Opinión socias
Ortega y Gasset y el Golpe de 1932
Es el 23 de noviembre de 1932 y Azaña va dar un discurso en las Cortes sobre el Tribunal de Garantías Constitucionales. Desde el 15 de diciembre de 1931 Azaña ha resistido en su puesto como Presidente del Gobierno de coalición Republicano-Socialista a pesar de todas las dificultades y con un golpe militar de por medio. Es un Gobierno honesto, paciente, que trabaja con valentía firme, que no se vende (1).
Era un experimento para toda Europa el que España tuviera una República con un Gobierno de coalición con los Socialistas; «si saliera bien probaría que se puede hacer la inevitable transformación de la sociedad moderna sin necesidad de una revolución» (2). Para el lerrouxismo, que era «la corrupción y los negocios desde el poder» (3), como le ocurre a los dos partidos mayoritarios de hoy como son el PP(Vox) y el PSOE, la situación era inadmisible y había que destruir la posibilidad de que tuviera éxito, de que la sociedad viera que los trabajadores podían gobernar con los burgueses liberales republicanos sin que reinara el caos. Estos liberales burgueses son unos intelectuales como Azaña o abogados como Niceto Alcalá Zamora que han entendido que es positivo para el interés general de España que se gobierne en coalición con los Socialistas durante estos primeros meses de la República, porque si la situación tiene sus defectos, a la larga será positiva para todos (4). Era la única manera, en ese momento de crisis económica y social tras la Gran Depresión de 1929, de preservar el orden social, el interés general, la paz colectiva.
La oligarquía empresarial, terrateniente, caciquil, eclesiástica, y monárquica tirará de la difamación de la prensa de Madrid, que era afín al lerrouxismo (5), con el fin de preparar el ambiente para el cambio de Gobierno. Cuando eso ocurra, la República habrá dejado de existir, porque, como escribe acertadamente Santos Martínez Saura en Memorias de un Secretario de Azaña, «la República no se perdió por nada de lo que dicen los ignaros, que si debilidades republicanas, que si se debió hacer esto o lo otro, etc., sino porque la República sólo fue la coalición republicano-socialista y nadie más. Cuando se acabó lo uno, se concluyó lo otro» (6). Una vez desaparecida la coalición, el justo medio, lo que quedaba era la violencia de los monárquicos por un lado y de los anarquistas-comunistas por otro. Pero como ocurre con el medio Aristotélico, el justo medio no se trata de una mediocridad fácil de obtener sino de una excelencia equilibrada muy difícil de conseguir y, en su caso, mantener. Lo normal en la vida, en la naturaleza, son los excesos.
El arma que utiliza la derecha de Miguel Maura contra el Gobierno en este año de 1932 es que la política del Gobierno no es la República, es otra cosa (7). Ortega se suma a esta primera idea para atacar al Gobierno también. En su artículo para Luz del 29 de enero de 1932 decía que «en el Gobierno» había «y sigue habiendo hoy algunos hombres excelentísimos —intelectual y moralmente excelentísimos—, pero eran, y en parte son, prisioneros de unos tropeles irreflexivos que no saben adónde van» (8). Ortega comienza el año vendiendo la idea de que el Gobierno está preso de los Socialistas. Las dos ideas son claras: primera, lo que hacen los Republicanos del Gobierno de coalición no es lo que se suponía que iba a ser la República prometida; y segunda idea, no lo es porque los Republicanos no saben lo que hacen y no saben lo que hacen porque no saben, para empezar, que son reos de los Socialistas. La crítica no se sostiene bajo ningún concepto, pero es que Ortega representa con su voz a los empresarios, a la oligarquía, a la corrupción empresarial que quiere vía libre para controlar la política en su beneficio. Lerrouxismo. Progresía. Malmenorismo. El (das) Kapital por encima de la Democracia social.
