Opinión
Arromanticismo, la “A” oculta de LGTBIQA+

La “A” en LGTBIQA+ representa a la asexualidad o a las personas dentro del espectro asexual (ACE). Pero es poco conocido es que la “A” también representa al arromanticismo o a las personas en el espectro arromántico (ARO).

Activista trans nobinarie, integrante de Sexualiarte.
@alanaqueer

4 feb 2026 06:00

La “A” en LGTBIQA+ representa a la asexualidad o a las personas dentro del espectro asexual (ACE). Aunque hasta ahora todavía hay mucho desconocimiento respecto a la asexualidad, incluso dentro del colectivo LGTBIQA+, todavía menos conocido es que la “A” también representa al arromanticismo o a las personas en el espectro arromántico (aro). Quizás sería mejor poner LGBTIQAA+, para hacer visible al arromanticismo, que se queda oculto detrás de la asexualidad. Y, si hay confusión sobre lo que es la asexualidad, existe todavía más confusión sobre qué es el arromanticismo. ¿Qué significa ser una persona aro (arromántica)?

Muchas personas nobinarias somos también asexuales y/o arromántiques. Y al revés: muchas personas asexuales y/o arrománticas no se identifican dentro del binarismo de género

Escribo este artículo como persona aroace, es decir, como persona arromántica y asexual. También soy una persona nobinaria, y no creo que esto sea una casualidad. Muchas personas nobinarias somos también asexuales y/o arromántiques. Y al revés: muchas personas asexuales y/o arrománticas no se identifican dentro del binarismo de género.

En este artículo quiero centrarme especialmente en el arromanticismo desde mi perspectiva subjetiva. No pretendo escribir en nombre de todas las personas arrománticas.

¿Qué es el arromanticismo?

La asexualidad es definida como ausencia de atracción sexual. Similarmente, el arromanticismo se puede definir como la ausencia de una atracción romántica, donde quiero hacer notas que utilizo el término “ausencia” y no “falta”, que se usa habitualmente. Es decir, una persona arromántica no siente atracción romántica.

Dice Celia Gutiérrez en La revolución (a)sexual: “Un concepto clave a la hora de hablar de sexualidad y relaciones sexoafectivas y que cobra especial importancia en el activismo asexual” [y arromántico, diría yo] “debido a la necesidad de distinción y definición es la atracción. Esta se define como una fuerza mental o emocional que vincula a dos o más individuos. Aunque se pueden sentir varias hacia la misma persona, cada una de ellas es independiente de las otras”.

Como veremos más adelante, existen muchos tipos de atracción. Celia Gutiérrez define la atracción romántica como “enamorarse de una persona, tener sentimientos de enamoramiento y deseo de establecer una relación romántica”. En esta frase hay muchas palabras con bastante mochila cultural (o ideológica): ¿Qué significa “enamorarse” o “enamoramiento”? ¿Qué significa “relación romántica”? Y, ¿si “enamorarse” es parte de la atracción romántica, una persona arromántica no puede enamorarse?

Para mí, la parte central de la definición es el “deseo de establecer una relación romántica”, que entiendo como relación de pareja, y me da igual si se trata de una pareja monógama o una pareja poliamorosa. Según un texto en AsexualpediA, “para un arromántico no hay necesidad de emparejarse con otra persona por razones románticas. Los arrománticos son capaces de sentir amor —amor afectivo, como el que existe entre una madre y su hijo o el que se da entre unos mejores amigos es todavía amor—. Los arrománticos tienen emociones, no son personas frías o sin corazón” (disculpas por el masculino genérico... es del original).

Entonces, hablamos de la atracción hacia otras personas o, mejor, atracciones, ya que hay una variedad de tipos de atracción donde se incluyen la atracción sexual, romántica —y como hemos visto, esas dos no tienen que ir juntas, y tampoco juntas con otros tipos de atracción, la emocional —atracción hacia otra persona que puede ser emocionalmente fuerte pero no está vinculada a formar una relación de pareja ni a lo sexual y que también se puede llamar platónica—. A esto se podría sumar la atracción sensual —el deseo de tener contacto físico pero no sexual—, la atracción estética o la atracción intelectual.

