Opinión
¿Por qué lo llaman ‘turismofobia’ cuando quieren decir defensa de los derechos de los ciudadanos?

Mi Compostela ya no es mi Compostela. Ya no sé dónde quedar con mis amigos porque mis bares favoritos ya no están. Me han cambiado los estancos y los cajeros de sitio y casi todos los locales de la zona vieja son ahora tiendas de recuerdos.
Movemento veciñal e urbanismo salvaxe (5)
Peregrinos entrando a Santiago por la Porta do Camiño. Bea Saiáns

Con la subida de las temperaturas, vuelve a la palestra un tema que nos acucia todos los años. Se habla mucho de ‘turismofobia’ cuando, en realidad, el enemigo es el de siempre: el subnormalis común.

A nadie le molesta que visiten su pueblo o ciudad si la gente es civilizada y se comporta con respeto. Ni el fascismo ni el subnormalismo se cura viajando, es una cuestión de base, se trata de ser una persona educada.

Soy fumadora y siempre llevo un cenicero en el bolso. Nadie tiene la culpa de que yo tenga un vicio asqueroso. Si la gente deja de tirar basura en las calles los barrenderos no desaparecerán.

Como compostelana he vivido el fenómeno de la explosión del turismo en mi propia ciudad, pero viviendo aquí en Cantabria en un pueblecito señalado como “uno de los más bonitos de España” me he percatado de que las papeleras y los contendores se vuelven invisibles a los ojos de los turistas. Increíble cómo podía estar mi calle llena de pañales sucios por el suelo cuando se iban los coches.

Mi Compostela ya no es mi Compostela. Ya no sé dónde quedar con mis amigos porque mis bares favoritos ya no están

Lo que en invierno era un pueblo tranquilo, en primavera y verano se convertía en un infierno de gente que tenía a los locales locos. He escuchado preguntas tan estúpidas a mi ex carnicero como: “¿Por qué unos sobaos son grandes y otros pequeños? ¿Para los chorizos hay que hacer cola? ¿Estas anchoas son de aquí?”. Spoiler: era un pueblo de interior. Por no hablar de los que entraban en las casas de los vecinos para hacer fotos de los recibidores. Normal que estas actuaciones despierten un odio fuertecito hacia los visitantes.

Mi Compostela ya no es mi Compostela. Ya no sé dónde quedar con mis amigos porque mis bares favoritos ya no están. Me han cambiado los estancos y los cajeros de sitio y casi todos los locales de la zona vieja son ahora tiendas de recuerdos y franquicias. Me aferro a los negocios de siempre. Prefiero mil veces tomarme un café en el café bar El Muelle que en un puto Starbucks. Y así con todo, no hay taxis suficientes para los locales porque la demanda turista lo copa todo. Y de los precios de las cosas ni hablemos…

El Camino Francés entra por la rúa de San Pedro y los vecinos de este barrio son los que más sufren los gritos y cánticos de los peregrinos que serán todo lo católicos que sean, pero lo de querer más al prójimo que a ti mismo se lo pasan por el forro de los cojones.

Hablamos con un afectado que sufrió un altercado violento en San Pedro hace unas semanas:

¿De dónde eres y cuánto tiempo llevas en Santiago?
Soy Riccardo, italiano, y vivo en Santiago de Compostela desde hace 15 años (casi). Y siempre he vivido en el barrio de San Pedro.

¿En qué consistió el altercado del otro día en San Pedro?
Estábamos con mi pareja y el peque empezando a subir la rúa de San Pedro, justo en la esquina con la praza de Marzo, y de repente bajan un grupo de 8 ó 10 ciclistas en sentido contrario. Empezamos a decirle que no se podía bajar por allí y como si nada fuera siguieron. Yo me puse en el medio de la calle repitiendo “no se puede bajar por aquí” y de repente el último del grupo levantó el brazo y me dio un bofetón. Me quedé en blanco. Evidentemente no me lo esperaba.

Desafortunadamente, estamos acostumbrados a ver peregrinos o ciclistas en bici bajando por esta calle y, no obstante, hay un cartel al principio de la calle misma (en el cruceiro), les da igual, bajan y chao. Después de los hechos fui al hospital y a la policía para denunciar. Sobre todo, porque en la plaza hay cámaras. Pero nada, el día después me llamó la policía diciéndome que las cámaras que hay por allí no graban, son cámaras que captan solo las matrículas de los coches que entran que no son residentes, cámaras para multar, ¡nada más!.

