El aumento de la vejez y sus consecuencias

La ancianidad es un hecho palpable en la sociedad española. Los mayores con andador o con silla de ruedas forman parte del paisaje humano cotidiano. Los gobiernos, al igual que con el tema de la vivienda, no ofrecen ninguna alternativa pública viable. Tan solo palabrería hueca. Créanme cuando les digo que, en este caso, el de las pensiones, no es el único problema sin resolver
Agustín Carreras Zalama
11 may 2026 10:55 | Actualizado: 11 may 2026 13:17

Sí, la población mayor es muy numerosa en nuestro país. Las edades avanzadas no se corresponden en absoluto con una auténtica calidad de vida. Las demencias seniles (el llamado deterioro cognitivo progresivo), y el Altheimer, en su máxima expresión, son lo frecuente. A ello se unen otras muchas enfermedades.

Dos mujeres salen de una residencia de ancianos. Una le dice a la otra: madre mía, esto es cómo una cárcel. Monjas caritativas, han vendido sus conventos para que se instalen fondos buitre para realizar su labor social sin ánimo de lucro. También se explotan antiguas residencias universitarias de señoritas bien, que en su día fueron atendidas por religiosas féminas y que en la actualidad pertenecen a generosos empresarios de la construcción, que de siempre se han dedicado a los pelotazos urbanísticos y ahora se consagran a estos menesteres. Es el mercado, amigos.

Algunos hijos se sienten muy cómodos emplazando a sus padres y madres en este tipo de centros. Por otra parte, como los autóctonos no necesitan dedicarse a estas tareas, se importa el personal: brasileñas, ciudadanos de los países del este europeo, dominicanas, hindúes, médicas cubanos, enfermeras ucranianas, fisioterapeutas búlgaros, etcétera. La ONU. Todo ello con salarios de miseria, esto es, los que estipula el convenio. En todo caso, no puedo decir otra cosa que sean muy bienvenidos.

Cada anciano lleva consigo a las residencias la mochila de la enfermedad y sus sillas de ruedas, sus virtudes, sus defectos (a veces no pocos, pues ser un abuelo/a no te hace por ello un ser maravilloso sino frágil), sus lógicas resistencias, etc. Parejo a ellas va la industria del entretenimiento: los juegos de cartas, las programaciones absurdas y mediocres de las televisiones privadas, las lecturas infantilizadas, las revistas del corazón y otros. Queda poco margen para la inteligencia.

Las actitudes egoístas, la manipulación (cuya máxima expresión es el chantaje), las malas caras, las recriminaciones, son el otro lado de la moneda. Se nos carga con la responsabilidad del ingreso en una residencia, cuando algunos ni tan siquiera quisimos esta alternativa, para librarse de la opción propia tomada frente a otras expectativas imposibles. Por otra parte, ¿quién cuida del cuidador, de su estrés, de sus sentimientos de culpa y de la carga de la responsabilidad única? La depresión, la angustia y el insomnio se convierten en el pan nuestro de cada día. No seamos cínicos, todos tenemos otras muchas cosas que hacer, nuestras propias inquietudes y anhelos, nuestros deseos y, además, no lo olvidemos, nuestras propias dolencias. Conozco a una anciana de 107 años que trata de un modo tiránico a su hija octogenaria, visiblemente enferma. No digo nada, cuando se produce un ingreso hospitalario, pues los problemas se multiplican por mil.

Este es el disparate cotidiano de un sistema y de una situación que han fracasado y a la que a diario nos enfrentamos.

Agustín Carreras Zalama

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