Como persona aroace, es decir, arromántica y asexual, no experimento atracción romántica ni atracción sexual, pero me quedan otros tipos de atracción que también pueden llevar a un vínculo emocionalmente profundo

Como persona aroace, es decir, arromántica y asexual, no experimento atracción romántica ni atracción sexual, pero me quedan otros tipos de atracción que también pueden llevar a un vínculo emocionalmente profundo. Tengo vínculos que se basan principalmente en la atracción emocional, otros quizás principalmente en la atracción intelectual, y también puedo sentir (y he sentido) atracción sensual. Yo, personalmente, no siento atracción estética (ni soy capaz de decir si una persona es guapa, atractiva, ...), pero esto no tiene nada que ver con ser ARO-ACE. Simplemente soy yo.

Aunque yo soy aroace, muchas personas arrománticas no son asexuales (es decir, son alosexual), y muchas personas asexuales no son arrománticas. Como los diferentes tipos de atracción son independientes, ser asexual y ser arromántique son completamente independientes.

A menudo también reducimos la intimidad a lo sexual o a las relaciones sexoafectivas, de pareja, que significaría que como persona aroace no puedo tener intimidad con otras personas. Otra vez, esto es una perspectiva muy reducida de qué es la intimidad. En su libro Radical Intimacy, Sophie K. Rosa dice: “La «intimidad» es primigenia e inescrutable, vital y esquiva. Al igual que el amor, es difícil de explicar por una buena razón: algo tan intrincadamente personal —espiritual— podría verse degradado por los intentos de definirlo de forma objetiva”. Para Sophie K. Rosa, pues, “la intimidad es mucho más (y mucho menos) que el sexo. Aunque la intimidad en general no tiene por qué incluir ningún atisbo de sexo, como experiencia puede reflejar algunas de las razones por las que las personas pueden encontrar significativo el sexo. Al igual que el sexo, la intimidad puede permitirnos acceder al deseo, el placer, el consuelo, el cuidado, la ternura, la unión y la sensación de «ser viste». La «intimidad» abarca muchos tipos de relaciones. Es una forma de estar juntes que puede incluir experiencias fugaces o duraderas de afinidad, vulnerabilidad, cercanía y amor.”

Y Mel Cassidy dice en Radical Relating: “La intimidad se define como tener una relación afectiva cercana, un entendimiento profundo, una cualidad de sentirse cómode y familiarizade con otras personas. En la intimidad, todas las partes se sienten vistas y acogidas. Podemos sentir un impulso hacia la alegría, tal vez incluso una mayor curiosidad. Nos unimos en una danza sinérgica que puede incluir emociones, deseos, pensamientos, la capacidad de navegar por los conflictos y las diferencias, y cómo exploramos y expresamos el afecto”. Nada de esto requiere una relación romántica, de pareja. La intimidad es posible en muchos tipos de relaciones.

Alex Iantaffi y Meg-John Barker nos invitan a reflexionar sobre 17 distintos tipos de intimidad, entendiendo la intimidad sexual como una más entre ellas. 

Alex Iantaffi y Meg-John Barker, en su libro How To Understand Your Relationships, nos invitan a reflexionar sobre 17 distintos tipos de intimidad, entendiendo la intimidad sexual como una más entre ellas. Otras intimidades son la intimidad de trabajo, de compartir tareas, la intimidad del juego, de la diversión, la intimidad mental, de compartir el mundo de las ideas, la intimidad del compromiso, de valores y ideas compartidas, por ejemplo del activismo, la intimidad de comunicación, la intimidad emocional, la intimidad creativa, la intimidad de acceso, es decir, de poder estar con el trauma de alguien o saber sus necesidades de accesibilidad, la intimidad de crisis, el poder acompañar al alguien en momentos de crisis, la intimidad de conflicto, la intimidad espiritual, la intimidad física, la intimidad ecológica, la intimidad kink y la intimidad del autoplacer, es decir, con une misme.

Como persona arromántica, puedo tener muchas de esas formas de intimidad con otras personas, en plural, como ninguna de ellas está intrínsecamente vinculada a una relación romántica/de pareja.

Deconstruir el amor

No solo desde el feminismo se ha criticado con profundidad el concepto del “amor romántico”, el mito de la “media naranja”, de la una persona que va a satisfacer a todas tus necesidades (de intimidad y más allá) en una relación de fusión de dos individuos en una pareja, en la que los individuos desaparecen y solo se queda la pareja. Aquí no voy a profundizar en esto.

Pero, no obstante la crítica al amor romántico, esta crítica no se extiende al concepto mismo de la pareja. Incluso las feministas más radicales siguen emparejándose. La pareja sigue siendo el modelo, casi el único, de relacionarse. Entonces, quizás tenemos que ir más allá y deconstruir no solo el amor romántico, sino el concepto de amor.

