Opinión
Me he comprado un funcionario
Cuando vinieron a buscarme a mí, ya no quedaba nadie que pudiera protestar.
(Martin Niemöller, 1946)
Hoy es miércoles. Son las 8:01 y estoy poniendo en marcha toda la maquinaria cibernética de mi despacho en la universidad. De golpe, empieza la suite en re menor:
8:15 Falta
8:17 Sin falta
8:19 Retraso
8:30 Sin retraso
He recibido cuatro notificaciones del mismo profesor de mi hijo, el que va al instituto, el niño, también el profesor va, claro, aunque esta semana no sé quién va y quién no, por la huelga docente. Hago el primer pensamiento: si el profe tiene que hacer esto por cada uno de sus 29 alumnos de la asignatura de Taller de Economía, ¿qué tiempo le queda para enseñarles que los millonarios de Silicon Valley lo son por meritocracia, resiliencia y la colaboración de algún ejemplar de esta especie mítica llamada business angel? Bueno, dejémoslo estar. Bastante tengo con los mil informes encima de la mesa para ponerme al día después de la baja.
8:45 No hace los deberes… me cago en la mar.
Es el primer día, desde que volví a trabajar después de una baja laboral que casi me mata, en que tendré media hora para poder tomar un café por la tarde con mi amigo R. Le envío un whatsapp. Tarda una hora y cuarto en responder: “hoy no puedo, tengo trescientos exámenes por corregir y tengo que preparar todo el material de clase para la semana que viene”. “¿Pero tú no estás de huelga?” “Estoy de huelga en el horario “lectivo”. En todas las horas que cada día le dedicamos a los niños, once meses al año, no puedo hacer huelga, ¿quién se daría cuenta?”. Su respuesta me pilla mirando una nueva notificación:
9:45 Ha hecho los deberes
Solo faltaba, para eso va al instituto.
10:10 No lleva el material a clase.
La última vez que le pregunté al nano por este tipo de notificaciones me respondió: son las fotocopias que se tienen que comprar en conserjería, pero como solo hay una conserje, tiene que hacer las fotocopias cuando las pedimos, uno por uno, ni en los descansos puedo (por eso las notificaciones de retrasos entre clases), ni en el patio, ni… bueno, que ya lo haré, ¡no me agobies!
11:15 Falta
Pasa el tiempo, 11:30, 11:45, 12:00… a las 12:30 decido llamar al instituto para ver dónde para el pardillo. Es buen chico, pero nunca se sabe qué puede haber pasado. No me cogen el teléfono en Conserjería, no me cogen el teléfono en Secretaría. Se lo digo a mi compañero de despacho, mientras compruebo que la llave del coche todavía la llevo en el bolsillo derecho de los pantalones. No, no está. Cojones, dónde están las llaves. En la mochila no, encima de la mesa no, bolsillo de la chaqueta, no… me enciendo por momentos, maldiciendo al instituto y toda su retahíla de gente. Como soy torpe, me doy un golpe contra la mesa de mi compañero y la llave del coche se me clava en el muslo izquierdo. Claro, por la mañana, cuando he llegado, he saludado a un par de compañeras del personal de jardinería, que ya se marchaban. Su turno empieza a las 4:00. Sí, compañeras, aunque sea una subcontrata, no dejan de ser empleadas públicas. Todo aquel que cuida de la cosa pública es empleado público, funcionario, palabra que dentro de poco los diccionarios normativos aceptarán como primera acepción: insulto a aquel que pasa el tiempo mirando las musarañas, almorzando, tocándose los huevos y el coño de los contribuyentes (metafóricamente hablando, claro), robándoles una pasta de los impuestos que pagan para mantener esta manta de gandules.
Llego al instituto. 12:40 Sin falta. 12:42 Retraso.
Estoy encendido y eso lo nota la conserje, lo nota el personal de Secretaría, lo notan tres profesores, dos alumnos, la encargada de hacer los bocadillos de la cafetería que no abrirá hasta mañana, porque el pliego de la contrata no se pudo enviar a tiempo, y lo nota el director cuando me dirijo a él con la vena del cuello a punto de estallarme. Menos mal que no tengo antecedentes familiares de problemas cardiovasculares.
12:45 Reconocimiento positivo
La notificación me llega mientras el director del instituto me dirige una de las miradas más tiernas rollo el perro es el mejor amigo del hombre que he recibido nunca. No me gustan los perros, pero eso no se lo digo. Como normalmente ya tengo tendencia a escupir cuando hablo, en estado de ebullición procuro girar la cabeza y mantener una distancia social rarita. Si el Director se ha dado cuenta, no lo hace notar. Parece buena persona.
Todo ha sido un error fruto de la falta de personal y del caos del comienzo de curso. Mi hijo ha estado “desaparecido” del sistema aproximadamente 45 minutos por culpa de la falta de personal… y del caos, también del caos.
De golpe me viene a la cabeza que en la pandemia Covid-19 y el tiempo de confinamiento, nadie estuvo “desaparecido del sistema”. ¿Por qué? Porque la infraestructura estuvo ahí. No solo el personal sanitario (funcionario o en modo funcionario en la sanidad privada). No solo el personal de seguridad pública (policías, protección civil, bomberos… funcionarios). No solo el personal de limpieza (funcionarios). También el personal administrativo, el personal técnico, el personal auxiliar, incluso el electricista del Ayuntamiento que llegó a las 6:47 de la mañana a cambiar una luz de un semáforo para que el camión que viene a abastecer el supermercado no se estrellara contra la furgoneta de reparto. También la mujer, la única de su departamento, que bajó por la tapa de la alcantarilla a las 3:16 de la madrugada para que tú pudieras cagar a gusto en tu casa, sin que la mierda inundara el parking.
No hacen huelga por sus sueldos. No hacen huelga porque tengan que hacer más papeleo. Hacen huelga porque cada vez tienen menos tiempo para ser lo que son: profesores
Los profesores de secundaria hacen huelga indefinida. Como si quieren hacerla a la japonesa (qué mito, eso). No hacen huelga por sus sueldos. No hacen huelga porque tengan que hacer más papeleo. Hacen huelga porque cada vez tienen menos tiempo para ser lo que son: profesores. Hacen huelga porque al resto de empleados públicos, que deberíamos, que deberían, hacer las tareas de eso que se llama “infraestructura” en Antropología, nos escupen a la cara un “funcionario” como quien dice un hijo de puta. Sin infraestructura no hay estructura, decía el maestro Marvin Harris. Materialismo cultural lo llamaban. Eso ya lo hará la IA, dice ahora cualquiera de los youtubers que educan a nuestra chavalería.
13:10 Habla, interrumpe, molesta a los compañeros.
¡Otra vez!
País Valenciano
La dimisión de los equipos de dirección y las protestas elevan la presión en la huelga valenciana
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