Mauthausen, el “campo de los españoles”, paradigma de la Memoria Histórica

El 5 de mayo se cumplen 81 años de la liberación del campo de concentración de Mauthausen, el que más republicanos españoles albergó. Se estima en más de 7.000 los que estuvieron prisioneros allí, de los que cerca de 5.000 murieron debido a las condiciones extremas, enfermedades, trabajos forzados o en la cámara de gas.
José Perelló Moreno
4 may 2026 08:45 | Actualizado: 4 may 2026 09:25

El campo de concentración de Mauthausen (actualmente, Memorial de Mauthausen), construido en marzo de 1938 por unos 300 prisioneros en el norte de la Austria recién anexionada al III Reich, fue intencionadamente ubicado cerca del Danubio y de una cantera abandonada, para ponerla en marcha con trabajo esclavo, con la doble función del castigo y de la producción de material para la construcción de nuevos campos. Constaba de tres secciones principales: el campo regular; el área de talleres, donde los prisioneros realizaban trabajos forzados para empresas y proyectos de las SS, en barracones que en 1944 fueron habilitados para albergar el creciente número de prisioneros; y un tercer campo, de cuarentena, construido a principios de 1944 para aislar a los recién llegados. 

A lo largo del muro exterior, frente a la explanada destinada a pasar lista, había varios edificios de piedra destinados a servicios: cocina, duchas, lavandería, calabozos, y la cámara de gas (esta última construida a mediados de 1941). Cerca, se encontraba el crematorio. 

Al sur del campo principal, junto a la vía de entrada, estaba el campo del hospital, llamado el “de los rusos”, construido para prisioneros soviéticos. A partir de la primavera de 1943, los prisioneros enfermos o débiles se mantenían en esta llamada “enfermería”, donde recibían poco o ningún tratamiento. En el lado opuesto se encontraba el “campo de carpas”, compuesto por 16 grandes tiendas de campaña, levantadas en otoño de 1944 para albergar a los judíos húngaros que iban ingresando. 

 Los campos estaban circundados por muros, alambradas electrificadas, o por ambas cosas. Torres de vigilancia con ametralladoras manejadas por SS de dedo rápido, controlaban todo el complejo. La administración y los cuarteles de las SS se encontraban en el área occidental. El sistema se caracterizaba por su dispersión geográfica a través de los campos satélites y túneles subterráneos construidos por los prisioneros. Era uno de los complejos más grandes de la zona nazi. 

 A principios de octubre de 1938, había unos 565 prisioneros, políticos y comunes. En diciembre de 1939 este número había aumentado a 2.772, principalmente, criminales, “asociales”, opositores políticos y objetores religiosos. Posteriormente también comenzaron a ingresar antinazis y antifascistas de los países ocupados, así como militares británicos y americanos. Hasta mediados de 1944 hubo relativamente pocos judíos en Mauthausen; a partir de entonces comenzaron a llegar en gran número desde Hungría, Auschwitz y otros campos. 

En 1941, Mauthausen era el único campo de categoría III, la de los campos más duros. Allí los internos eran sometidos a condiciones extremas, como ser forzados a subir pesados bloques de piedra por los 186 escalones de la cantera, conocidos como “escalera de la muerte”. Periódicamente, los prisioneros eran sometidos a una selección. Aquellos a quienes los nazis juzgaban inútiles para trabajar eran separados de los demás y asesinados en la cámara de gas o en el cercano centro de ejecución de Hartheim, donde los médicos practicaban la “eutanasia” usando inyecciones intracardiacas de fenol (ácido carbólico, líquido aceitoso y corrosivo) para matar en un minuto por paro cardiaco a los incapaces de moverse y trabajar: niños, ancianos, enfermos...,  hasta 100 en una hora. Fue el método más usado antes de la cámara de gas. 

 En la conferencia de Wannsee (Berlin, enero de 1942), Hitler y los altos jefes nazis decretaron la puesta en marcha de la “solución final”, es decir el exterminio de toda la nación judía europea. Eso obligaba a introducir cambios en el modo de ejecutar. Aunque la mayoría de los prisioneros morían por fusilamiento, horca, palizas, hambre o enfermedades, a mediados de 1941 el campo principal de Mauthausen ya contaba con una cámara de gas capaz de matar a unas 120 personas simultáneamente, que se utilizaba generalmente cuando llegaban los grupos de prisioneros. A veces se organizaban “sesiones especiales” para mostrar la eficacia del sistema a los altos dignatarios nazis que iban de visita, como Heinrich Himmler, Ernst Kaltenbrunner y Baldur von Schirach, quienes podían observar las matanzas a través de un pequeño visor incorporado en la puerta de entrada. 

 Durante la guerra, los trabajos forzados realizados por prisioneros fueron adquiriendo cada vez más importancia para la producción armamentística alemana. Durante el verano y el otoño de 1944 se establecieron más de 60 subcampos, administrados desde Mauthausen, construidos cerca de fábricas de armamento por todo el norte de Austria, entre ellos Gusen, Gunskirchen, Melk, Ebensee y Amstetten, donde miles de prisioneros trabajaron hasta la muerte. 

Según avanzaban las fuerzas aliadas hacia el interior de Alemania, los nazis evacuaron los campos más cercanos al frente, impidiendo la liberación de un gran número de prisioneros. A principios de 1945 comenzaron a llegar a Mauthausen prisioneros procedentes de Auschwitz, Sachsenhausen y Gross-Rosen, empeorando aún más las ya terribles condiciones de vida. Muchos murieron de hambre o enfermedad. 

Se estima en alrededor de 200.000 el número total de prisioneros que pasaron por Mauthausen, desde 1938 hasta su liberación en  mayo de 1945. Unos 119.000 murieron, un tercio de estos, judíos. 