Todo transcurre con normalidad y el 7 de marzo se reúne Ortega con Azaña para sondearle. Quiere saber sus planes para el futuro. Le adula. Le dice que tiene ganada a la nación (9). El 3 de abril vuelve a reunirse con Azaña para volver a examinarle y conocer sus planes, dejando caer la idea de que Luz defendería al Gobierno si hubiera dinero por delante (10). Parece mentira que Ortega no conozca la integridad moral de Azaña, que su vocación de político está por encima de hacer que el Gobierno sea un agente de los empresarios. Manuel Azaña no se vende como hacen otros como Yolanda Díaz. Al mes siguiente, el 9 de mayo, ya llegan noticias del complot contra el Gobierno a oídos de Azaña (11). Plata o plomo. Aumenta la presión. Azaña la ve venir. Aguanta.
Comienzan los debates sobre el Estatuto de Cataluña en mayo y toda la prensa de derechas habla de que se está desmembrando España (12). El discurso de Azaña en la Sesión de Cortes del 27 de mayo tiene perlas como estas:
§213 El Sr. Ortega y Gasset decía, examinando el problema catalán en su fondo histórico y moral, que es un problema insoluble y que España sólo puede aspirar a conllevarlo (...) El Sr. Ortega y Gasset hizo una revisión, un resumen, de la historia política de Cataluña para deducir que Cataluña es un pueblo frustrado en su principal destino, de donde resulta la impaciencia en que se ha encontrado respecto de toda soberanía, de la cual ha solido depender su discordia, su descontento, su inquietud (...) Yo no discuto la exactitud de esta descripción o percepción del Sr. Ortega; no la discuto, pero sí me será permitido decir que la encuentro un poco excesiva y, si no se toma a mal la palabra, un poco exagerada.
§214 [E]se problema moral, profundo, histórico, de que hablaba el Sr. Ortega y Gasset, adquiere la forma, el tamaño, el volumen y la línea de un problema político, y entonces es cuando este problema entra en los medios y en la capacidad y en el deber de un legislador o de un gobernante (...) A nosotros, Sres. Diputados, nos ha tocado vivir y gobernar en una época en que Cataluña no está en silencio, sino descontenta, impaciente y discorde.
§215 Cataluña dice, los catalanes dicen: «Queremos vivir de otra manera dentro del Estado español». La pretensión es legítima; es legítima porque la autoriza la ley, nada menos que la ley constitucional. La ley fija los trámites que debe seguir esta pretensión y quién y cómo debe resolver sobre ella. Los catalanes han cumplido estos trámites, y ahora nos encontramos ante un problema que se define de esta manera: conjugar la aspiración particularista o el sentimiento o la voluntad autonomista de Cataluña con los intereses o los fines generales y permanentes de España dentro del Estado organizado por la República. Éste es el problema y no otro alguno. Se me dirá que el problema es difícil. ¡Ah!, yo no sé si es difícil o fácil, eso no lo sé; pero nuestro deber es resolverlo sea difícil, sea fácil.
Ortega utiliza su Revista de Occidente para calificar el magistral (13) discurso de Azaña en las Cortes como «Tres horas en un ladrido». Azaña se pregunta a sí mismo en su diario: «¿Tan perro soy?» (14). La prensa habla de que el Gobierno ahora también está secuestrado por los catalanes. Es la tercera idea de ataque contra el Gobierno de coalición. Hay que aumentar el volumen del caos desde la prensa para que este Gobierno reo de los Socialistas y Catalanes y que hace cosas que no son las que se prometiron con la llegada de la República caiga. Es «el momento militar» del que habla ahora Melquiades (15). Aunque Ortega no puede aguantar a Lerroux, ahora mismo no se repelen, según anota Azaña en su diario. Extraña situación esta.
Llega el mes de junio y ahora se une al coro de voceros contra el Gobierno de coalición Republicano-Socialista el fundamentalista católico Gil Robles para denunciar que hay dos ministros del Gobierno (uno de ellos catalán, Carner) que son corruptos y Azaña responde en las Cortes de forma contundente defendiendo la limpieza de su Gobierno y presenta una cuestión de confianza a favor del Gobierno, que Ortega se niega a firmar (16). Días después, Azaña sabe por el redactor de El Sol, «que se mete en todas partes», que «el enojo de Ortega se descubriría en un artículo que iba a publicar en Luz» (17).
