El polvorín del Mar Rojo, cada vez más cerca de prenderse

Con la excepción de Yibuti, todos los Estados ribereños están inmersos en una guerra civil, participan directamente en un conflicto vecino, han sido atacados como consecuencia de conflictos regionales o afrontan alguna combinación de estas tres circunstancias.
Puerto Berbera
Una imagen del nuevo puerto de Berbera, en Somalilandia, financiado en su mayor parte por Emiratos Árabes. Álvaro Minguito

Mogadiscio, Somalia.

1 ago 2026 06:08

A principios de julio, un avión aterrizó en Saná, la capital controlada por los hutíes, marcando el primer vuelo directo entre Saná y Teherán en más de una década, antes de trasladar a una delegación de funcionarios hutíes hasta Teherán para asistir al funeral del ayatolá Jameneí, líder supremo de Irán. El vuelo vulneró un acuerdo por el cual el gobierno yemení —internacionalmente reconocido, con sede en Adén y respaldado por Arabia Saudí— mantiene el control del espacio aéreo del país.

Un intento fallido de detener el vuelo de regreso de la delegación, unas dos semanas después —que incluyó bombardeos sobre Saná reivindicados por el gobierno yemení— provocó una represalia hutí contra Arabia Saudí. El intercambio desencadenó la escalada de hostilidades más intensa entre ambas partes desde la tregua negociada en 2022.

Los hutíes han cumplido su amenaza de atacar petroleros saudíes en el mar Rojo, reproduciendo el bloqueo que impusieron al transporte marítimo vinculado a Israel en solidaridad con Gaza desde finales de 2023 hasta 2025

Desde entonces, los hutíes han cumplido su amenaza de atacar petroleros saudíes en el mar Rojo, reproduciendo el bloqueo que impusieron al transporte marítimo vinculado a Israel en solidaridad con Gaza desde finales de 2023 hasta 2025. El medio libanés Al Mayadeen, alineado con Hizbulá, informó de que, hasta el lunes 27 de julio, se había denegado el paso a 16 buques saudíes. Además, los hutíes han lanzado ataques contra instalaciones petroleras saudíes. Se trata de su primera intervención armada en el mar Rojo desde que comenzó la guerra con Irán a principios de este año. La República Islámica, aliada de los hutíes, ha instado al diálogo mientras las tensiones siguen e en aumento. El sábado 25 de julio, un alto cargo hutí se reunió con una delegación saudí en Omán.

Los ataques han reavivado la preocupación por la vulnerabilidad de Bab el-Mandeb, un estrecho estratégico que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y se estrecha hasta unos 26 kilómetros en su punto más angosto, entre Yibuti, Eritrea y Yemen. Estos incidentes se producen apenas unas semanas después de que Irán y Estados Unidos reanudaran las hostilidades y de que Teherán anunciara el cierre del estrecho de Ormuz, otro paso marítimo crucial por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte significativa del suministro global de gas natural licuado.

Jatin Dua, académico de la Universidad de Michigan y especialista en movilidad y seguridad marítimas, explica a El Salto que, durante las dos últimas décadas, las tecnologías necesarias para interrumpir el transporte marítimo —desde drones hasta sistemas GPS— se han vuelto mucho más accesibles, lo que ha erosionado las ventajas tradicionales de las grandes armadas y los portaaviones. “Lo que estamos viendo son formas relativamente sencillas y de bajo coste mediante las cuales actores no estatales, y también actores estatales, en este caso Irán, pueden hacer que los puntos de estrangulamiento marítimos se plieguen a su voluntad”, asegura Dua. El experto añade que esto tiene un impacto significativo sobre los mercados energéticos, el comercio internacional y cualquier sector que dependa de un suministro energético estable, generando un “efecto dominó” que se deja sentir desde América hasta Asia y en todos los lugares intermedios.

En su último informe anual sobre seguridad alimentaria, publicado este mes, la ONU advirtió que las tensiones en torno al estrecho de Ormuz añadían “una capa adicional de vulnerabilidad” a la seguridad alimentaria mundial. Los precios del diésel y de los fertilizantes ya habían aumentado más de un 50 % a principios de este año, un impacto que la organización vinculó directamente al conflicto extendido en Oriente Próximo. Una interrupción similar en Bab el-Mandeb —la Puerta de las Lágrimas en árabe, en alusión a sus peligrosas aguas— podría sacudir aún más una economía mundial ya de por sí frágil.