Dice Mana Muscarsel Isla en su libro La fiesta de las amigas: “Voy a trascender la crítica al amor romántico, es decir, dejar de diferenciar al amor romántico del amor verdadero y bueno para poder hablar del discurso del amor en su complejidad. Quiero ir más allá de pensarlo como un sentimiento, propongo comprenderlo como discurso y dispositivo. Voy a pensarlo como un modelo emocional hegemónico occidental que se consolida en la modernidad y va transformándose y reforzándose hasta nuestros días; una construcción y una expresión cultural de las emociones que tienden a enfatizar el amor por sobre todas las cosas, anteponiéndolo no solo por sobre los demás afectos, sino también por sobre todas las demás esferas de la vida”. Y se pregunta: “¿Por qué (…) para gran parte del feminismo, al igual que para el resto del mundo, el amor sigue siendo incuestionable? ¿Por qué sigue siendo parte de nuestras consignas?, ¿por qué el mundo parece tambalear cuando alguien cuestiona el amor?”.

Mana Muscarsel Isla ve una diferencia en la fundación de relaciones de amor y relaciones de amistad y entiende que la diferencia entre amor y amistad no es la intensidad o profundidad del vínculo, sino el proyecto

Siguiendo a Alain Badiou, Mana Muscarsel Isla ve una diferencia en la fundación de relaciones de amor y relaciones de amistad. Según ella, las relaciones construidas sobre una base de amistad tienen un devenir político, y las relaciones construidas sobre el amor se centran en la pareja, “que se abre solo a las personas «enamoradas», que además está escindido del mundo y no permite la posibilidad de transformación política”. En este sentido, la diferencia entre amor y amistad no es la intensidad o profundidad del vínculo, sino el proyecto. Mientras los proyectos de amistad se abren a la comunidad, los proyectos de amor se limitan a la dualidad, se quedan en el individualismo y imposibilitan la comunidad.

Entonces, me parece importante “descentrar el amor”, como dice Roma de las Heras en el libro Anarquía relacional. Una novela gráfica. Javier Sáez dice en El amor es heterosexual: “Aprendemos a sentir y a desarrollar afectos bajo el referente de “el amor”. Como si fueran las únicas gafas de que disponemos para ver el mundo, para sentir, para establecer vínculos, para vivir en sociedad. Todos monolingües, hablando el lenguaje universal del amor. Pero hay más lenguas, la política se escribe desde lo intraducible, desde lo incomunicable, desde códigos secretos que tenemos que inventarnos. Babel contra el amor. El amor nos vuelve codificables, comprensibles, integrables, normales. La subversión pasa por otro sitio: que no sepan qué idioma hablamos.”

En este sentido, como persona arromántica, prefiero definir a mis vínculos en esos otros idiomas, dejando al lado el lenguaje del amor. No solo no me sirve este lenguaje, me parece un lenguaje normativo, individualista y capitalista.

Otras formas de relacionarnos

Sophie K. Rosa dice en su libro Radical Intimacy, “la jerarquía establecida para las relaciones —en favor de la díada romántica y la forma de familia nuclear— se contrae y degrada intimidades más diversas y de camaradería. Este orden relacional puede resultar insular y alienante no sólo para las personas “solteras” —incapaces o que no desean formar una pareja romántica—, sino también para las que lo han hecho y siguen anhelando intimidad”.

Ser arromántique significa, al menos para mí, otras formas de relacionarme que no se centran en el amor o la atracción romántica. Algunes lo llaman amistad, pero yo prefiero hablar de “vínculos”, como la etiqueta “amistad” tienen sus limitaciones en nuestra cultura cisalosexualheteropatriarcal. Quizás nos faltan otras palabras. En la comunidad asexual y arromántica se usa a veces el termina de “relación queerplatónica” para nombrar un vinculo profundo entre dos personas que quizás puede parecerse a una pareja, aunque no hay atracción romántica.

Y, como dice Michón Neal en Aro, Eros, Arrows, la amistad es intrínsecamente no monógama. No tiene sentido tener una amistad exclusiva, que no permite otras amistades a su lado. Y, cada amistad —o cada vínculo— es único, con sus propios compromisos, acuerdos, emociones, visiones.

Personalmente, puedo diferenciar entre vínculos de apego y no de apego. Los vínculos de apego son aquellos en los que hay suficientemente intimidad, capacidad de vulnerabilidad, y compromiso para tener la confianza de que puedo contar con ellos en momentos de crisis (emocional o de otro tipo). Esto no significa que los vínculos no de apego sean menos importantes para mí. También, siempre existe cierta fluidez entre lo uno y lo otro. Los vínculos cambian, como cambian nuestras necesidades y nuestras vidas.

