El Derecho que nace desde abajo

No estar con el pueblo catalán en estos momentos, decida lo que decida, es tomar parte por la opresión. Es haber optado por el bando imperial contra los comuneros. Haber elegido el lado realista en vez del mexicano. Es haber tomado partido por el colonialismo en Cuba o en Marruecos. Es el momento de que la izquierda española piense históricamente. Y decida en consecuencia si quiere apoyar la legalidad imperial, o el derecho que nace desde abajo.

Rajoy Felipe VI

publicado
2017-10-15 06:51:00

Decía Jesús de La Torre Rangel, uno de los mejores juristas críticos que el derecho nace del pueblo. No solo eso sino que además puede ser un arma de la liberación. Para él, el derecho, tiene dos rostros uno opresivo y tiránico, otro libertario y emancipador. Rangel como mexicano conoce bien la mirada de lo terrible. La de ese derecho del enemigo, de las guerras, la conquista, la dominación, las sentencias, las cárceles, el despojo. Pero conoce también esa otra historia del derecho. La que nos quieren mantener oculta. Una historia del derecho que habla de dignidad, de resistencia, de libertad. De gente dispuesta a darlo todo, incluso la vida, por combatir al esclavista, al tirano, al conquistador, al dominador, al patrón. Una historia de amor por la humanidad. De solidaridad entre los pueblos. La historia del derecho que nace del pueblo, es decir, desde abajo. Esto es precisamente lo que lo que está en juego en Cataluña.


El derecho que desde abajo ha supuesto para nosotros cosas tan básicas como la libertad o el derecho a voto. Hace ya doscientos años la esclavitud despareció de buena parte de América Latina. No fue de buena gana. Se conquistó la libertad a golpe de declaración unilateral de independencia. En México, independencia y abolición fueron una y misma causa. En Venezuela Bolívar caminó de derrota en derrota hasta que no se alejó de la élite criolla y asumió la causa antiesclavista. En lo que será Argentina Mariano Moreno y San Martín asumieron que independencia y libertad eran una misma práctica política.
El fin de la esclavitud no fue un regalo de la corona. Vino dada por la ruptura con la legalidad vigente. Hidalgo, Moreno, Artigas, todos ellos eran legalmente españoles. Todos ellos comenzaron sus revoluciones intentando transformar el sistema desde dentro. Todos ellos se encontraron con la misma arrogante respuesta de los representantes del reino. Repasen si no las actas de las Cortes de Cádiz. Miren las propuestas de diputados de “Ultramar” como la del mexicano Guridi, quién reclamó libertad y autonomía. Exigió en las Cortes de Cádiz, como español y mexicano que se pusiera fin a la esclavitud. Que los mexicanos fueran escuchados como pueblo en igualdad. Guridi se encontró con la voz furiosa del centralismo, de los esclavistas, de la reacción. La historia está ahí, para quien la quiera comprobar. Los mismos patriotas que organizaron juntas para defender España de la invasión francesa en toda América Latina, no tuvieron más remedio que lanzarse a la aventura de ser pueblo. No pocos en la península se alegraron, e inclusos se sumaron a sus filas con entusiasmo. El ejército español destinado a aniquilar la libertad Americana se sublevó en Cádiz. Rafael de Riego hizo apuntar con tino al verdadero enemigo y le hizo tragar la Constitución de 1812 al rey borbón. La libertad al otro lado del Atlántico tal vez empequeñecía al imperio, pero engrandeció la libertad de los pueblos de España.