El mar Rojo: de rivalidades episódicas a la competencia estructurada 

En los últimos años, el mar Rojo se ha convertido en uno de los principales centros de conectividad del mundo. Como asegura Federico Donelli, politólogo italiano y autor de Power Competition in the Red Sea, la región ya no es un espacio periférico situado en los márgenes del Golfo y de África Oriental.  Se encuentra en la “intersección de las principales rutas marítimas, los flujos energéticos y los proyectos de infraestructuras”, señala Donelli. En su libro sostiene que el Golfo y el noreste de África deben entenderse como una única región debido a la densidad de las conexiones políticas, económicas y sociales que existen entre ambos. Pero lo que también los une es su relación con una vía marítima de importancia crítica para el mundo.

El mar Rojo alberga una parte significativa de los cables submarinos de fibra óptica del planeta: transmite algo menos del 20 % del tráfico mundial de internet y prácticamente todos los datos intercambiados entre Europa y China. Del mismo modo que el canal de Suez, ha convertido a la región en una arteria fundamental del comercio global. Según algunas estimaciones, cerca del 15 % del comercio mundial pasa por el mar Rojo. Por ello, el ministro somalí Ali Omar sostuvo en un artículo publicado por Al Jazeera que lo que ocurre en el mar Rojo “ya no permanece como un asunto local. Configura la seguridad económica de todo el mundo árabe y mucho más allá”. Japón —la cuarta economía del mundo— exporta alrededor de una quinta parte de sus vehículos por esta ruta; unos 1.800 buques vinculados al país transitan cada año por el mar Rojo, según un informe gubernamental publicado en marzo. También es la ruta más rápida entre Europa y China: por aquí pasan aproximadamente el 60% de las mercancías en ambas direcciones.

Mientras la mayoría de los Estados del Golfo permanecieron alineados con Washington, los países africanos ribereños del mar Rojo mantuvieron relaciones mucho más cambiantes con sus respectivos patrocinadores

Al mismo tiempo, el mar Rojo se encuentra en el corazón de una de las regiones más inestables del planeta. Con la excepción de Yibuti, todos los Estados ribereños están inmersos en una guerra civil, participan directamente en un conflicto vecino, han sido atacados como consecuencia de conflictos regionales o afrontan alguna combinación de estas tres circunstancias.

La importancia estratégica de la región ha atraído desde hace mucho tiempo a las principales potencias mundiales. Durante la época colonial, Francia, Italia, el Imperio otomano, Etiopía y el Reino Unido compitieron por el control de territorios en las costas de este mar. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética hicieron lo propio para ampliar su influencia. Mientras la mayoría de los Estados del Golfo permanecieron alineados con Washington, los países africanos ribereños del mar Rojo mantuvieron relaciones mucho más cambiantes con sus respectivos patrocinadores. Egipto pasó de la órbita soviética a la estadounidense con el respaldo de Henry Kissinger, seguido por Sudán y, posteriormente, Somalia. Etiopía, que conservó una salida al mar Rojo hasta la independencia de Eritrea (1991), tomó el camino contrario tras el derrocamiento del emperador Haile Selassie por el dirigente marxista Mengistu Haile Mariam. Mientras tanto, Yemen permaneció dividido durante toda la Guerra Fría entre un sur socialista y un norte conservador y de orientación religiosa.

Nuevos actores regionales, mismos retos

En la actualidad, una nueva generación de actores regionales y globales trata de gestionar esos mismos riesgos mediante un despliegue ampliado de fuerzas navales y militares. China y Estados Unidos, junto con varios países europeos y Japón, mantienen acuerdos con Yibuti para albergar bases navales. Rusia intenta reactivar un acuerdo con Sudán, paralizado desde hace años con el objetivo de establecer una base militar. Turquía y Egipto han intensificado sus relaciones con Somalia, que posee una de las costas más extensas de la región. Ankara ha prorrogado por otros dos años el despliegue de sus tropas en el país, donde apoyan la lucha contra Al Shabaab, filial local de Al Qaeda, y entrenan al ejército somalí. Los Emiratos Árabes Unidos han invertido considerablemente en los territorios somalíes autónomos de Somalilandia y Puntlandia. Israel, recién incorporado a esta dinámica, reconoció a finales del año pasado la declaración de independencia de Somalilandia y desde entonces ha avanzado rápidamente en el establecimiento de una cooperación en materia de seguridad, para disgusto del gobierno somalí. Irán, por su parte, mantiene desde hace tiempo vínculos con los hutíes de Yemen, lo que le proporciona una influencia considerable sobre la evolución de la región y la capacidad de utilizar Bab el-Mandeb como instrumento de presión estratégica.