Como persona que también viaja, ¿cómo crees que hay que comportarse en un lugar que visitas?
Más que como persona que viaja soy una persona que trabaja con el turismo porque soy Guia Turístico. Está claro que el sentido cívico y la educación son las primeras características que hay que tener cuando se viaja o si vas a vivir una experiencia nueva. Pero es verdad también que la situación en Santiago ha cambiado mucho desde que yo me mudé aquí.

¿En qué crees que ha cambiado Santiago desde este auge exagerado del turismo?
Evidentemente en los números. Si antes llegaban diez ahora llegan mil y evidentemente las reglas que había antes ya no valen para nada.

¿Qué solución propones para que no vuelvan a ocurrir estos hechos?
Mayor control por parte del Concello. Es fácil, pero parece que para ellos no, no se trata de un asunto de hace sólo unas semanas.

Increíble, ¿no? El Botafumeiro se inventó para camuflar el olor a choto de los peregrinos en la catedral, pero después de leer esta declaración las ganas de que su función fuese gasearlos, aparecen por nuestra imaginación unos segundos antes de recordar que eso no está, ni nunca estuvo, bien.

Por último, hablamos también con la dirección de Unitaria, una escuela donde se realizan actividades culturales de todo tipo, situada también en este barrio de entrada del Camino:

Como vecino del Barrio de San Pedro¿En qué medida te afecta la llegada de los peregrinos?
Me afecta como vivir dentro de un flujo continuo de mochilas con patas y palitos de trekking. No es el peregrino en sí, es cuando se convierte en industria: dejas de tener vecinos y pasas a tener tránsito constante. Y claro, no se puede hacer barrio así, ni sostener vida cotidiana cuando todo el mundo está de paso hacia el monstruo final: El Cathudrul

Solución: Catapulta desde el Monte del Gozo a Obradoiro. 

¿Qué cambios has notado en la ciudad por culpa del altísimo número de turistas?
Santiago ha pasado de ser una ciudad a ser un decorado de un parque de atracciones y a nosotros somos los NPCs. Han desaparecido cosas como ferreterías o alquileres normales, y han sido sustituidas por brunchs a 14 euros, tatuajes everywhere y pisos turísticos.  La ciudad no vive, performa, y a veces ya ni eso.

Por ejemplo, en París o Venecia el alcalde sabe entre aviones, trenes barcos o buses cuánta gente va a llegar. Aquí no se tiene ni puta idea. Porque vienen de todos lados (cada año un camino nuevo) y nadie compra una entrada. Es el único modelo turístico donde no sabes ni cuánta gente tienes dentro del sistema.

Solución: Camino inverso desde el Obradoiro con lanzallamas.

¿Qué debería hacer el gobierno local?
Primero, asumir que esto no es éxito, es saturación. Un sistema también colapsa si le metes demasiadas visitas.

Segundo, regular de verdad: limitar pisos turísticos, proteger vivienda y dejar de vender la ciudad como un pack de experiencias con mariscada incluida. 

Pero siendo sinceros el gobierno local poco va o puede hacer. Aquí quien manda es la iglesia con el patrocinio de la Xunta, y esto es una máquina imparable. Ya no se trata de civismo o incivismo, en turismo el producto es un número que tiene que crecer cada año, y eso es totalmente insostenible.

El modelo además es de los peores (para los que dicen que Santiago vive del turismo): la gente ya viene “gastada” del camino, deja los dineros por el medio y aquí poco consume o se queda. Llegan cansados y ni un cubata en el bar de al lado.

Y ojo con lo importante: la ciudad no tiene recursos para absorber esto. No puedes crecer un 15% de población de un día para otro como ya ha pasado algún año. Eso significa quedarte sin PAC, sin transporte, sin efectivo en cajeros o sin productos en supermercados. 

Solución: preguntarle a Trump por el tema. 

Pues así son las cosas y así se las hemos contando. Recuerda no ser un puto impresentable cuando viajes y ayudarás mucho a solucionar este problema que nos afecta a todos.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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