Ricardo Mena Cuevas
11 may 2026 06:35 | Actualizado: 11 may 2026 10:14

El 4 de mayo de 2005 se publicó en Die Zeit el artículo «La libertad según la Bolsa de Valores» (Freiheit nach Bösernmaß) por el socialdemócrata Günter Grass (1927–2015). El artículo llevaba el subtítulo: «La política es impotente frente a la economía. Esto pone en peligro la democracia alemana». Eso fue antes de la Gran Recesión de 2008 y la gran debacle social que generó aquella salvaje burbuja especulativa. Las palabras de Grass hoy, 10 de mayo de 2026, veintiún (21) años después, suenan proféticas, con una UE controlada por la haute finance y la economía de guerra en ebullición. Seleccionemos cinco (5) bloques del artículo de Grass y hagamos unas glosas a los mismos (la traducción del original Alemán es de Google Translate):

1. Esto plantea una vez más la cuestión de la capacidad de la democracia parlamentaria para actuar. Sostengo que nuestros representantes, elegidos libremente, ya no son libres en sus decisiones. El factor decisivo no es la disciplina de partido habitual, que puede tener su justificación, sino la red de grupos de presión que representan una amplia gama de intereses y que restringe, influye y presiona al Bundestag y a sus representantes democráticamente legitimados, interponiéndose en la redacción y el texto de las leyes. Los favores, tanto pequeños como grandes, contribuyen a ello. Las maquinaciones criminales se minimizan como delitos menores. Ya nadie se opone seriamente a un sistema ahora sofisticado cuyas prácticas se basan en favores mutuos. ¶ En consecuencia, el parlamento no decide soberanamente. Depende de poderosas asociaciones empresariales, bancos y corporaciones que no están sujetas al control democrático. Así, el poder legislativo se convierte en el hazmerreír. Así, el parlamento degenera en una mera rama de la bolsa de valores. Así, la democracia se somete a los dictados del capital globalmente volátil. ¿Acaso sorprende que cada vez más ciudadanos, indignados, disgustados y, en última instancia, resignados, se aparten de estas maquinaciones tan descaradas, consideren las elecciones una mera farsa y renuncien a su derecho al voto? Lo que se necesita es la voluntad democrática de proteger al Bundestag del ataque de los grupos de presión mediante el establecimiento de una zona de exclusión. Pero, ¿tienen nuestros parlamentarios aún la libertad suficiente para tomar una decisión que requeriría el ejercicio de una coerción democrática radical?

   Glosa: No, nuestros parlamentarios del PP-PSOE-Vox no tienen libertad para legislar contra la Bolsa de Valores (IBEX-35). Un ejemplo claro es que el problema de la Vivienda y la privatización de la Sanidad y la Educación no se tocan y siguen su curso de forma independiente a las necesidades de la población. Y si algún político hace algo, como hizo Podemos, lo llaman «comunistas» y lanzan una campaña de lawfare suficiente para asustar a la población, que sabe interpretar las señales: «Si seguís votando esto, sacaremos los tanques a la calle». Ruido. Violencia. Crispación. Conflicto. Mejor silencio y paz. Sumisión al sistema.

2. Nuestro valor constitucional más importante ya no prioriza la protección de los derechos civiles; más bien, se ha vendido a precios irrisorios para que, en consonancia con el espíritu neoliberal, sirva principalmente a la economía de mercado que se autodenomina «libre». Pero este término engañoso, convertido en un fetiche, apenas disimula el comportamiento antisocial de bancos, asociaciones industriales y especuladores bursátiles.

   Glosa: Grass, como socialdemócrata, habla como Ione Belarra en el Congreso de los Diputados cuando se refiere al comportamiento antidemocrático y antisocial de la Banca española, que sigue obteniendo dividendos estratosféricos a costa de endeudar a la mayoría social del país. Pero en el Congreso de los Diputados no se representan los intereses de la mayoría social, sino de la Banca, de la haute finance.

3. Todo esto se acepta ahora como si fuera un designio divino, acompañado, a lo sumo, por las habituales quejas locales. Las preguntas sobre la responsabilidad se relegan inmediatamente a la estación de maniobras, ubicada en el centro del ferrocarril. Allí, se les desvía primero a una vía, luego a otra. Pero el futuro de más de un millón de niños que crecen en familias empobrecidas sigue siendo incierto. Cualquiera que señale esta injusticia y a otras personas marginadas socialmente es, en el mejor de los casos, ridiculizado por jóvenes periodistas perspicaces como un «romántico social», pero generalmente se le difama como un «bienhechor». Las preguntas sobre las razones de la creciente brecha entre ricos y pobres se desestiman como un «debate alimentado por la envidia». El anhelo de justicia se ridiculiza como utópico. El concepto de solidaridad queda relegado al ámbito de las palabras extranjeras.