Muchos de estos actores persiguen agendas enfrentadas y, en algunos casos, respaldan a bandos opuestos en conflictos como los de Yemen, Sudán y, en menor medida —aunque de forma más compleja—, Somalia. Fault Lines in the Horn of Africa, un informe del American Enterprise Institute con sede en Washington, describe la compleja red de alianzas que está surgiendo en la región y la divide entre lo que denomina “un eje de actores estatales y no estatales revisionistas respaldado por Emiratos Árabes Unidos y apoyado por Israel”. En este bloque se incluirían las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán, Somalilandia, Puntlandia y Etiopía. Frente a él estaría “una coalición de Estados africanos defensores del statu quo [Sudán, Eritrea y Somalia], alineados con Egipto, Arabia Saudí y Turquía”. La Fundación Mediterránea para Estudios Estratégicos, un centro de estudios francés, ha advertido de que el mar Rojo se encuentra en un “punto de inflexión estratégico”, pasando de “rivalidades episódicas” a una “competencia estructurada”, una tendencia que vincula a acontecimientos como el reconocimiento israelí de Somalilandia.

Donald Trump ha patrocinado un acuerdo para impulsar un pacto de cooperación nuclear civil con Arabia Saudí, otorgándole, como escribió el columnista de The Guardian Kenneth Roth, “las mismas opciones nucleares que juró que Irán nunca tendría”

Más recientemente, Estados Unidos ha tratado de influir en la evolución de la región en un contexto de creciente frustración entre sus aliados por las consecuencias que la guerra con Irán tiene sobre su seguridad y sus economías. El enviado estadounidense para África, Massad Boulos, reunió recientemente en El Cairo a los ministros de Asuntos Exteriores de Somalia, Egipto y Eritrea, cuyos intereses han convergido cada vez más debido a sus respectivas tensiones con Etiopía. La aspiración histórica de este país, sin salida al mar, de obtener acceso al litoral ha alimentado las tensiones con Somalia y Eritrea, mientras que su disputa con Egipto gira en torno a las aguas del Nilo.

Una decisión que ha resultado mucho más trascendental para Donald Trump ha sido su acuerdo para impulsar un pacto de cooperación nuclear civil con Arabia Saudí, otorgándole, como escribió el columnista de The Guardian Kenneth Roth, “las mismas opciones nucleares que juró que Irán nunca tendría”. La decisión ha generado alarma en Estados Unidos y ha llevado a Trump a tratar de suavizar su impacto condicionando el acuerdo a que Riad se incorpore a los Acuerdos de Abraham y reconozca a Israel, algo que Arabia Saudí había afirmado previamente que no haría hasta que Israel alcanzara un acuerdo de paz con Palestina.

Toda esta situación ha convertido el mar Rojo en un entorno cada vez más congestionado, diplomáticamente complejo y estratégicamente competitivo. Como consecuencia, tanto China como, anteriormente, la administración Biden nombraron enviados especiales dedicados exclusivamente a coordinar la diplomacia en la región. Sin embargo, a medida que los conflictos se han multiplicado y se han ido entrelazando entre sí, las relaciones históricamente más constructivas entre los países de la zona han dado paso a intentos mutuos de debilitarse y fragmentarse. En el pasado, estas disputas permanecían relativamente contenidas; hoy, en cambio, representan una seria amenaza para el comercio y la seguridad mundiales.

Yemen
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El grupo armado ha lanzado decenas de misiles contra territorio israelí desde que el Gobierno de Netanyahu retomó el bloqueo total de ayuda humanitaria en el enclave a inicios de marzo.
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