Santiago Herranz Castro
28 ago 2025 08:20

En estos tiempos de dictadura bélica quienes nos oponemos a ella somos tachados de seguir instalados en la ingenuidad infantil, de estar fuera de la realidad (su realidad), de ser hippies trasnochados, etc., cualquier descalificativo sirve. Aplicar la lógica, la razón, la argumentación fundada sobra en estos tiempos donde el ahorro neuronal progresa. Nuestra ingenuidad infantil choca con su incomprensible balbuceo prenatal.

Este proceso de pauperización de la democracia viene lejos. Entramos en la OTAN tras una larga campaña donde primero se nos vendió el no a la OTAN, luego el OTAN de entrada no, para finalizar con un referéndum tramposo, en 1986, donde se planteo entrar solo un poquito, sin incorporarse a la estructura militar, prohibiendo almacenar o introducir armas nucleares en territorio español y lograr una reducción progresiva de la presencia militar de Estados Unidos en España, una especie de estar sin estar, pero estando. Poco después, ya sin referéndum, estas condiciones han sido incumplidas por los distintos gobiernos que nos ha tocado sufrir. Se justificaba y se justifica, redoble de incoherencia, que esta y posteriores cesiones de soberanía traerían consigo unos beneficios incontestables, uno de ellos la entrada en la Unión Europea.

Ahora, en esta pseudodemocracia de marca blanca, ya todo son encuestas a la carta. No se plantea ni consulta pública ni referéndum alguno para pronunciarnos sobre temas capitales, sobre los asuntos que en realidad nos importan, a modo de ejemplo sugiero una pregunta más sencilla que la propuesta en el referéndum de la OTAN: ¿prefiere usted que sus impuestos se inviertan en aumentar el gasto militar o en educación, sanidad pública, cuidados, pensiones, mejora del medio ambiente? Pero no, ya nada se consulta, la cesión de soberanía es total y para llenar ese vacío nos entretienen con las corruptelas de salón, sofá y siesta.

La multilateralidad, el dialogo, la diplomacia ha desaparecido, nos encontramos en una unilateralidad de doble cara que no admite ni discusión, ni debate: “Díjolo Trump Putin redondo, o viceversa” y las consecuencias planetarias de esta dictadura son catastróficas.

Veamos algunos ejemplos: Este año España gastará 10.471 millones de euros adicionales en ese eufemismo llamado defensa, seguridad, disuasión… de un día para otro, sin consulta, sin debate, sin vergüenza. Mientras tanto, a la semana siguiente y tras múltiples manifestaciones y protestas, se logró sacar, con fórceps, mil millones para el Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (Perte) de vivienda, un problema acuciante para millones de personas que esta propina indigna no alcanza a sufragar más allá del felpudo de entrada a una casa inexistente. Con los recursos destinados al gasto militar se podrían construir 100.000 viviendas públicas.

Hace unas semanas, el primer ministro galo, François Bayrou, tras haber previsto un aumento del gasto militar de 64.000 millones de euros para 2027, propone, a la vuelta de la esquina, reducir el gasto público en 44.000 millones de euros con medidas como congelar las pensiones, las ayudas sociales, la sanidad pública, los salarios públicos, reducción de festivos, etc., todo con el fin de aminorar su abultada deuda pública que previamente ha aumentado gracias a elevar el gasto militar. El gobierno español, que apenas invierte en ciencia, ha inventado una nueva regla matemática a  base de mucha  “imaginación”, aumentamos los gastos militares sin tocar un euro del gasto social, la cuadratura del círculo. A veces los fantasmas madrugan demasiado.

Por último, por ahora, el gran capo de la cosa suya, Donald Trump, impone a los países miembros de la OTAN, España incluida, elevar el gasto militar hasta alcanzar el 5% del PIB, no contento con ello, ejerciendo de matón de patio de colegio, amenaza con seguir elevando aranceles a quien no pase por el arco de sus caprichos. Te apunta con un arma y te obliga a que se la compres.

Se podrían haber planteado tocar los beneficios de las eléctricas, la banca o las grandes fortunas para sufragar este injustificable aumento del gasto en armamento del que solo ellas se benefician, pero no, ni siquiera para esto se toman medidas que aligeren la insoportable desigualdad de rentas existente.

La carrera y el negocio armamentístico no tiene fin y sus consecuencias son devastadoras. Israel destina un 8,78% de su PIB al gato militar, los efectos son evidentes, un gobierno terrorista que masacra, asesina y mata de hambre al pueblo palestino.

El cúmulo de renuncias a nuestra soberanía ha conseguido dejar la democracia en una mera etiqueta sin contenido. Nos encontramos en una especie de belicocracia, en una dictadura del miedo donde la razón y los derechos humanos han sido sustituidos por la víscera, por un sometimiento irracional que asume, sin apenas contestación, el cambio del estado de bienestar al estado de miedo estar y el miedo paraliza, así nos quieren. En palabras de Macrón: Para ser libres en este mundo, tenemos que ser temidos. Y para que nos teman hace falta que seamos potentes”. ¿Qué paupérrima libertad es esa que se sostiene a costa del miedo ajeno?

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