   Glosa: Grass podría estar describiendo hoy a Ayuso cuando esta responde a las críticas contra la privatización de lo público como la envidia de los pobres y los perdedores.

4. Aquí están los agricultores y los que comen; allí los anónimos, para quienes el comedor social ofrece refugio. Aquí están los que ganan mucho dinero; allí están los casos sociales registrados estadísticamente. A pesar de toda la retórica sobre una supuesta sociedad civil deseable, la sociedad de clases, que se creía superada, está resurgiendo en la República Federal de Alemania. Ya no es una mera sospecha, sino un hecho: lo que se presenta como neoliberalismo, al examinarlo con detenimiento, resulta ser un retorno a las prácticas inhumanas del capitalismo primitivo. Y la economía social de mercado —que en su día fue un modelo exitoso de solidaridad económica y social— está degenerando en una economía de libre mercado, donde la obligación social constitucional de poseer propiedades se considera una molestia y la búsqueda del beneficio es intocable.

   Glosa: La Vivienda es un bien de mercado antes que un derecho social porque el (das) Kapital es una religión, es un sistema dogmático incuestionable. 

5. Tarde, quizás demasiado tarde, nos damos cuenta de que no son los radicales de derecha quienes amenazan al Estado, ni siquiera —como pretenden hacernos creer los prohibicionistas— quienes representan el principal peligro, sino la impotencia de la política, que deja a los ciudadanos indefensos ante los dictados de la economía. Los trabajadores y empleados son cada vez más víctimas de chantaje por parte de las corporaciones. No es el Bundestag, sino la industria farmacéutica y sus asociaciones de médicos y farmacéuticos quienes deciden quién se beneficia de la reforma sanitaria y quién, desde su perspectiva, obtendrá ganancias. La maximización de beneficios se disfraza de valor fundamental, sustituyendo la responsabilidad social inherente a la propiedad. Los parlamentarios elegidos libremente sucumben a las presiones, tanto nacionales como internacionales, de las grandes empresas. Si bien esto no destruye el Estado en sí —que puede resistir mucho—, sin duda destruye la democracia.

   Glosa: Palabras que ya dijo Karl Polanyi en 1944 en su clásico de imprescindible lectura (gratis online en PDF) La Gran Transformación.

La conclusión del artículo es clara y se puede suscribir hoy cuando vemos la situación señalada por Grass en una fase aún más avanzada, con la política controlada por la economía en España y los precios de la vivienda por las nubes mientras los sueldos se arrastran por los suelos: «Como demócratas seguros de nosotros mismos, debemos resistir con soberanía el poder del capital, para el cual la humanidad es simplemente materia prima productiva y consumidora. Quien equipara la libertad que se nos ha otorgado con las ganancias bursátiles no ha comprendido la lección que el 8 de mayo nos enseña año tras año [i.e. la obtención de la libertad democrática tras la capitulación de la Alemania Nazi]».

En nuestro caso, «quien equipara la libertad que se nos ha otorgado» con la Bolsa de Valores «no ha comprendido la lección que» el 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la 2ª República Española que trajo la libertad democrática al votar contra el régimen dictatorial del rey Alfonso XIII apoyado en el General Primo de Rivera, nos enseña año tras año, Segunda República cuyo Estado de las Autonomías fue copiado por la Constitución de 1978 que rige hoy en España, bajo la monarquía Borbónica restaurada por el dictador militar Francisco Franco con el apoyo doctrinal y educativo de la Iglesia Católica. Manuel Azaña escribió en 1911 en su artículo «El problema español»: «Si las masas populares tienen hoy la libertad política, necesitan reivindicar la libertad económica, derrocar el capitalismo, sacudir el yugo del dinero». O el derecho a la Vivienda está por encima de la Vivienda como valor de mercado o no habrá democracia que defender a largo plazo. Lo dice Podemos, lo dicen políticos libres del yugo del (das) Kapital, los que no entran por las puertas giratorias, los que sufren lawfare, lo dicen los jóvenes que aún no son padres que luchan contra la contaminación de la industrialización de un capitalismo desregulado que está provocando un Cambio Climático Abrupto cada vez más acelerado en su destrucción y se manifiestan cortando calles y pintando paredes de edificios corporativos siendo encarcelados y siendo objeto de burla y mofa por los atrapados en el sistema, por los endeudados que necesitan aceptar la situación para no arriesgar su ascenso social. Lo dicen socialdemócratas como Günter Grass y Manuel Azaña.

Hay que decirlo. Debe decirse. Tenía que decirlo yo también.

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