Opinión socias
Los mismos
Son los mismos. El fundamentalismo religioso de uno y otro confín, de distinto pelaje, pero igual fisiología destruye el mundo desde dentro y no lo deja avanzar. No es nada nuevo, pero ahora, el presente, es el único momento del que disponemos para comenzar la lucha, para que desaparezca o disminuya, el pasado y el futuro nos quedan demasiado lejos. El presidente chileno que está jurando el cargo hoy es ultracatólico, contrario al aborto, odia al emigrante, y sobre todo está en contra de la igualdad de mujeres y hombres, no hay que olvidar que su dios hizo a la mujer para el solaz(consuelo, alivio, descanso, placer) del varón. En la Casa Blanca un idiota pedófilo, maltratador, al que todos conocemos su proceder tiene detrás al fundamentalismo religioso que cree que los ricos son los elegidos por dios, una religión muy adecuada para los estados unidos que incluye todos los males de las religiones tradicionales y otros añadidos de la meritocracia y el capitalismo liberal. Israel, dice ser el pueblo elegido por tanto tiene el derecho de arrasar con gente para avanzar en su proyecto sionista del gran Israel. Los no elegidos son seres inferiores que no merecen vivir en esa tierra. En Irán más de lo mismo, una teocracia fundamentalista en la que la mujer no tiene derecho a nada, llena de hombres dispuestos a morir por sus creencias porque ascenderán al paraíso prometido repleto de virgenes. Etcétera, etcétera.
Sé que es más complejo y que el dinero, el poder, se entrelazan con esos dogmas, además de diversos factores coyunturales de cada sociedad. Pero no es una casualidad que todos esos que apelan a que hubo un pasado idílico, el paraíso, una América floreciente, una España donde todos vivían estupendamente, para cometer sus barrabasadas se apoyen en los sentimientos religiosos, malos por si mismos, peores cuando son usados como verdad absoluta y fundamental. Y es que para eso se crearon las religiones, lo rebelado desde un púlpito es irrebatible. No demonizo el creer en algo, es una construcción natural de un cerebro que piensa y que sabe de su finitud y no la acepta. Aunque no es natural creer en un ser que controla todas tus acciones, que las juzga con severidad, que las impone, y que se parece demasiado a lo que piensa quien se lo inventó, y por casualidades del destino lo usa para controlar con suma facilidad a sus seguidores. Las tres religiones de libro tienen a un dios hombre heteropatriarcal con baja autoestima, que podemos esperar de él los diferentes. Pero hoy no es ese pasado en el que la mayoría de las personas eran ignorantes, donde el saber estaba en manos de unos pocos, hoy hay muchas personas que sin se expertos han conocido la ciencia, la relatividad, la mentira de lo absoluto, han atisbado la igualdad y la equidad, y que se puede vivir sin guerras, y sin oprimir ni ser oprimido.
El punto absurdo en el que nos instalamos está en pensar que todos esos avances son intrínsecos a la evolución de las sociedades y no a una lucha constante y a veces terrible de los que nos han precedido, y que en cualquier momento puede ser quebrada por cualquier idiota al que hemos dejado crecer aupado por múltiples idiotas que nunca fueron la mayoría aunque a veces nos lo haya parecido porque suelen apoderarse de la fuerza y de las armas morales y sibilinas que pone a su disposición la religión, siempre agazapada esperando su momento de auge.
Hoy en día aquí en nuestro país se encuentra entreverada en las tradiciones, como por ejemplo en la semana santa aupada por el turismo, nos parecen inocuas esas formas de identidad basada en el oscurantismo y la superstición, se enganchan en lo más profundo de la amígdala (el centro principal de procesamiento emocional, especialmente del miedo, la detección de amenazas, la memoria emocional y la regulación de respuestas conductuales), ese corpúsculo en forma de almendra tan importante para la supervivencia es la puerta por el que penetran los fanatismos. Si no contrarrestamos la memoria emocional con el pensamiento la amigadla nos puede llevar en cualquier momento a la barbarie tan propia de los seguidores fundamentalistas de cualquier religión.
Son los mismos, están en todos lo lugares, en todos los tiempos, en todos los bandos, esperando que tomemos parte y seamos enemigos del que toque en ese momento. Intentarán que no advirtamos que apoyaremos a los mismos, demonizaremos a los mismos, nos matarán los mismos y mataremos a los mismos.
Las sociedades mejores son en las que los diferentes, que en cierta manera somos la mayoría, tomamos también decisiones, pertenecemos al imaginario colectivo, formamos parte de un vinculo más plural, más ameno, más heterogéneo, y por tanto más fuerte. Los mismos andan con sus plegarias, con su odio, con sus bombas, con sus gritos, luchemos por no dejarnos arrastrar por sus corrientes tenebrosas que abnegaron muchas etapas de nuestra historia.
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