Publicado el artículo el 16 de junio, que lleva por título «Estos republicanos no son la República», Ortega viene a decir que él nunca aceptó el Pacto de San Sebastián (es decir, el Estatuto de Cataluña) y que «[s]omos más de uno y más de millares los que a los quince días de sobrevenida la República mostrábamos nuestra discrepancia de la política que pretendía interpretar su ortodoxia». Lo más duro y despreciable viene cuando da a entender que se está engañando a la nación: «Porque en la lista de los errores republicanos hay que poner entre los primeros el modo erróneo en que se hicieron las elecciones y el camouflage de la opinión auténtica que la conjunción republicano-socialista produjo entre los republicanos en casi todas las provincias» (18) . Con esto ya se unía Ortega a legitimar el golpe militar pedido por Melquiades. Dos días después, Ortega publica otro artículo en Luz. « Los artículos de Ortega son ya dos», anota Azaña en su diario. «Los reaccionarios hacen coro. A quien más gustan es a los monárquicos» (19).
El segundo artículo de propaganda golpista de Ortega en Luz lleva por título «Hay que reanimar a la República» y viene a decir que el Gobierno Republicano-Socialista no es un Gobierno de Estado sino de oposición, de revolución, partidista y por ello es una experiencia fallida. La conclusión para Ortega es que «[t]enemos hoy ante nosotros otra faena tan grande como ineludible. Ésta. Hay que reanimar la República. Hay que renovar el estado que la trajo, corrigiendo las malas interpretaciones que ha sufrido. Hay que devolver al hecho republicano español su autenticidad histórica. Hay que instaurar el sentido nacional —y no partidista— de la República» (20) . Ortega estaba diciendo que la Constitución de 1931 votada por las Cortes no era una Constitución nacional, española, en tanto en cuanto abría la puerta al Estatuto de Cataluña que se estaba votando entonces. Era la hora, como decía Melquiades, de los militares, de que los «defensores de España» la defendieran contra la «anti España». En las obras completas de Ortega editadas por Revista de Occidente en nueve (9) volúmenes (1946–1962), estos dos artículos de Ortega publicados en Luz no son recogidos en el Tomo IV correspondiente al año 1932.
Tres días después de la segunda bomba de Ortega contra el Gobierno de coalición Republicano-Socialista, en fecha de 21 de junio, el ambiente mayoritario es que el Gobierno perderá la votación del Estatuto de Cataluña en las Cortes. Maura se lo dice así a un Azaña que calla y ríe. (21) Se hace la votación y gana el Gobierno. La ley del Estatuto de Cataluña se ha aprobado por 210 votos a favor frente a 128 votos en contra. La derecha de Maura y los radicales de Lerroux están decepcionados. Pensaban realmente que el Gobierno de coalición Republicano-Socialista perdería la votación y la crisis que esto habría motivado habría sido causa de su caída. Pero no ha sido así.
El 25 de junio le «cuenta[n] el estado de la intriga política» a Azaña. «Ortega, Maura, Sánchez Román y Martínez Barrio se han reunido en la redacción de la Revista de Occi-dente. Quieren enviar un emisario a Montemayor, para comprometer en el plan a Lerroux» (22). La anotación en el diario de Azaña continúa así: «Todos se han llevado gran chasco con la votación del jueves, porque Maura les había hecho creer que el Gobierno perdería. Ortega le ha dicho a Cacho que no van contra mí, sino contra los socialistas, a quienes el país no quiere. Que cuentan conmigo para presidir otro Gobierno, en el que estarían Maura y Ortega. Dice Cacho que Ortega se ha creído durante una semana que iba a presidir el Gobierno. También le atribuye deseos de ser ministro de Estado. ¶ Le pregunto por qué Luz traía anoche un artículo muy favorable al Gobierno, comentando la votación, y dice que Ortega está indeciso. No lo creo. Le supone arrepentido de haber dado la batalla en esas condiciones». Santos Martínez Saura escribe: «[L]o que más que nada debió de decidir a Lerroux a asesorar a Sanjurjo en la aventura de Sevilla fue el llamado que le habían hecho Ortega y Gasset, Sánchez Román, Maura y Martínez Barrio para que se les uniesen en la ofensiva desatada contra Azaña y los socialistas, auspiciada por los citados y dirigida desde la Revista de Occidente , de donde salían los recados para el jefe del Partido Radical» (23).