La historia no ha considerado como un criminal a Bolívar, ni como enemigos de la patria a Artigas o a Moreno. Tal vez fueron ilegales a ojos del imperio. Pero instituyeron una legalidad mas justa y auténtica ante sus pueblos. Un derecho que nació desde abajo. Por ello han sido y son ejemplo de libertad, no solo en las patrias que fundaron, si no para el resto de la humanidad. Mientras América comenzaba su andadura en libertad, España continuaba como monarquía absoluta. Ni mujeres ni hombres votaban. Años después, ya a mediados del XIX la democracia censitaria no transformó demasiado la situación. Las huelgas estaban restringidas, las tierras antes en manos de la iglesia ahora lo estaban en la de los burgueses. Hace solo 150 años, era perfectamente legal obligar a los pobres a enlistarse en un ejército colonial y esclavista, para que fuesen a morir y matar a Cuba. La isla era para los conservadores, no solo una plantación donde explotar a sus esclavos, sino parte indisoluble del territorio nacional. El derecho mostraba entonces su lado más terrible y dominador: sentencias de muerte, represión, torturas y guerras. Frente a ese derecho de los de arriba los pueblos alzaron su derecho desde abajo. Los antiesclavistas de entonces, muchos de ellos independentistas cubanos y puertoriqueños fueron perseguidos con la violencia de la ley imperial. Murieron como criminales. Solo para nacer en la historia como libertadores.


La dignidad de los pueblos, su derecho, siempre ha estado por encima de sus gobernantes. Cuándo el legítimo presidente español Cánovas del Castillo mandó al general Valeriano Weyler a desplegar los primeros campos de concentración de la historia sobre la población Cubana, no solo se topó con la resistencia organizada de los mambises cubanos. La clase obrera, internacionalista por naturaleza, prestó su apoyo. Fue un italiano, apoyado por peninsulares el que acabó con la vida del tirano y genocida Cánovas, represor de la clase obrera en la península, represor de la dignidad cubana. Cuba conquistó su libertad no gracias a la intervención norteamericana, eso solo la aceleró, si no a la solidaridad de los pueblos. Lo mismo sucedió con Marruecos. La España constitucional de 1909 quiso reclutar a decenas de miles de ciudadanos pobres para morir y matar en nombre del imperialismo. La gente se sublevó en lo que se conocería como la semana trágica de Barcelona. Por encima del derecho del imperio, estaba el derecho que nace desde abajo. La esclavitud y el imperialismo coloniales, formaban parte de nuestro sistema constitucional. Estaba salvaguardado por las cortes y por el rey. Nadie regaló la abolición. Nadie concedió la independencia. Fueron dos conquistas sociales separadas por apenas veinte años. Hazaña que solo fue posible gracias a la movilización conjunta de las masas de peninsulares y las de Cuba y Puerto Rico.


Los españoles no perdimos nada en 1824 cuando media América se sacudió del yugo borbónico. Tampoco en 1898 cuando Cuba y Filipinas alcanzaron la libertad. Desde entonces nuestros hermanos al otro lado del océano nos han recibido con los brazos abiertos cada vez que nuestros gobiernos nos han pisoteado. Ya mediante ejércitos asesinos, ya mediante la pobreza, no menos cruenta. ¿Cómo olvidar el recibimiento de los refugiados españoles de la guerra civil en México? ¿Cómo el que hubo en Argentina? ¿Cuántos millones de gallegos no han tenido que irse a Cuba, a ganarse el pan que les negaban los caciques?


Las independencias pusieron de relieve las miserias de un régimen que se deshacía por su corrupcion. Su cerrazón al dialogo. Su arrogancia. Su falta de ternura con los pueblos. Las primeras independencias nos dieron algo de lo que carecíamos: conciencia nacional. Su empuje y su ejemplo nos permitió avanzar en contra del más miserable rey que hemos tenido: Fernando VII. La independencia de Cuba y Filipinas abrió paso a una de las generaciones más brillantes de nuestra historia intelectual. Gracias a la derrota imperial, gente como Gasset o Unamuno pudieron diseccionar el cadáver y proponer la cura, que en aquel momento fue clara: República. La caida de las últimas colonias fue el despertar de nuestra conciencia republicana. Al pueblo no le hacía falta un imperio para estar unido, le bastaba con una república hecha por los trabajadores.


