Opinión
¿Y si el futuro de la sociedad pasara por favorecer la posibilidad de una maternidad más temprana?
El rol de la madre es un rol vivo, que cambia según la sociedad, pero que siempre se ha movido dentro del mismo marco: la sociedad patriarcal. De hecho, la edad de la maternidad se ha ido adaptando a marchas forzadas a los cambios sociales, y hemos llegado asfixiadas.
En la sociedad capitalista occidental actual, para ser una madre “responsable” —y que nadie se lleve las manos a la cabeza por haber cometido una imprudencia— debes tener pareja, estudios, vivienda y estabilidad. Es decir, debes cumplir una serie de requisitos que nos empujan a ser madres más allá de los 30 o 35 años.
He estado reflexionando sobre la sociedad actual y sobre cómo se difunden cifras que indican que hoy tenemos una media de poco más de un hijo por mujer, dando a entender que el problema es que las mujeres no quieren tener más hijos y que la responsabilidad de revertir la pirámide poblacional recae en que las mujeres tengamos más. Pero yo me pregunto: ¿es viable exigirle a la sociedad que, antes de tener un hijo o una hija, cumpla con todos estos requisitos?
¿Y si, solo si, existiera la posibilidad real de ser madres cuando queremos y no cuando podemos?
¿Y si no tuviéramos que elegir entre un futuro académico o laboral y ser madres cuando queremos?
¿Y si no tuviéramos la sensación de perder el tren —el de los estudios, el trabajo, la estabilidad— mientras, al mismo tiempo, pesa la presión de que “se nos pase el arroz” si no llegamos a tiempo a la maternidad?
Recientemente he escuchado comentarios bienintencionados del tipo “hay que tener hijos jóvenes porque requieren mucha energía”. Y es cierto. La infancia requiere energía y vitalidad. Hoy en día, ser madre joven es tener hijos a los 30 años, si has podido terminar los estudios, tener estabilidad laboral y una vivienda.
Pero pensemos un momento: ¿qué pasaría si realmente se pudieran compatibilizar los estudios con la maternidad? ¿Y si la sociedad no mirara con malos ojos a las madres de 20 o 25 años?
La generación anterior ya tuvo muchos problemas para conciliar, y eso que contaban con las abuelas “desocupadas”, porque eran mujeres del “hogar” y no realizaban “trabajo”, y por tanto podían ejercer el papel de abuela como “segunda madre”. Pero eso, en la generación actual, ha cambiado.
Hoy, muchas abuelas no están jubiladas o, si lo están, son demasiado mayores para ejercer ese papel de “segunda madre”. Además, existe una reivindicación muy legítima por parte de las abuelas: no tienen la obligación de cubrir las carencias de la sociedad ejerciendo de manera forzada un rol de cuidadoras de sus nietos, cuando ya han criado a toda una generación.
Hubo una humorista muy acertada que escribió que vivimos en una sociedad que pretende que trabajemos como si no tuviéramos hijos y que tengamos hijos como si no trabajáramos. No puede ser más real ni más exacto.
Demos libertad de decisión real a las mujeres. Porque la libertad no es decidir tarde; es poder decidir cuándo.
¿Y si cambiáramos la sociedad?
Está claro que, para ejercer una maternidad cercana y presente, se necesita todo un tejido social. Nadie puede criar sola. Por tanto, pensemos en una sociedad diferente: una sociedad que no penalice a las madres jóvenes; una sociedad que, quizá, amplíe los permisos de cuidado de menores a las abuelas, no para cargarlas de responsabilidades, sino para crear tejido social.
Demos la posibilidad de estudiar con hijos: más estudios a distancia, becas parciales, no solo vinculadas a la matrícula completa del curso académico. No sé, guarderías en las universidades, por ejemplo.
Hablar de estudios es solo un ejemplo. De lo que se trata es de cambiar la mirada y adaptar la sociedad —económica, laboral y socialmente— para hacerlo posible.
Ser madre joven no es una irresponsabilidad.
La irresponsabilidad es que la sociedad pretenda mantener a las madres en un rol abnegado y dentro de un sistema que les exige cada vez más, mientras ellas —nosotras—, por coherencia, retrasamos la maternidad hasta que llegue el famoso “momento adecuado”.
En definitiva, pensemos soluciones diferentes para una sociedad diferente.
Demos libertad de decisión real a las mujeres.
Porque la libertad no es decidir tarde; es poder decidir cuándo.
Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!