Una última reunión con Azaña para convencerle a romper el Gobierno antes del golpe militar el 6 de julio. «Asegura Ortega que sus artículos de Luz no iban contra mí: eran un modo de tomar posición. (Este señor Ortega tiene cosas de provinciano.) Fernando le rebate lo que dijo en los artículos sobre los corros. Según Ortega, yo soy político; él, no; es semipolítico(...) Después de decir que a la República se le ha dado mala dirección desde el principio, Ortega hace un elogio de los sitios de comer que hay en Madrid y sus contornos y de la buena fruta de este año. ¶ Total: cuatro horas de conversación y ningún resultado» (24). Días después le comunican a Azaña lo que piensa Ortega de su reunión: «§284 (7 de julio) Me comunican los comentarios de Ortega a nuestra conversación de ayer: que estoy muy encastillado en mis propósitos; que no veo la política más que de aquí a dos días, pero no de aquí a seis u ocho meses; que él no puede aliarse con los radicales ni con Maura» (25). El 11 de junio da Lerroux su discurso en Zaragoza, diciéndole a Azaña que si no rompe el Gobierno de coalición Republicano-Socialista, los militares se sublevarán. La indignación de Azaña es incontenible. Es la gran traición de Lerroux (26). El 17 de junio se entera Azaña de que Ortega «ha pensado publicar en Luz un artículo violentísimo contra los socialistas, y tomar pretexto de eso para retirarse del Parlamento. Lo ha reflexionado, y ya no lo publica» (27), pero se lo piensa dos veces, y sí que se decide a hacerlo el 4 de agosto, seis días antes del golpe militar. «Ortega ha publicado en Luz un nuevo artículo contra el Gobierno, el más fuerte de todos» (28). Este último artículo, el más fuerte de todos contra el Gobierno de coalición Republicano-Socialista, no está reunido en el Tomo V de las obras completas editado por Taurus/Santillana Ediciones–Fundación Ortega y Gasset (2006).
El 10 de agosto ocurre el golpe militar en Madrid y en Sevilla por parte del general Sanjurjo, que resulta fallido, lo cual engrandece la imagen de Azaña y la del Gobierno de coalición Republicano-Socialista. La mayoría de la gente en España respira de alivio. La gente quiere democracia y quiere Gobierno Republicano-Socialista. Ortega sale de Luz el 20 de agosto. El 29 de agosto le dicen a Azaña que «[l]a impresión que le ha causado a don José Ortega el fracaso de Sanjurjo es “que aquí no se sabe organizar nada”» (29). El 4 de septiembre anota Azaña en su diario sobre el fallido golpe militar:
§296 Este suceso hemos estado viéndolo venir desde el 14 de abril [de 1931] mismo. Si no se ha producido antes, es porque no creían tener ambiente en el mundo político; pero las propagandas de estos últimos meses, no sólo las de ABC y El Debate, sino los discursos de Lerroux y algunos artículos de Ortega, así como los estímulos de don Melquiades, habían hecho creer a estas gentes que el país estaba contra nosotros y que España «se alejaba al galope de la República», como escribió Ortega.
La cita de Ortega utilizada por Azaña no consta en las obras completas de Ortega, por lo que tenemos que interpretar que fueron utilizadas en el último artículo de Ortega publicado en Luz el 4 de agosto no recogido. La participación de Ortega y Gasset en el golpe militar de Sanjurjo no es comentada por la literatura especializada para no comprometer su figura de intelectual y filósofo líder de su generación, pues no es ninguna proeza intelectual llegar a ver su actuación visiblemente participativa en el golpe.