Hoy vivimos un momento crucial. Se habla, mucho y con razón, de Constitución, de soberanía, de nación. Se habla en Moncloa, se habla en las Cortes, se habla en la Zarzuela. Se habla mientras el poder constituyente late en las calles de Cataluña. Tenemos delante la sacudida histórica que marcará nuestra generación y en vez de hacer, esperamos.

 La izquierda española debe tomar partido. Debe decidir si se pone del lado de la opresión, de la imposición, de la legalidad vigente, de una idea de soberanía basada en el rey y las cortes. O por el contrario, si quiere situarse del lado de la democracia, de la dignidad, de la soberanía popular. Es decir del derecho que nace desde abajo. No es el momento de hablar, es el momento de hacer. Y hacer significa apoyar al pueblo catalán, decida lo que decida. 

Sobre este blog
Blog donde pensar lo político desde la filosofía. Nuestra intención es la de difundir y compilar pensamiento politico construido desde, entre y para los pueblos de las periferias del Estado Español. Enfocaremos el blog desde sus problemáticas mas específicas. Sin ser extensivos y a modo de ejemplo: Luchas por los territorios, procesos de comunalización, colonialismo interno, despoblamiento de los territorios rurales, reapropiación del patrimonio histórico, artístico y natural, maternidades, desarrollos productivos.
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5 Comentarios
Aitor Jimenez 20:46 19/10/2017

Saludos. La persona que ha mencionado la ausencia de perspectiva de genero. Y la no mencion de los mapuche tiene absoluta razon. Es un tema determinantr para nostroxs. de hecho hemos dedicado no uno sino varios articulos a revisar de manera critica las emancipaciones tan racistas de America Latina. No obstante en el contexto actual y como en el de entonces, hay una dialectica fundamental que nos obliga a tomar partido contra el imperio. Esto no quiere decir subordinar las luchas a esta dialectica. Pero en el reducido espacio de un articulo no se puede hacer referencia a todo sin perder un hilo fundamental. Os recomiendo nuestro articulo Negros Salvajes y Anarquistas. Publicado rn este blog en la antigua web de diagonal. En cuanto a que no era italiano sino anarquista. Desconozco la identificacion de este sujeto. Pero identificarse cultural o nacionalmente no choca con el internacionalismo ni con la solidaridad. Me parecd una perspectiva muy cerrada considerar al anarquismo fomo un pensamiento universal sin tierra, sin territorio, sin identidad. Cuando precisamente el fundamento de sus luchas mas potentes, como Makhno o Durruti se basaba en la tierra y en la pertenencia a un comun concreto.

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#1188 8:23 18/10/2017

Gracias Aitor Jiménez, he visto muy pocos artículos en este sentido en España (La Marea y poco más). El día que sepamos ver la lucha de Cat como nuestra, en el sentido de autodeterminación no sólo nacional, ese día cambiarán muchas cosas. Tal vez cuando dejemos de pensar que se creen 'superiores' a los españoles, idea difundida por la caverna, pero con aceptación mucho más allá, también en la izquierda, entonces sabremos que nosotros tmb podemos. Sin miedo-Sense por

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#1150 16:35 17/10/2017

Me ha gustado mucho! Muy útil para entender muchas cosas. Esta situación ha sido para mí un verdadero revulsivo. Nunca me había sentido tan lejos de la gente con la que supuestamente debería estar de acuerdo. No comprendo la equidistancia (sí, he dicho "equidistancia") de la izq española. Gracias por hacer esto posible. Una suscriptora más desde Zamora!!!!

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Iran 12:01 19/10/2017

Me disgusta ver que le falta perspectiva feminista al texto (parece que en aquella época no existían mujeres, o ¿es qué no participaron en nada? Por otro lado hablas de pueblos libres, ¿qué hay de lxs miles de mapuches asesinadxs por esas patrias libres en la Campaña del Desierto o en la Pacificación de la Araucanía por ejemplo?

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#1263 12:29 19/10/2017

No fue un italiano quien mató a Cánovas, fue un anarquista...

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