Las mujeres, nueva punta de lanza en las protestas antiinmigración en Países Bajos

En Países Bajos las protestas antiinmigración han repuntado. En las llamadas “marchas de mujeres”, son ellas, junto a los niños, las que caminan por delante. Activistas denuncian la instrumentalización de estas mujeres y sus criaturas.
Marcha mujeres Países Bajos
Marcha de mujeres hacia un centro de acogida en Países Bajos. Autor: Samuel Witteveen Gómez

Lisa tenía 17 años cuando volviendo a casa de madrugada el verano pasado fue asesinada. La noticia recorrió el país como un escalofrío y muchas mujeres alzaron la voz: ellas también se sentían inseguras, yendo a casa solas, de noche, en calles mal iluminadas. Pero la tristeza unánime pronto se quebró. La líder del partido extremista Foro por la Democracia (FvD) Lidewij de Vos no tardó en vincular la muerte de Lisa al origen del sospechoso, un solicitante de asilo de origen nigeriano: “Si las fronteras no estuvieran abiertas, Lisa hubiera llegado a casa.” Y en los días posteriores se recordó a la joven en los estadios de fútbol, mientras las gradas se pintaban con los colores de la bandera nacional.

El nombre de Lisa sigue sonando con fuerza en Países Bajos, especialmente en las últimas semanas cuando las protestas antiinmigración han repuntado. Los centros de acogida son el objetivo principal de los manifestantes, provocando en varias ocasiones disturbios violentos, como el pasado 12 de mayo en la localidad de Loosdrecht, donde un centro en que permanecían 15 refugiados fue incendiado con pirotecnia pesada. Las bengalas y las capuchas negras, sin embargo, se mezclan con otras protagonistas. En las llamadas “marchas de mujeres”, celebradas en varios municipios del país, son ellas, junto a los niños, las que caminan por delante.

Recorrerse todo YouTube

Es un sábado desapacible, pero eso no hace decaer el ánimo entre las 60 mujeres que se congregan en Hellevoetsluis, una pequeña localidad costera al sur de Róterdam. El color rosa predomina. También es el color de los chalecos que distinguen a unos 15 hombres. Ellos serán quienes escolten la marcha y dicen estar ahí para “garantizar la seguridad”.

A la pregunta de si han experimentado situaciones inseguras por la presencia de inmigrantes, dicen que no, aunque añaden: “Cuantos más refugiados, mayor riesgo”

Els y Paula, “sin apellido”, son vecinas y han venido juntas con sus carteles hechos a mano. A la pregunta de si han experimentado situaciones inseguras por la presencia de inmigrantes, dicen que no, aunque añaden: “Cuantos más refugiados, mayor riesgo. Un niño violado es uno de más”. Els, que asegura estar ahí no solo por las mujeres y niños, sino en protesta por el “reemplazo de la población neerlandesa”, tiene un hijo dependiente. Sin marido –“los hombres son unos cobardes– se dedica desde hace 20 años a cuidar de él y apenas sale de casa: “He podido recorrerme YouTube entero”.

Otra vecina, Els van Noord, lo tiene claro: “A Lisa la acribillaron, por eso estoy aquí”. Preguntada sobre qué nota ella misma y qué oye en su entorno, la mujer recuerda que esperando en la caja del supermercado “un polaco” la tocó por detrás. “Esos hombres solo nos miran como objetos sexuales”. Aunque “los refugiados” se han convertido en Países Bajos en el objetivo de las protestas, en ocasiones se incluyen en las quejas a personas que migran por otras razones. Miranda van Driel, la organizadora de la marcha, también habla de un supuesto choque de valores: “Se trata de hombres que vienen de una cultura completamente diferente. Antes las mujeres podíamos caminar solas por la calle, ahora ya no”.

un portavoz del Ayuntamiento responde que en los dos años desde la llegada del barco con 150 solicitantes de asilo “no ha habido un incremento de la criminalidad”. “La acogida de los refugiados transcurre, por lo general, con tranquilidad”

A apenas unos minutos a pie de donde se reúnen las manifestantes, un viejo crucero fluvial da hospedaje a 150 solicitantes de asilo, mayoritariamente hombres. Muchos proceden de Siria, además de Turquía, Yemen, Eritrea e Irán. A preguntas realizadas por El Salto, un portavoz del Ayuntamiento de Voorne aan Zee –el municipio donde se incluye Hellevoetsluis– responde que en los dos años desde la llegada del barco “no ha habido un incremento de la criminalidad”. “La acogida de los refugiados transcurre, por lo general, con tranquilidad”. Debido a la ley nacional que regula la acogida, el municipio debe dar alojamiento a otras 388 personas, una obligación controvertida que domina la política local. Tanto manifestantes como concejales críticos expresan su rechazo refiriéndose a la inseguridad.