Hagamos un breve repaso a cómo tratan estos hechos los académicos. Juan Marichal, en Unamuno, Ortega, Azaña, Negrín: el intelectual y la política en España (1898–1936) (Madrid: Publicaciones de la Residencia de Estudiantes-CSIC, 1990), pasa de largo los años 1931–1932 (p. 57). Ángeles Egido León, en su magnífica biografía de Manuel Azaña (Manuel Azaña. Entre el mito y la leyenda, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1998) menciona las palabras de Azaña sobre la propaganda golpista de Ortega en sus artículos en Luz en su anotación de 4 de septiembre de 1932 (cf. §296), pero no analiza los eventos (p. 227). Santos Juliá describe los preparativos del golpe de Sanjurjo pero no dedica ningún espacio a los artículos de Ortega contra el Gobierno (Manuel Azaña. Una biografía política, Madrid, Alianza Editorial, 1998, pp. 176–183). Juliá selecciona unas palabras de la anotación del 17 de junio de 1932 en las que Azaña comentaba el primer ataque de Ortega en Luz, pero las palabras que Juliá selecciona de esta anotación tienen que ver sobre Lerroux y pasa en silencio sobre la actitud de Ortega contra el Gobierno: «se entrevistó con Lerroux en casa de su suegro para hablarle “largo y tendido del estatuto, de la universidad”, con la sensación de que no le interesaban los problemas “sino por la utilidad que puedan reportarle para conquistar el poder”» (p. 203). José Luis Abellán y María Ángeles Nadal de Uhler en su «Azaña y Ortega: entre la política y la filosofía» (en Manuel Azaña. El hombre, el intelectual y el político, ed. Ángeles Egido León, Madrid, Biblioteca Nueva, 2001) saltan de septiembre de 1931 a finales de 1933. Escriben los autores: «El desengaño por parte de Ortega no podía ya disimularse y le mueve a decidir la disolución de la Agrupación al Servicio de la República, y a retirarse prácticamente de la política; tras salir al paso de algunos malentendidos, todavía publica, a finales de 1933, dos artículos importantes: “¡Viva la República! (7 de diciembre) y “En nombre de la nación, claridad” (9 de diciembre), donde sigue demostrando su afección por el nuevo régimen, aunque con toda clase de cautelas» (p. 37). Jordi García, en su biografía José Ortega y Gasset (Madrid, 2014)para la colección de «Españoles Eminentes» (que incluye al Cardenal Cisneros y a Ignacio de Loyola entre otros, pero no a Manuel Azaña ni a Santiago Ramón y Cajal a fecha de 2014) editada por Taurus/Penguin Random House–Fundación Juan March, se limita a decir que los dos artículos de Ortega en Luz son «muy desdeñosos con el poder republicano» pero no los sitúa en ningún contexto y pasa en silencio el último ataque de Ortega contra el Gobierno, el más fuerte de todos; finalmente, cuando sí que cita unas palabras de Azaña, relacionadas con que Ortega hacía todo lo que podía por destruirlos, cita en su lugar a la investigadora Margarita Márquez Padorno (vinculada desde 2015 a la Fundación Ortega y Gasset), que cita mal a Azaña diciendo que Ortega «hace lo que puede para detenernos» (p. 476). Paul Aubert en «El intelectual según Manuel Azaña» (en Manuel Azaña: Pensamiento y acción, eds. Alicia Alted, Ángeles Egido y Mª Fernanda Mancebo, Madrid, Alianza, 1996, p. 68) también cita incorrectamente así las palabras de Azaña y da como fuente la obra Memorias íntimas de Azaña, con anotaciones de Joaquín Arrarás (Madrid: Ediciones españoles, 1939), p. 179, una obra profundamente propagandística a favor de los sublevados que se habían hecho con los diarios robándolos de una embajada. Los diarios de 1932-1933 fueron finalmente publicados por la editorial Críticade Barcelona en 1997. Paul Aubert no podía saberlo, pero Jordi García en su biografía de Ortega de 2014 podría haber hecho algo más y mirar en los diarios de Azaña directamente, en lugar de citar a una tercera persona citando unas palabras de Azaña de un libro de 1939. Por cierto, la Fundación Juan March, que coedita esa biografía de Ortega, se abrió un canal en YouTube donde divulga conferencias sobre historia, arte, cultura en general, lo cual no deja de ser un intento de lavado de cara por su participación en el golpe militar de Sanjurjo del 17-18 de julio de 1936.