En una entrevista con El Salto, Mana Muscarsel Isla dice: “Habla de las redes de sostén entre amigas, pero también de las redes de cuidados entre compañeres de militancia. Habla de todas las redes de cuidados que están por fuera de la pareja y la familia. Pienso la amistad de una forma potente en términos de que es plural, habla menos el lenguaje del amor, se espera menos de ella y está más en los márgenes. Eso permite jugar mucho más porque hay menos reglas que pesan sobre la amistad. La fiesta la entiendo en el libro como un concepto muy borroneado. No es necesariamente salir a bailar o consumir sustancia —aunque podría ser—, sino un espacio que no es productivo, no nos brinda una ganancia capitalista y no se sabe lo que va a pasar; no está tan guionado. Se puede perder el tiempo, lo erótico puede circular de manera más promiscua y los cuidados también”.

Pero no es tan sencillo. Myriam Rodríguez del Real y Javier Correa Román dicen en un artículo en El Salto: “La cuestión central es comprender que la amistad ha sido vaciada de contenido material para poder centralizar la pareja. Las sociedades construyen sistemas de parentesco y afinidad que determinan qué vínculos son reconocidos y cuáles quedan en los márgenes. La pareja monógama heterosexual se constituye como el centro de estos sistemas, y el resto de relaciones (incluida la amistad) se reconfiguran en función de ella. Y: “Por tanto, no se trata simplemente de «dar más importancia a las amigas», sino de rechazar las configuraciones actuales tanto de la pareja como de la amistad para crear nuevas formas relacionales. Necesitamos «desorientar» (...) las nociones normativas del afecto para poder imaginar otras formas de habitabilidad relacional. Solo en la medida en que pensamos otras formas de amistad, la pareja deja de tener sentido como centro organizador de nuestras vidas”.

Otro modelo, u otra fiesta quizás, es la anarquía relacional, que se basa en descentrar el amor, no jerarquizar los vínculos y la responsabilidad afectiva

Otro modelo, u otra fiesta quizás, es la anarquía relacional, que se basa en descentrar el amor, no jerarquizar los vínculos y la responsabilidad afectiva. En la anarquía relacional, los vínculos sexo-afectivos (románticos) no son más importantes que otros tipos de vínculos. Esto, para mi, es una diferencia importante con el poliamor, que sigue priorizando a los vínculos de pareja(s) por encima de otros vínculos, que a mi, como persona arromántica y asexual, siempre me va a poner en un segundo plano.

Quizás no importa tanto que etiqueta ponemos a nuestra manera de vincularnos. Lo importante es que construimos otras redes afectivas y de apoyo mutuo, de cuidados, que construimos comunidad. Nick Montgomery y Carla Bergman dicen en Joyful Militancy: “Quizás el concepto de amistad ya esté demasiado colonizado por el liberalismo y el capitalismo. Bajo el neoliberalismo, la amistad es un asunto banal de preferencias privadas: quedamos, compartimos aficiones, charlamos.

Este amigue neoliberal, sigue es la alternativa a las parejas heteronormativas y homonormativas: «solo amigues» implica un vínculo mucho más débil e insignificante que el que podría tener un amante. Bajo la amistad neoliberal, no nos apoyamos mutuamente y nuestras vidas no están entrelazadas. Pero estas tendencias insípidas no significan que las amistades sean inútiles, solo que la amistad es un terreno de lucha. (...) Quizás la amistad pueda revalorizarse de una manera amplia pero específica: amistades, familia elegida y otres parientes íntimamente conectades en una red de apoyo mutuo”.

En esta lucha, nosotres, las personas arrománticas y asexuales, podemos aportar mucho, como nos salimos tanto de la hetero como de la homonorma. Estamos en lo que dicen Myriam Rodríguez del Real y Javier Correa Román: “Solo en la medida en que pensamos otras formas de amistad, la pareja deja de tener sentido como centro organizador de nuestras vidas”. Para mí, y para muchas personas arrománticas, la pareja nunca ha tenido sentido.

Opinión
La A de LGTBIAQ+ no es de amigas: apuntes de un hiperromántico ace
La alonorma impone que todas las personas sienten atracción sexual o romántica y deja de lado otras vivencias. Conocer el espectro asexual y arromántico permitiría desarticular la narrativa que nos dice cómo, cuánto y con quién nos relacionamos.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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