Fratelli humanitas: huelga general y educación concertada (y 3)

Utopía, caridad, bien común. Es ahí precisamente hacia donde nos queremos encaminar con esta huelga: el bien común. No estamos pidiendo un cambio radical del mundo, aunque quizás a algunos nos gustaría. Estamos pidiendo simple y llanamente que la gente pueda desarrollar vidas plenas con dignidad: vivienda, trabajo con salarios decentes, tiempo.
Jorge Brunete Gil
1 nov 2026 10:19 | Actualizado: 1 nov 2026 14:38

Muchas de las personas trabajadoras de la educación concertada compartimos los valores cristianos y de la Doctrina Social de la Iglesia. Por eso, antes de la huelga general, es interesante pararse en algunas palabras de los papas Francisco y León XIV. Ellos han tratado de leer los retos globales actuales a la luz de la doctrina cristiana. No pretendo aquí decir que Francisco apoyase la huelga (aunque quiero pensar que sí) o que León XIV lo haga. Simplemente sus ideas me invitan a reflexionar y a luchar por una sociedad más justa. 

1. “Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad. Porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo de la más amplia caridad, la caridad política». Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Una vez más convoco a rehabilitar la política, que «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común». (Epígrafe 180, Fratelli Tutti, papa Francisco)

Utopía, caridad, bien común. Es ahí precisamente hacia donde nos queremos encaminar con esta huelga: el bien común. No estamos pidiendo un cambio radical del mundo, aunque quizás a algunos nos gustaría. Estamos pidiendo simple y llanamente que la gente pueda desarrollar vidas plenas con dignidad: vivienda, trabajo con salarios decentes, tiempo. Si hacemos huelga es porque nos hemos dado cuenta de algo: intentar encontrar soluciones individuales a un problema que afecta a millones de personas, no tiene sentido. Yo no quiero una casa para mí o para mi prima, quiero que todo el mundo pueda tener acceso a una vivienda en condiciones. Todo el mundo. Sin excepciones. Y sabemos que es posible. Así que manos a la obra.

2. “Es caridad acompañar a una persona que sufre, y también es caridad todo lo que se realiza, aun sin tener contacto directo con esa persona, para modificar las condiciones sociales que provocan su sufrimiento. Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente, y eso también es caridad. Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo, y ejercita un modo altísimo de la caridad que ennoblece su acción política.” (Epígrafe 186, Fratelli Tutti, papa Francisco). 

Se han roto los puentes. Los políticos han faltado a su obligación de servicio al pueblo. Hay millones de personas que, trabajando, apenas llegan a final de mes. Hay millones de personas que lo pasan realmente mal para pagar el alquiler o la hipoteca. O directamente no pueden pagarlo. Mientras, en España, las 266 grandes empresas que facturan más de 1.000 millones tributan solo un 8,9% sobre sus beneficios. La mayoría de trabajadores un 20% de su salario. Se han roto los puentes y es eso lo que señalamos con esta huelga. No puede ser. Que nuestros representantes públicos se pongan las pilas: necesitamos mejores sueldos, alquileres razonables, servicios públicos de calidad. Para todas las personas. Y si para eso hay que limitar la especulación, aumentar la tasa impositiva sobre los grandes capitales e intervenir el mercado en pro del bien común, que se haga. Ya van tarde.

3. “Las organizaciones sindicales, a las que la Iglesia siempre ha apoyado, están llamadas a abrirse a las nuevas formas de trabajo y a los nuevos trabajadores, para representarlos y defenderlos en un contexto en el que, sin decisiones valientes, surgen más pobreza y más desigualdades.” (Epígrafe 155, Magnifica humanitas, papa León XIV).

Los sindicatos mayoritarios han entendido, escuchando el clamor general y al Sindicato de Inquilinas, que en la realidad actual no es suficiente con pelear por mejores salarios y convenios colectivos. Si el objetivo de un sindicato es la defensa del bienestar de las personas trabajadoras, si la crisis de la vivienda es en gran medida responsabilidad de grandes fondos y empresas especuladoras, entonces los sindicatos tienen mucho que decir. 

Con la huelga feminista de 2018 aprendimos a poner la vida en el centro. No el trabajo, sino la vida. También aprendimos que trabajo son muchas tareas invisibilizadas que no quedan recogidas en un contrato. Precisamente, el movimiento Regularización Ya puso sobre la mesa en 2020, en el contexto de la pandemia del Covid-19, que nuestra economía se sostenía gracias al trabajo precario y sin contrato de millones de personas migrantes.

Y ahora la vivienda (que comparte origen etimológico con “vivir”). Mucho se ha hablado de que esta crisis afecta especialmente a las personas jóvenes. No se ha hablado tanto de que impacta más sobre las mujeres, pues aún no hemos acabado con la brecha de género laboral. Y mucho menos se ha recordado que se ceba con mayor intensidad sobre la población migrante, que tiene mayores dificultades, si cabe, para acceder a una vivienda digna.

En esta huelga los sindicatos deberían recoger las lecciones del movimiento feminista y del movimiento antirracista. Y, con todo ello, articular una protesta (el 11N y más allá) que ponga en el centro la vida. Y hagámoslo, precisamente, de la mano de las personas que sostienen esa vida. Porque solo superando las desigualdades de las que habla el papa León XIV podremos aspirar a la justicia social, el bien común, la utopía.

Este es un espacio para la libre expresión de las personas socias de El Salto. El Salto no comparte necesariamente las opiniones vertidas en esta sección.

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