Opinión socias
"Absentismo", "progreso" y otros ejemplos de ingeniería léxica
Julio de 2026 ha sido el mes oficial del “absentismo”, palabra que se convirtió en tendencia con un inquietante mensaje de fondo: los trabajadores “nos cogemos” demasiadas bajas.
A pesar de ser aparentemente neutra, no es una elección terminológica casual. “Absentismo”, en su definición, es un concepto deliberadamente simplista que permite inducir a la audiencia a una conclusión previa: que existe un amplio colectivo de trabajadores vagos e insubordinados que se están aprovechando de la generosidad de las empresas y de la falta de mano dura del estado.
Nombrar es decidir
Detrás de la elección de una palabra concreta para definir un mismo fenómeno estadístico (horas pactadas no trabajadas) hay una agenda. “Absentismo” señala al trabajador ausente sin matices ni condiciones, pero fórmulas más elaboradas como “bajas médicas por estrés laboral” señalan directamente a las empresa y abren una vía de debate (la salud mental en el trabajo) que no interesa.
Esta estrategia de comunicación y marketing siempre beneficia a aquellos que cuentan con recursos para controlar los canales de comunicación y partners mediáticos dispuestos a distribuir el mensaje. A continuación solo hay que repetir, una y otra vez, hasta que el término se convierta en tendencia.
El progreso es “inevitable” (y el aumento de los beneficios también).
La segunda función de esta suerte de ingeniería léxica consiste en la eliminación de las alternativas. Sony lleva años preparando la retirada del formato físico en los videojuego: consolas sin lector de disco, sustitución de la propiedad por las infames “licencias de uso”, catálogos exclusivamente digitales y control total de la distribución. En este caso el concepto que lo justifica todo es la inevitabilidad del progreso.
No es exactamente el mismo movimiento retórico del absentismo pero persigue el mismo resultado: eliminar derechos -del consumidor- para aumentar la rentabilidad.
La inevitabilidad es de hecho el comodín terminológico del que más han abusado las grandes tecnológicas, especialmente desde la llegada de la IA generativa. También suelen hablar de progreso, de cambio de paradigma, de una transformación a la que solo cabe adaptarse. Toda objeción es ridiculizada como resistencia al futuro, y las condiciones se fijan sin negociación -qué datos alimentan los modelos, qué empleos se reestructuran, que factura asume el planeta-. Es muy conveniente hablar de inevitabilidad cuando hay miles de millones en juego.
Un siglo de oficio
Nada de esto es nuevo. Edward Bernays, sobrino de Freud y fundador de las relaciones públicas modernas, dejó escrito en Propaganda (1928) que “la manipulación consciente e inteligente de los hábitos organizados y de las opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática”. Bernay no estaba haciendo una crítica: era nada más y nada menos que su oferta de servicios.
Un siglo después, el servicio sigue contratándose en agencias de PR y gabinetes de prensa y los entregables pueden leerse en cualquier titular. “Economía colaborativa” para describir plataformas que cobran comisión por intermediar trabajo por cuenta ajena. “Flexibilidad” para nombrar la transferencia de riesgo de la empresa al empleado. Incluso se crean palabros ad hoc cuando el diccionario no es suficiente: “inquiokupa” criminaliza al inquilino para que la sombra de la sospecha alcance a cualquiera que alquile.
Marco comprado, juego terminado.
Para que este engranaje funcione son necesarios colaboradores, conscientes o inconscientes: consultoras que producen informes con cifras llamativas, encuestadoras con metodología dudosa para refrendar la conclusión encargada, medios que titulan sin entrecomillado y, por supuesto, tertulianos para rellenar diez horas de debate semanal.
Con la concentración suficiente en un lapso de tiempo definido, el término se convierte en tendencia. Y si el adversario ideológico -o la propia clase trabajadora-, muerde el anzuelo, game over.
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Nacho MG es consultor de marketing y estrategia de marca. Publica artículos sobre marketing ético y branding de forma aperiódica en su web y Linkedin.
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