Opinión
La distopia de las redes sociales y su impacto en nuestra sociedad

La sociedad actual que vive más conectada con el teléfono móvil que con la realidad del día a día está creando personas más individuales, menos empáticas y por tanto, menos sociales.

¿Pastilla roja o pastilla azul? Matrix convirtió en icono cinematográfico la distorsión de la realidad y la duda permanente entre lo verdadero y lo ficticio. Hoy en día esa línea se ha disipado tanto que las redes sociales nos confunden, nos emborronan los hechos e incluso nos indican qué estilo de vida deberíamos llevar.

Actualmente, las redes sociales nos han llevado a ese punto. Qué es verdad, qué es mentira, cómo debo ser, qué tengo que hacer en mi día a día… El pasado 3 de febrero, España limitaba el acceso a las redes sociales en menores de 16 años, después de comprobar cómo el mal uso de las mismas está llevando a jóvenes generaciones, y no tan jóvenes, a vivir en Matrix.

“Las redes no son buenas o malas, sino que su impacto depende del contexto psicológico y social del usuario” concluye el estudio Impact of Social Media on Adolescence: Mapping Emerging Needs to Build Resilient Skills (Societies). Las leyes españolas se guían por la edad de las personas para considerar si son más o menos vulnerables a esas influencias sociales: a qué edad es legal consumir alcohol, a qué edad se puede conducir o a qué edad se puede votar y ahora, a qué edad se puede acceder a las redes sociales. En esta línea, “las redes forman parte del proceso de construcción identitaria en jóvenes” concluye el artículo académico “Impacto de las redes sociales e internet en la adolescencia (Elsevier – Revista Médica Clínica Las Condes)”.


Otro estudio se reafirma en que “las redes no solo informan: moldean decisiones reales sobre salud y estilo de vida”, según Disinformation about Diet and Nutrition on Social Networks (PubMed). Qué comer, cuánto deporte hacer, qué pensar, cómo verme bien… Esto puede generar un estado de ansiedad y depresión constante al no alcanzarlos o al vivir en una exigencia continua de productividad y perfeccionismo que puede rozar la irrealidad. La comparación permanente, amplificada por la lógica de los “likes” y la validación externa, incrementa la presión por proyectar una versión idealizada de uno mismo.

Hay datos sorprendentes: los jóvenes pasan de media entre tres y cinco horas diarias en redes sociales, con estudios que apuntan a que hasta un 90% las utiliza a diario. Muchos adolescentes superan las cuatri horas conectadas a internet, mientras que el uso de pantallas en general (incluyendo ocio) puede alcanzar entre cinco y ocho horas diarias. Los jóvenes ven el mundo a través de la ventana de las redes sociales y en ellas, “el problema ya no es la falta de información, sino el exceso desordenado de ella”, según el informe Infodemics and Health Misinformation (PubMed) lo que lleva a la confusión y el desorden de las ideas y los valores.

La desinformación, la información excesiva, los ideales de vida no solo afectan a los jóvenes, adultos también se están dejando influenciar por bulos, fake news y realidades distorsionadas

La cuestión se vuelve especialmente sensible al abordar la salud mental. En España, el suicidio es la principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años. Aunque se trata de un fenómeno multicausal, distintos estudios analizan factores como el ciberacoso, la presión social y la exposición constante en entornos digitales como elementos que pueden agravar situaciones de vulnerabilidad previa.

El estudio español, resultado del trabajo conjunto entre Red.es, Unicef España, Universidad de Santiago de Compostela y Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática llega a conclusiones como que al entrar en contacto con las redes sociales, “a un mundo genial y maravilloso. Puede que te sientas deprimido porque no es real ese mundo. Aquí entras en contacto con un mundo bonito que no está a tu alcance offline. Y llega la depresión porque a este adolescente le gustaría ser como algún influencer, pero no lo es”, aclara Fulvia Prever, referente internacional en adicciones conductuales en mujeres (International Society for the Study of Behavioral Addictions).


La desinformación, la información excesiva, los ideales de vida no solo afectan a los jóvenes, adultos también se están dejando influenciar por bulos, fake news y mensajes que tienen como fin crear realidades distorsionadas. La sociedad actual que vive más conectada con el teléfono móvil que con la realidad del día a día está creando personas más individuales, menos empáticas y por tanto, menos sociales. A esa conclusión nos lleva la Fundación de Sociedades Digitales que afirma que: “Las redes sociales fomentan el individualismo al priorizar el “yo”, la auto-promoción y la validación constante, creando burbujas digitales que derivan en soledad y narcisismo. Aunque conectan virtualmente, el uso excesivo suele reducir la empatía y la responsabilidad colectiva, aislando a los usuarios en sus propios perfiles”.

Quizá la verdadera elección no sea entre la pastilla roja o la azul, sino entre aceptar pasivamente esa mediación o desarrollar una mirada crítica capaz de distinguir la realidad de su representación digital, ¿estamos preparados para hacer un buen uso de las redes sociales?

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Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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