Allen y Mamet sobrevolando la última película de Guadagnino

Reflexionamos sobre las actitudes de los personajes en la película Caza de brujas (2025). El privilegio como campo de batalla.
Rafael Arias Carrión
5 feb 2026 18:19

1. Los títulos de presentación de Caza de brujas  (2025) remiten, tal como se ha escrito, a la filmografía de Woody Allen: mismo tipo de letra y similar composición.

Sus personajes fueron durante muchos años neoyorkinos en conversaciones de salón, casi siempre profesionales liberales y posición económica desahogada. Arreglarían el mundo pero nunca se moverían. Así son los protagonistas de Caza de brujas: dos mujeres y un hombre en un entorno elitista, la universidad de Yale.

Pero no todos los personajes de Allen son inactivos. Quiero centrarme en uno, Abe Lucas (Joaquin Phoenix) protagonista de Irrational Man  (2015). Profesor de filosofía, recién llegado a una nueva universidad, recibido como estrella, tiene como alumna a Jill (Emma Stone), quienes discuten acerca del imperativo categórico kantiano, el deber de... hacer siempre el bien, decir la verdad, ayudar al prójimo. En este diálogo es cuando Abe decide actuar, bajo ese deber de... En una cafetería, acompañado de Jill, escucha las lamentaciones de una familia por las malas decisiones de un juez que les han afectado. Abe decide pasar a la acción, investigar sobre otras sentencias controvertidas y eliminar al juez. Realizar una acción que, objetivamente, es beneficiosa para una familia.

2. Ninguno de los personajes de Caza de brujas tiene en su ser la necesidad de hacer algo por los otros, el deber de... Solo piensan en el beneficio que les reportará cada acción que realicen.

En la última película de Guadagnino, sus personajes podrían protagonizar alguno de los dramas severos de Allen, Delitos y faltas(1989), por ejemplo. Alma (Julia Roberts), Hank (Andrew Garfield) y Maggie (Ayo Edebiri) juegan a hablar mucho y no parecen querer actuar. Pero el daño que producen es suficiente como para sentir antipatía por cualquiera de ellos. Alma es profesora de Filosofía, reconocida autoridad en feminismo, colega de Hank, con quien disputa una plaza fija, mientras Maggie es doctoranda, hija de familia adinerada, quien busca su hueco. El suceso más importante es la acusación de Maggie de violación a Hank, que confiesa a Alma, pero a mí entender no es sobre el que gravita toda la película, tal como se ha repetido.

Lo relevante aquí no reside en la postura moral de los personajes: la negación de Hank y el desconcierto de Alma, incapaz de creer a Maggie. En el relato, lo que subyace, son las luchas entre los tres personajes por mantener un estatus que los liga a un grupo social determinado. El privilegio es el campo de batalla por el que luchan Alma, Maggie y Hank.

Si obviamos el abuso como catalizador (no me refiero en cuanto a gravedad, sin duda, es el acto más aborrecible visto) y lo equiparamos con otros actos que puntúan dichas relaciones en su ámbito de poder, nos detendremos en una de las primeras secuencias, la sobremesa organizada por Alma y su pareja, Frederik (Michael Stuhlbarg) donde están invitados alumnos y alumnas. El espacio que propone Guadagnino es interesante. Alrededor de una mesa y sobre el brazo de un sofá irán sentándose los protagonistas, y quedarán brevemente por encima del resto. Al principio, sobre la mesa y con seguridad Alma, sobre quien pivota la escena, hasta ser requerida por Hank para que se siente en el sofá, a su misma altura, alzándose posteriormente Hank sobre el brazo del sofá. Maggie, en su ir y volver al baño donde descubre unas fotos añejas y un recorte periodístico sobre Alma, que sustrae, también se atreverá a sentarse brevemente sobre el brazo del sofá, mientras Hank desvela que su tesis es un plagio.

El tema de la tesis de Maggie versa sobre la “ética de la virtud” desde Aristóteles. Ninguno de los tres realiza acciones que puedan valorarse por los espectadores como virtuosas. Su único principio es el que refleja el último plano de la película: un billete de 20 dólares.

3. Hay películas que en su día, fueron minusvaloradas, y criticadas como excesivas. En 1988 se estrenó Acusados, donde Sarah (Jodie Foster) decidía llevar a juicio a aquellos que miraron y consintieron al no actuar mientras la violaban. Hoy, la película se vuelve inesperadamente moderna. Otro caso sería Oleanna, dirigida en 1994 por el dramaturgo y director David Mamet.

“Nadie lo oyó, nadie lo vio, nadie conoce realmente la verdad...” fue la frase promocional. Habría que añadir como coda… salvo quien sufrió el abuso. Si en Caza de brujas, la violación, a efectos profesionales de Hank, queda rápidamente resuelta con el despido y retirada de su nombre del despacho, en Oleanna, ocupa todo el metraje.

Oleanna es canónica para describir el acoso y abuso del profesorado sobre el alumnado. Lo hace con rigurosidad formal encomiable. John (William H. Macy) es otro profesor de Filosofía quien recibe la visita de una alumna, Carol (Debra Eisenstadt), disconforme con la valoración de un trabajo del que todavía desconoce la nota. En un momento dado de la dispersa conversación de este primer acto, John afirma que Carol le gusta, y en otro momento se acerca demasiado a ella. Este primer acto tendrá su segundo acto en el que Carol acusa a John de abuso sexual y de un tercer acto en el que explica a un desconcertado John qué son los abusos a los que frecuentemente recurre John, desde minusvalorarlas hasta acosarlas. No es una cuestión de penetración sino de superioridad, de ser inconsciente del daño que supone esa carantoña, ese acercamiento inapropiado, esa mirada lasciva, ese “tienes una A en este trimestre y mantendrás la nota si vienes frecuentemente a mi despacho” que le ordena John a Carol. El profesor, como seguro que muchos varones que vimos la película en su tardío estreno en 1999, no entendimos completamente qué nos querían contar.

Mamet era consciente de que toda la película debía desarrollarse en un espacio, el despacho del profesor. Y que el fuera de campo era un eco invisible de los abusos que sufrían las alumnas, consciente de no mostrarlo. La palabra de Carol es suficiente, hay que creerla. Y punto.


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