Opinión socias
Concertar una cita con nuestros derechos
Irrumpió un torbellino en Valencia: la huelga indefinida de los profesionales de la Educación Pública. Somos muchos los que hemos sentido que nuestro corazón latía con ellos. También profesores de la Educación Concertada que sabemos que los que protestan, se manifiestan y se dejan la piel en este pulso a una Conselleria sorda a sus demandas; esos, son nuestros compañeros y compañeras. Sus victorias, nuestras victorias.
Pero tú trabajas más horas lectivas, no cobras sexenios, no tienes jubilación anticipada. ¿Cómo puedes apoyarles? Podría alegar alguno. ¿Tienen ellos la culpa de esas desigualdades? Si apoyo a las trabajadoras de los Centros de Educación Infantil, a los trabajadores de Glovo o a los de Metrovalencia, ¿por qué no iba a hacer lo propio con los docentes de la Pública?
Negar que existe una tensión entre la red de centros públicos y la de centros concertados sería inocente. Es fácil el razonamiento: más inversión en una red puede suponer menos en la otra. Pero, ¿por qué debemos asumir los trabajadores esa discusión como propia? ¿No hay otra salida? ¿Estamos abocados irremediablemente a participar de ese escenario en el que Pública y Concertada son irreconciliables? ¿Es esa nuestra batalla? Yo creo que sí tenemos alternativa, siempre la hay. Será que soy utópico. O que sigo pensando que la conciencia de clase es importante. Visto a la luz de esa conciencia, quizás el punto de fuga sea apostar por sentirnos y sabernos, unos y otras, trabajadores y trabajadoras de la educación. Con reivindicaciones diferentes, con problemáticas distintas, pero con un horizonte común: que mejoren nuestras condiciones laborales para hacer mejor nuestro trabajo.
Tengo bastantes amigos que se dedican a la docencia, gajes del oficio, y muchos de ellos desempeñan su labor en colegios e institutos públicos. No me odian, no me escupen, no me recriminan que trabaje en la Concertada. Uno de esos amigos me escribe estos días de huelga: "me acuerdo mucho de ti". Otra me cuenta que, en conversaciones entre clases, no son pocas las veces en que se preguntan cómo competir con la Concertada y hacer que las familias deseen llevar a sus hijos a la Pública. Y entre cafés, cervezas y helados, aprendemos los unos de las otras. Y sentimos como propias las inquietudes, problemas y desasosiegos de los demás. Y la preocupación principal de todos, las de la Pública y los de la Concertada, es la misma: queremos ser buenos docentes. Y sabemos que para ello no es suficiente con la vocación. Hacen falta ratios razonables, menos burocracia, sueldos decentes, aulas debidamente climatizadas.
Nos gusta a los profesores decir eso de que un buen maestro es el que aprende más de lo que enseña. Yo quiero aprender de mis amigos de la Pública y luchar, como ellos, por unas condiciones de trabajo dignas. No estoy solo, somos miles de trabajadores de la Concertada los que hemos concertado una cita con nuestros derechos laborales: después de dos cursos en los que Consellería se ha negado sistemáticamente a negociar, iremos a la huelga los días 3, 10 y 17 de junio.
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