En definitiva, del análisis anterior podemos concluir que los académicos le tienen el respeto suficiente al poder institucional que tiene Ortega y Gasset en España que no miran en sus movimientos en estos meses previos al golpe militar; el peso académico y político de Ortega y Gasset con su fundación y sus conexiones con otros valedores como Antonio Garrigues y su poderosa firma de abogados ofrece alguna explicación para este punto ciego inexplicable (Antonio Garrigues ostenta el título de «Patrono Vitalicio» de la Fundación Ortega y Gasset). De cualquier forma, esta invisibilización no llega al nivel de cobertura que el fiscal de la República Martínez de Aragón le dio a Lerroux. Santos Martínez Saura escribe: «El 7 de noviembre del 37, ante Azaña, Negrín, Prieto y Giral, don Mariano Gómez, quien por entonces era presidente del Tribunal Supremo, como lo había sido de la Sala Sexta de ese tribunal cuando juzgara éste a Sanjurjo, refirió haber sabido luego que el fiscal de la República, Martínez de Aragón, retuvo en su poder hasta después de sustanciado y fallado el juicio sumarísimo la declaración de José Matres, íntimo de Sanjurjo, descubriendo la connivencia de Lerroux con el general (...). Matres obró así disgustado contra quienes habían abandonado a Sanjurjo, y quería, tal vez, salvarlo descorriendo un poco el velo. En opinión del presidente del Supremo, si dicha declaración se hubiese incorporado al sumario, Lerroux habría sido necesariamente implicado en el proceso» (30).
A Ortega también le vino bien que no se le citara a declarar por su connivencia en el golpe de Sanjurjo del 10 de agosto de 1932 para derrocar al Gobierno Republicano-Socialista, la esencia de la República. En su discurso en las Cortes sobre el Tribunal de Garantías Constitucionales del 23 de noviembre dijo Azaña:
§247 Ésta es la realidad, Sres. Diputados, y esto es lo que quiero que reflexionéis. Atacad cuanto queráis de la política que las Cortes sostienen (...) atacad lo que queráis; pero jamás se os ocurra a los republicanos, aunque os sintáis heridos por medidas del Gobierno, decir nunca ni dejar creer a nadie que el país está alejado de este régimen. Bien demostrado está que no. (El Sr. Maura: ¿Quién lo ha dicho?) ¡Si no me estoy refiriendo personalmente al Sr. Maura!
Notas
Las selecciones numeradas citadas (§n) han sido extraídas de la obra Azaña, o la Vida de la Razón, ed. Ricardo Mena (Málaga, Independently Published, en preparación), una selección a la obra Manuel Azaña, Obras Completas, ed. Santos Juliá (Madrid: CEPC-Taurus/Santillana Ediciones, 2008). La selección citada puede verse en su presente estado actual en academia.edu.
(1) §207 Dijo [Azaña como Presidente del Consejo en una entrevista a la prensa a comienzos de 1932], por último, que no se debían hacer cábalas políticas, pues lo único cierto era que en abril del pasado año [1931] la gente decía que el Gobierno no duraría una semana, y duró; luego, que no se harían elecciones, y se hicieron; que no se abrirían las Cortes, y se abrieron; que no se aprobaría la Constitución, y se aprobó; que no se harían los Presupuestos, y se han hecho, y, por fin, que ahora se hará la reforma agraria y el Estatuto de Cataluña, y todo cuanto el Gobierno quiera.
(2) §311 Palabras del embajador francés Herbette a Azaña, que este anota en su diario el 5 de febrero de 1933.
(3) §283.
(4) [Anotación de Azaña en su Diario de 28 de enero de 1933] §310 Despacho con el Presidente (...) Hoy ha hablado más claramente (...) —Los golpes van contra la colaboración socialista; pero yo creo que la colaboración socialista ha sido y es provechosa. ¶ —Yo también lo creo —repuso el Presidente—, y la prueba es que cuando se resolvió la crisis y usted me dijo que iba a formar este Gobierno le dije que lo formase. Una colaboración de ese género tiene siempre un pasivo. Pero cuando se haga el balance, y sólo podrá hacerse después de que los socialistas salgan del poder, se verá que el activo supera mucho al pasivo.