Las cifras totales son escalofriantes: 42.500 campos de concentración, guetos, factorías de trabajos forzados y otros lugares de detención, extendidos a lo largo de buena parte de Europa, desde Francia a Rusia. Entre 15 y 20 millones de personas murieron o estuvieron internadas en esos centros, en su mayoría judíos, pero también muchos perseguidos por el nazismo, gitanos, homosexuales, luchadores antifascistas como los republicanos españoles, y otros grupos. 

 Según los datos del Ministerio de Justicia, 4.440 es el número oficial de españoles muertos en  campos de concentración nazis, casi todos  en Mauthausen y Gusen, la mayoría procedentes del Ejercito Republicano, los que pudieron cruzar la frontera tras la caída de Cataluña. En Francia, junto a otros exiliados civiles, muchos provenientes de la “desbandá”, fueron encerrados en los campos de concentración distribuidos por el sur de país: Argelès-sur-Mer, Le Vernet d'Ariège, Barcarès y Septfonds. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de estos combatientes republicanos fueron al frente con uniforme francés, en las filas de la Legión Extranjera, en escuadrones de choque, o integrados en Compañías de Trabajadores Extranjeros. Pocos obtuvieron la justa recompensa moral de ser reconocidos como héroes antifascistas, igual que los de la 19 que entraron en París. Muchos fueron capturados por los alemanes en los primeros días de la invasión y encerrados en dos campos, Mauthausen y Gusen. 

Ante la cantidad de prisioneros españoles que llegaban, el Reichführer Heinrich Himmler, responsable de los campos de exterminio, preguntó al ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco, el cartagenero Ramón Serrano Suñer (un nazi que murió en la cama, como el Caudillo), qué hacían con ellos; la respuesta del “cuñadísimo” fue que “habiendo sido despojados de la nacionalidad española, en ningún caso el gobierno español realizaría reclamación alguna sobre su destino”. 

 Mauthausen pronto comenzó a ser conocido entre los deportados como «El campo de los españoles». Se les distinguía por el triángulo azul de los apátridas, con una S —de Spanier— en el centro. Cuando el Ejército norteamericano entró en Mauthausen el 5 de mayo de 1945, se encontraron con banderas republicanas, elaboradas para la ocasión por los presos españoles, igual que la gran pancarta en la que se podía leer: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras». Como sabemos, la liberación no significó para nuestros compatriotas el final de la guerra que comenzó en 1936. Muchos no pudieron volver a España, encontrando asilo en otros países, sobre todo en Francia. 

Alrededor de 400 personas nacidas en la región de Murcia, entre ellas al menos 57 cartageneros, formaron parte de este grupo de compatriotas, olvidados, perdidos entre las apabullantes cifras del Holocausto y los millones y millones de muertos. Se estima que solo uno de cada tres sobrevivió. De los cartageneros, 34 fallecieron, 22 fueron liberados y uno consiguió evadirse. 

Murcia, con más de 400 deportados, es la cuarta provincia española con más víctimas: 178. En en la Región encontramos algunos monumentos en recuerdo de los deportados: 

En la calle Derechos Humanos del barrio de La Fama de la capital, hay un monolito con una placa metálica, que fue vandalizado en 2018 (le arrancaron la placa); actualmente su estado de mantenimiento es penoso. Tal vez su ubicación no es la adecuada. Tiene la palabra el Ayuntamiento. 

Águilas: Inaugurada en 2019, monolito y placa con los nombres de los aguileños deportados a Mauthausen-Gusen. Vandalizada en tres ocasiones, en las que pintaron esvásticas sobre el monumento. El monolito fue objeto de un robo en el que desapareció la placa conmemorativa y se arrancaron las flores que lo decoraban. Posteriormente, en 2020, el monumento fue nuevamente profanado con una pintada en la que se leía: “Tiempo de rojos, hambre y piojos”. 

La Unión: Monumento en la plaza Manuel Adorna, con los nombres de los deportados. 

Cehegín: Adoquines de la Memoria colocados en 2022 en varias calles del casco histórico. Cada adoquín lleva el nombre de un ceheginero deportado a Mauthausen, fecha de deportación y muerte.   

Mazarrón: Jardín de la Paz, monolito de piedra con placa: “A los mazarroneros víctimas del nazismo. Mauthausen 1940-1945”. 

Calasparra: adoquines de la memoria colocados en 2023 frente a las viviendas conocidas de los deportados calasparreños. 

Alhama de Murcia: Placa en la Plaza de la Constitución, colocada en 2018 con la leyenda: “En memoria de los alhameños deportados a los campos nazis. Mauthausen-Gusen 1940-1945”. Monumento vandalizado varia veces, con robo de esculturas. 

 En Mula un monolito recuerda a los vecinos que pasaron por los campos de Mauthausen-Gusen. También fue vandalizado en abril de 2021, a plena luz del día. 

En Cartagena está tal vez el más digno: una gran placa con los nombres de los 57 cartageneros deportados, en una zona céntrica muy transitada. Afortunadamente, hasta la fecha, no ha sufrido actos de vandalismo. 

Los monumentos han sido promovidos principalmente por la ARMH, Amical de Mauthausen y la Asociación Triángulo Azul. 

A ver si el alcalde y el presidente de la comunidad de Murcia, toman nota y además de poner macetas uno, y vestirse de emperador romano el otro, se les ocurren ideas más interesantes que tengan que ver con la dignidad de nuestra gente, de los que combatieron contra el fascismo y contra el nazismo, y de todos los que no debemos ni queremos olvidarlos. 

Es necesario un monumento memorial en el centro de Murcia capital, con los nombres de todos los nacidos en nuestra Comunidad, prisioneros o exterminados en los campos nazis. 

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