Si hoy no es ayer por qué hacemos lo mismo

Estaríamos mil quinientos años más adelantados si no hubiera sido por la iglesia, arrastrando a la ciencia tomada de sus faldones y quemando nuestras mejores mentes en la hoguera.
Manuel Pérez Padilla
22 ene 2026 10:52

Una frase no sé de quien, y no sé en dónde la he escuchado, me ha dado un empujón esta mañana, tampoco podría recitarla entera de memoria. Sé que era una mujer con grandes inquietudes por los derechos humanos. Me he puesto a pensar antes de conocer su nombre como me ocurre muchas veces, y antes de saber sobre la persona y sus ideas me he montado mi propio desbarajuste de ideas. 

La frase en cuestión se ha unido en mi cabeza formando un batiburrillo con otras noticias como la edad de emancipación en Sevilla, la más alta de España, sobrepasa los treinta años de media, y en general en Andalucía, los barrios más pobres de Europa también están en Sevilla y Málaga, en marruecos haber ganado la copa de África ha acallado las protestas o las ha pausado, ya se verá… no voy a seguir con ejemplos en los que lo importante está dormido bajo las capas de las religiones sociales, no todas veneran a un dios o a varios. Sería interminable enumerarlas a todas. Y entonces me he imaginado un mundo sin aquellos lastres tradicionales y los que van inventando cada día que se parecen mucho a estos, no pienso que la religión sea la única culpable, es un vehículo, una herramienta que tiene el poder para mantener adocenada, dormida, entretenida a la población. Las religiones han ido perfeccionando su discurso para parecer menos autoritarias y más benevolentes, incluso aceptando la fiesta y penetrando en ella hasta la ultimo capilar. En Andalucía lo sabemos bien. Hay otros vectores que transmiten lo tradicional y lo que se ha hecho desde siempre cambiándole las formas, como las drogas muy unidas a la religión, los sentimientos manipulados, la pertenencia falsa o patriotismo, la identidad inculcada desde la cuna para que el pobre, o no tan pobre, no se interese por otras realidades, los cuentos infantiles tan beatíficamente terroríficos, las supuestas formas y razones de idiosincracia de un pueblo, normalmente excluyentes y no tan extendidas como nos quieren hacer creer, en el caso de Andalucía, los toros, la caza, las romerías alcohólicas, el amor desaforado y a veces sensual y sexual a estatuas…

He buscado y ya sé quien es la autora y la frase exacta. Esta gran mujer se llamaba Catherine Fahringer escritora y activista social y la pondré aquí para argumentar los pensamientos que me había  producido antes de conocer exactamente quien era y de haber indagado sobre una vida bastante interesante y aprovechada: «Estaríamos mil quinientos años más adelantados si no hubiera sido por la iglesia, arrastrando a la ciencia tomada de sus faldones y quemando nuestras mejores mentes en la hoguera».

Sale muchísima menos gente a la calle para pedir que la sanidad andaluza no se desmigaje que porque la Macarena, una estatua, haya sido restaurada mejor o peor habiéndole apagado la mirada con las pestañas, o se le haya perdido su dulzura, o por un partido de futbol, otra religión con fieles y adeptos capaces de hacer guerras santas violentas o no violentas.

Todos estos pesados lastres no han surgido naturalmente como nos hacen creer, y si lo hicieron en seguida el poder se dio cuenta de lo útil que les podría ser para mantener a la gente a raya y los promocionaron. La noche de los tiempos es oscura y a veces no tan lejana. Hoy en día siguen inventándose productos para mantenernos quietos, su sofisticación es tal que nos los vemos: la ansiedad con su compañera la prisa, el bombardeo de ideas para comprar, consumir, para gastar no el dinero, si no nuestro tiempo para conseguirlo, el aturdimiento, la individualidad, la meritocracia, y luego miedos, muchos miedos que a unos seres preocupados por la inmortalidad sabiendo que no, que nos queda nada en este mundo, nos producen adicción y como toda droga estancamiento de la razón.

Por tanto, el primer paso para la libertad verdadera es señalar aquellos fantasmas de la tradición, esos anclajes al terruño, esas excusas para construir fronteras, ese folclore heteropatriarcal, toda la parafernalia juzgadora de la sociedad, y sobre todo la religión en todas sus variantes, como he dicho antes no todas veneran a un dios (el liberalismo económico es una de ellas, que no sé si lo he dicho antes). Ese paso nunca se ha dado, vivimos en el pasado, y no fue bueno, ¿por qué lo iba a ser ahora? Debemos al levantarnos cada mañana comenzar el día como si fuese el último, alguno lo será, y reinventar las normas, o por lo menos recapacitar, pensar, meditar, y buscar unas que nos sirvan de verdad a nosotros y que con ellas nadie se perjudique.

Seguiré imaginándome un mundo alejado de este y que me sirva para vivir, es más fácil de lo que parece, lo difícil es vivir en este y todos lo hacemos.

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