Arjan Blokland, catedrático de criminología en la Universidad de Leiden, explica por teléfono que no hay diferencias significativas entre los delitos cometidos por refugiados y el resto de la población neerlandesa. Sí es cierto que los varones jóvenes son más proclives a incurrir en infracciones, precisamente el grupo de refugiados contra quienes apuntan las manifestantes. Algo que corrobora Jos Kuppens, que monitoriza el impacto de centros de acogida para Bureau Beke. “La mayoría de las quejas tienen que ver con chicos jóvenes. El delito más común es hurto en comercios. Cuando se trata de delitos sexuales, suelen ser silbidos, piropos o tocamientos”. Ambos expertos destacan, sin embargo, que en comparación con chicos neerlandeses de la misma edad, las cifras apenas varían. “La discusión se centra en el origen, como si en otros países fuera parte de la cultura molestar y violar a mujeres. Pero eso no es así”, dice Blokland.

Xenofobia disfrazada de feminismo

“El miedo que muchas mujeres sienten es real”, dice Claire Derckx, “pero es perverso echarle la culpa a personas que vienen huyendo y ni siquiera tienen un hogar.” Derckx es escritora y activista por los derechos de las mujeres. Ella fue una de quienes, tras la muerte de Lisa, puso el asunto de la inseguridad sobre la mesa y recuerda: “La mayoría de las mujeres que sufren violencia de género son víctimas de su propio entorno, familia y parejas. No de extraños en la calle. Lo que aquí vemos es xenofobia disfrazada de feminismo”.

“La mayoría de las mujeres que sufren violencia de género son víctimas de su propio entorno, familia y parejas. No de extraños en la calle. Lo que aquí vemos es xenofobia disfrazada de feminismo”

El Servicio General de Inteligencia y Seguridad –el AIVD por sus siglas en neerlandés– alerta en su informe más reciente sobre la estrategia de normalización de la extrema derecha: “[Partes del movimiento] presentan su ideología de una forma más moderada para parecer más aceptables, mientras que, entre bastidores, persiguen el objetivo de un “etnoestado blanco””.

Entre tanto, el debate sobre la inmigración sigue monopolizando la política neerlandesa. Aunque el gobierno del liberal Rob Jetten ha prometido endurecer la política de asilo y “recuperar el control”, sigue sin conseguir avances después de tres meses de gobierno, algo que carga de munición a la oposición ultraderechista.

El diputado israelí-neerlandés Gidi Markuszower ha cobrado protagonismo recientemente con un estilo durísimo. Markuszower y otros seis parlamentarios se escindieron a principios de año del partido de Geert Wilders, desencadenando una lucha por el electorado ultraderechista. A preguntas de un periodista sobre la llegada de refugiados palestinos, Markuszower declaró la semana pasada: “[los refugiados palestinos] deben ser frenados con violencia, con más violencia quizá de la que huyen”.

El primer ministro Jetten –que podría necesitar a Markuszower y su grupo de diputados para aprobar los recortes por el incremento del gasto militar– reaccionó en términos generales: “Toda llamada a la violencia es detestable”. Tras las críticas en el seno de su partido, Jetten fue más allá: “Sería bueno que Markuszower se retractara de forma más contundente. Si no, la cooperación será complicada”.

“Que vengan si se atreven”

La marcha de mujeres transcurre tranquilamente por las calles de Hellevoetsluis, mientras algunos conductores apoyan sus reclamas con pitidos de claxon. Los hombres con chalecos rosas solo intervienen cuando tres chicos de origen norteafricano se quedan mirando la marcha desde la acera. Dos de los escoltas se interponen, como queriendo formar un muro. Otro de ellos dice: “Que vengan si se atreven, somos muchos más”.

“En estas protestas se instrumentaliza a mujeres y niños, con la idea de que son seres inocentes y vulnerables que deben ser protegidos”, dice la activista Claire Derckx

“En estas protestas se instrumentaliza a mujeres y niños, con la idea de que son seres inocentes y vulnerables que deben ser protegidos”, dice la activista por los derechos de las mujeres Derckx.

Al concluir la marcha, Diana, una vecina de la localidad toma el micrófono: “¿Qué demonios hay dentro de ese barco? Nadie lo sabe. Nuestros niños pasan por ahí. A este paso vamos a acabar igual que Róterdam.” En la cercana Róterdam –una metrópoli hiperconectada donde se encuentra el principal puerto de Europa– el 55% de la población tiene al menos un padre o madre nacido en el extranjero. Es un ejemplo recurrente durante la marcha de mujeres. El escenario a evitar.

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