Dadoo.
13 jun 2026 10:48 | Actualizado: 14 jun 2026 09:51

A ojos de un lector no especializado, los asuntos africanos y la cuestión palestina pueden parecer temas alejados. Se trata, según el investigador argelino Raouf Farrah y la escritora sudafricana Suraya Dadoo, de una percepción miope. Para mostrarlo han editado “Rising for Palestine: Africans in Solidarity for Decolonisation and Liberation (Pluto Press, 2025), una antología que incluye a veinte autores, palestinos y africanos, para explicar como la actual situación en Palestina es importante para el continente africano, y viceversa.

Según explica Farrah a El Salto, se trata de “la primera antología escrita en solidaridad con la descolonización y la liberación”. Lejos de la visión que reduce la causa palestina a un mero conflicto árabe-israelí, el libro la sitúa como un punto neurálgico de la lucha anticolonial global. “África ha padecido colonialismo, apartheid, genocidio. El siglo XX empezó con el genocidio de los namas y herero en Namibia y terminó probablemente con el de Ruanda”, explica Farrah. “Por eso vimos conexiones: no solo históricas por la violencia de la ocupación, el genocidio y el apartheid, sino también por los paralelismos en los movimientos de resistencia que unen África y Palestina”.

Una historia olvidada

Durante el quinto Congreso Panafricano de Manchester de 1945, cuando el continente africano —con la excepción de Etiopía y Liberia— estaba en manos de los colonizadores europeos, la cuestión palestina fue un tema importante. Para los africanos, la partición de Palestina formaba parte de una maniobra del imperialismo estadounidense y sus aliados en la región. Se trata de un hilo de pensamiento que aparece en capítulos como el de la feminista ugandesa Rosebell Kagumire: “No se puede entender la idea del estado de Israel sin el concepto de construcción colonial, que responde a factores como la colonización británica de ese territorio o el trato dado al pueblo judío en Europa”, cuenta. Para ejemplificar la esencia del problema, Kagumire cita al escritor zimbabuense Panashe Chigumadzi: “No podremos tener paz en el mundo, o terminar con el apartheid y el colonialismo, hasta que los europeos aprendan a vivir con sus propias contradicciones sin expulsarlas de sus tierras o a las tierras de otros”, zanja.

Las relaciones entre Israel, Palestina y el continente africano han bailado históricamente al ritmo de los eventos geopolíticos. Durante los años del apartheid sudafricano, Israel mantuvo vínculos con el régimen supremacista blanco; mientras tanto, la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) ayudó a los opositores del apartheid, liderados por el Congreso Nacional Africano, con apoyo logístico y entrenamiento militar. “La declaración de independencia de Palestina en 1988 se hizo en Argelia, y cuando la OLP fue expulsada del Líbano en 1982 encontró refugió en Túnez”, recuerda Farrah.

Afianzando dictaduras a través de la tecnología

La historia que une Palestina con los africanos se ha invisibilizado deliberadamente, según Farrah, aunque también apunta que la Autoridad Palestina, con el paso de los años, descuidó su conexión con el Sur Global: “Solo a través del caso de Sudáfrica en la Corte Internacional de Justicia se ha revitalizado esta memoria, pero Sudáfrica sigue siendo una excepción, por su historia moral con el apartheid”, dice. La batalla por la influencia en el continente se sigue dando, con un estado israelí cada vez más activo en campos como la tecnología militar, especialmente en el ciberespionaje. Uno de los aspectos que documenta el volumen es cómo la tecnología de control israelí se prueba primero sobre vidas palestinas y luego se exporta a África para apuntalar regímenes dictatoriales como los de Uganda, Togo o Ruanda.

El capítulo de Yotam Gidron desmenuza la política israelí en el continente: Israel se ha presentado como proveedor de soluciones en sectores como la seguridad, la agricultura o el acceso al agua; a cambio, busca aliados con los que contar en las votaciones de Naciones Unidas. También usa la religión, tal y como apunta un capítulo centrado en el “sionismo cristiano”, cada vez más activo en países como Nigeria, Uganda o Malawi. Es un campo con potencial: “Hacia 2050-2060 África tendrá una de las mayores comunidades cristianas del mundo, y muchas iglesias pentecostales presentan a Israel como la tierra prometida”, dice Farrah. Una muestra de estos vínculos: cuando hubo que sustituir la mano de obra palestina que trabajaba en la agricultura israelí, Malawi prometió mandar 3000 personas para cubrir estas bajas. Con todo, muchos de estos países no presentan aún un patrón de voto alineado del todo con Israel en Naciones Unidas. Según Farrah, esto se debe a dos hechos: los gobiernos africanos todavía respetan ciertos principios del derecho internacional y, en muchos casos, las poblaciones africanas simpatizan más con los palestinos que con el estado de Israel.

Sin resolver Palestina, no podemos resolver muchas cosas en África

Kagumire pone el foco en un aspecto a menudo olvidado: el papel del feminismo africano en las luchas sociales. “Las mujeres feministas africanas han estado en el corazón del movimiento anticolonial”, afirma. Recupera en ese sentido el pensamiento de la feminista senegalesa Awa Thiam, que explicaba cómo las mujeres negras africanas sufrían diferentes niveles de violencia bajo la ocupación colonial, no solo como africanas o negras, sino también como mujeres. Ese marco intelectual, dice Kagumire, es fundamental para entender que la colonización no afecta a todos por igual y que, dentro de los propios movimientos de liberación, se reproducen violencias patriarcales que es necesario desmontar. Por eso defiende la necesidad de visibilizar las voces disidentes: palestinos queer, mujeres palestinas, y grupos que en muchas ocasiones se enfrentan a la discriminación dentro de la propia comunidad. “El opresor siempre va a secuestrar las contradicciones internas y proyectarse como el salvador”, advierte.

La conexión geográfica, subraya Kagumire, tampoco debería ignorarse. “Palestina está justo en la puerta de África, como si fuera otro continente lejano. Pero está ahí, en la frontera con Egipto, y todos esos países tienen generaciones de relaciones.” Cuando la OUA observaba cómo Israel ocupaba tierras egipcias, la cuestión palestina ya era una cuestión africana. “Sin resolverla, no podemos resolver muchas cosas en el continente, no solo ideológicamente, sino porque la experiencia está vinculada a esas violencias y a la ocupación colonial.”

Cuando se le pregunta por el modelo de solución, Kagumire es tajante: para ella, la solución de dos Estados ya está desmontada. “¿Qué dos Estados cuando una de las partes está siendo expulsada y el imperio se está expandiendo?”, pregunta. “¿Por qué debería un pueblo compartir su tierra con un colonizador?” En Gaza apenas queda franja, añade; en Cisjordania se está borrando lo poco que quedaba. Para Kagumire, son los palestinos quienes deben determinar su futuro. “No puedes exterminar a un pueblo y luego venir a decidir adónde debe o no debe ir. Es completamente su derecho, porque es su tierra.”

El libro ha recibido el respaldo de figuras como Francesca Albanese, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado, John Dugard, parte del equipo legal sudafricano que intervino en la denuncia contra Israel en el Tribunal Penal Internacional, o el intelectual tanzano Issa Shivji. Para los editores, Raouf Farrah y Suraya Dadoo, lo que suceda en Palestina tendrá una influencia global, tal y como explican en el cierre del volumen: “Actuar respecto a Palestina es decidir qué somos – y en qué estamos dispuestos a convertirnos. Fallarle a Palestina es fallarle a la historia anticolonial de África y a su futuro”.

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