(5) §248 [Anotación de Azaña en su Diario de 7 de enero de 1932] El efecto de los debates de estos días ha sido mayor en las Cortes que en el público. Porque la prensa no da aire al éxito del Gobierno. ¡Si los discursos los hubiera pronunciado Lerroux! §256 [Anotación en su Diario de 19 de febrero] Hay una infección lerrouxista en la prensa de Madrid, y en toda la zona turbia de la política. La razón (...) es que tales gentes saben que de mí nada pueden esperar, y en cambio lo esperan todo de Lerroux, acaso mucho más de lo que el propio Lerroux quiera y pueda dar. Además, les cuesta mucho trabajo habituarse al cambio de personas y de valores.
(6) Barcelona, Planeta, 1999, p. 148.
(7) §156 Éste es el error fundamental. Su Señoría es muy dueño de apreciar la situación como le plazca, pero ni S. S. ni nadie tiene derecho a decir que es más españolista que los demás si éstos no comparten el criterio que su señoría acaba de defender». §208 Lo nacional es de todos (...). Nadie tiene el monopolio de lo nacional y patriótico.Todos los partidos están obligados (...) a tener carácter nacional. §245 [Y]o le rogaría a S. S. que cuando combata la política del Gobierno no diga expresiones tan fuertes como ésas de «eso no es la República, esto no es republicano, esto es la arbitrariedad». No, Sr. Maura: tan falible como mi juicio es el de su señoría (...) pero no hay derecho, en nombre de la opinión propia, a decir: «Lo que vosotros hacéis no es República». Yo me guardaría muy bien de decir que las ideas políticas de S. S. o las ideas que S. S. pudiera un día aplicar desde el Gobierno no eran la República. Yo diría: «Es la política republicana del Sr. Maura»; pero no diría: «Esto no es la República». §246 Señor Maura (...) por encima de todas las cosas que nos separan y nos encrespan (...) sería mejor que cuando se disparan, con los ataques más acerbos, más violentos, más justos si queréis (...) no se dijese nunca que nosotros no somos la República o que la República está desasistida por nosotros o que el país republicano no está con nosotros.
(8) José Ortega y Gasset, Obras Completas (Madrid: Taurus/Santillana Ediciones—Fundación Ortega y Gasset, 2006, Tomo V), p. 9.
(9) §258 [Anotación de Azaña en su Diario de 7 de marzo de 1932] Hoy, al salir del despacho, recibo la visita de Amós. Me cuenta su entrevista con don José Ortega. Dos horas y media estuvieron hablando. Ortega padece ahora un azañismo intenso y calenturiento. Le ha dicho a Amós: que yo soy el mejor de los políticos descubiertos por la República; que les llevo a todos gran distancia; que a pesar de ser el mejor, llevarles gran distancia, podría no ser suficiente, pero que sí lo soy, etcétera, etcétera. Después le ha preguntado muchas cosas de mí: si trabajo mucho, si hago las cosas personalmente o las doy a hacer a otros; si soy terco, etcétera. En fin, pedía informes. ¡Y le conozco hace veinticinco años! ¶ Quiere saber qué plan tengo, dónde he puesto la meta, etcétera. Asegura que la adhesión del país hacia mí aumenta; pero que con frialdad, sin entusiasmo, y hay que elevar la temperatura, etcétera.
(10) §265 [Anotación de Azaña en su Diario de 3 de abril de 1932] He comido con don José Ortega y Aznar, director de El Sol , en Lhardy. Invitaba Aznar, para que Ortega y yo tuviésemos ocasión de hablar. Tenía la pretensión de que también asistiera Maura, pero me he negado. Se decía por Aznar que Ortega deseaba conocer mis planes y pensamientos, quizá con el propósito de sumar su grupo parlamentario al de Acción Republicana. Cuando Ortega le pidió a Amós Salvador dinero para Luz , le dijo que posiblemente el periódico seguiría, en ese caso, la política de Azaña en vez de la de Ortega, dando a entender que él se retiraría de la política activa (...) Hemos estado juntos cuatro horas. Yo he estado «natural» y hablador. Ortega me ha echado muchas flores, pero no se ha «destapado». Sospecho que pretendía examinarme.
(11) §267 [Anotación de Azaña en su Diario de 9 de mayo de 1932] Noticias del complot. Se habla de él en Madrid como se hablaba del nuestro en noviembre de 1930 (...) En España, casi no hace falta la policía política, porque como todo el mundo cuenta lo que hace para darse tono, el Gobierno se entera de todo (...).
(12) §269 [Anotación de Azaña en su Diario de 20 de mayo de 1932] La campaña contra el Estatuto es feroz en algunos periódicos (...). Naturalmente, La Nación , Informaciones (de March), ABC y otros atacan furiosamente. Han tomado el estribillo de decir que España entera protesta contra el Estatuto, y que vamos a desmembrar a España.
(13) §270 [Anotación de Azaña en su Diario de 27 de mayo de 1932] El discurso ha durado tres horas, y no he sentido fatiga al hablar, únicamente me cansaba, al final, de estar tanto tiempo en pie. Me ha salido muy bien; nada se me ha quedado por decir. Me han oído con una atención infatigable; nadie se ha marchado. En muchos pasajes han aplaudido, y al final, con gran calor. La mayoría, entusiasmada. Las tribunas del público han aplaudido mucho (...) Después del discurso, estrujones, abrazos, lágrimas de los catalanes; impresión profunda (...). Largo me ha dicho: ¶ —Hasta ahora podría dudar si había o no República. Ya veo que está segura —y sonreía finamente, llenos de alegría los ojos.
(14) Cf. §271. [Esta selección que es una anotación de Azaña en su Diario del 31 de mayo, continúa]: En los extractos de prensa que he examinado, observo que, en la prensa de oposición, el que se esfuerza por ser o parecer ser más razonable e s El Debate. El más «infiel» es el ABC, que finge creer y hacer creer a sus lectores que a los catalanes se les da cuanto piden. Basta comparar mi discurso con el proyecto para advertir que no es así; pero el ABC continúa hablando de la desmembración de España, y del Pacto de San Sebastián, diciendo que somos deudores del Estatuto, en pago de una colaboración sediciosa.
(15) §274 [Anotación de Azaña en su Diario de 7 de junio de 1932] Ortega piensa de Lerroux peor aún que Maura, si es posible. Sin embargo, ahora no se repelen. Por su parte, don Melquiades ha dicho en el colegio de abogados que éste es «el momento militar».
(16) §275 [Anotación de Azaña en su Diario de 14 de junio de 1932] Dos breves discursos míos, algunas intemperancias de Maura, y una proposición de confianza. Ortega se ha negado a firmarla; Sánchez Román, como es amigo de Prieto, sí la ha firmado; ha defendido además a los ministros. Ortega se ha enojado mucho, según me cuentan, y Maura está muy despechado. Estas son las mejores cabezas de la República.
(17) §276 [Anotación de Azaña en su Diario de 17 de junio de 1932] Ya lo ha publicado. Chorrea mala voluntad contra todos nosotros, y singularmente contra mí. En el Consejo de hoy, Fernando se dolía de la injusticia de Ortega.
(18) Para ambas citas, José Ortega y Gasset, op. cit., p. 18-19.
(19) §277 Anotación de Azaña en su Diario el 18 de junio de 1932.
(20) José Ortega y Gasset, op. cit., p. 21.
(21) §278 [Anotación de Azaña en su Diario de 21 de junio de 1932] He hablado con Maura. Me dice, con una convicción anhelante y arrebatada, que el Gobierno será derrotado en la próxima votación sobre el Estatuto, que hay más de 250 diputados resueltos a votar en contra, y que incluso en nuestro partido la mitad de los diputados lo hará así (...). Yo no le contradigo y me río.
(22) §280.
(23) Santos Martínez Saura, op. cit., p. 145.
(24) §283.
(25) §284.
(26) §287.
(27) §288.
(28) §291. [La anotación del 4 de agosto sigue]: Su proceder es muy cómodo: dice que no sirve para político, que está de paso, pero en tanto hace lo que puede por destruirnos.
(29) §295.
(30) Santos Martínez Saura, op. cit., p. 147
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