Noticias falsas: el gran bulo de 2017

“Noticias falsas” es la palabra del año para el diccionario Oxford y una de las candidatas a serlo para Fundeu. ¿Ha habido para tanto?

Fake news

publicado
2017-12-29 10:36:00

El diccionario de Oxford elegía el pasado noviembre el término “fake news” como la palabra el año 2017. Un aumento del 365% en su uso, según los responsables del diccionario, justificaba la elección tomando el relevo de “posverdad”, la ganadora de 2016. Su equivalente en español, “noticias falsas”, es también candidata al galardón que otorga FUNDEU. 

¿Por qué de repente ese interés por un fenómeno que ha existido siempre? ¿Qué hay de nuevo cuando este año ni siquiera se han sacado de la manga una palabra nueva como “posverdad” para definir a la mentira? Cierto es que el número de emisores de información ha crecido con las posibilidades que, por ahora, ha abierto internet y, evidentemente, eso ha repercutido en que crezca el número de falsedades publicadas.

Pero también lo es que, al mismo ritmo, lo han hecho la visibilización de otras realidades y enfoques que quedaban fuera del panorama mediático y han venido a enriquecer, influenciar y tratar de hacerse un hueco en la agenda de temas a tratar. Además ha supuesto que lo publicado, ya sea en medios tradicionales o en redes, pueda ser refutado con gran rapidez, cosa impensable hace años. ¿Por qué quedarnos entonces con las malas noticias? 

La razón más plausible parece que tiene que ver con lo difícil que ha sido siempre soltar un privilegio. De otra manera es muy difícil explicar una postura tan beligerante frente a lo que, desde un punto de vista democrático, es evidentemente un avance. Solo quien ostentaba el monopolio de la verdad y la mentira puede sentirse tan agraviado.

Paradójicamente son ellos, los más beligerantes contra las fake news, de quien parten los dos bulos que han sido los más influyentes del año en nuestro país a la vista de sus repercusiones. Ambos tienen en común la temática de las noticias falsas y el telón de fondo de la cuestión catalana.

La mejor muestra de su influencia es la propuesta realizada por el Partido Popular para que el Congreso debata sobre las medidas a tomar para garantizar la veracidad de las informaciones que circulan por Internet. Teniendo en cuenta los mecanismos que se están planteando, la noticia falsa más peligrosa para la democracia ha sido la supuesta incidencia de las noticias falsas.

El bulo de las cargas del 1 de octubre

A mediados de octubre, el Washington Post publicaba un artículo titulado “Cómo las noticias falsas ayudaron a dar forma a la votación catalana por la independencia”. En dicho artículo se aseguraba que “la mayoría” de las imágenes de “supuestas víctimas” de violencia policial de aquel 1 de octubre “resultaron ser imágenes del pasado”.

Unos días después, el ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, aseguraba en una entrevista con la BBC que “algunas imágenes” de aquel día no eran ciertas y que se propagaron “muchos hechos alternativos y noticias falsas”. El portavoz de su partido, Rafael Hernando, justificaba la presentación al Congreso de una proposición para combatir las “noticias falsas” por las intoxicaciones sufridas el 1 de octubre.  

¿Cuáles son esas intoxicaciones? ¿Nos la colaron con los vídeos de las cargas, los porrazos, los pisotones o los disparos de balas de goma? En realidad, todo parte de las imágenes descubiertas por Maldito Bulo que fueron publicadas posteriormente por medios más grandes, empezando por El País. Ninguna de ellas desmiente los vídeos y fotografías más virales de la actuación policial. 

Son seis imágenes (sí, solo seis) compartidas en redes sociales. Cuatro de ellas muestran agresiones y cargas de la policía pertenecientes a diversas manifestaciones. Una más es una disputa entre policías y bomberos durante una protesta en 2013 y la última es una bandera estelada colocada sobre una imagen real de vecinos y guardias civiles.


El desmontaje de estos bulos ha dado la excusa para uno mayor: la actuación policial que todos vimos el 1 de octubre no pasó. De hecho, no solo no pasó sino que tenemos al partido del gobierno dispuesto a legislar contra la libertad de información porque aquello nos lo habíamos inventado para desestabilizar la democracia. Por si no fuese la cosa suficientemente distópica, la proposición incluye la creación de un “sello de veracidad”: el gobierno presidido por M. Rajoy nos quiere montar un Ministerio de la Verdad.

El cuento de la injerencia rusa

Una semana antes del referéndum llegaba a portada de El País la trama rusa, el otro gran tema que ha llevado al Gobierno a emprender su selectiva lucha contra la desinformación. Han pasado ya tres meses y la poca solidez de los argumentos y pruebas presentadas por la cabecera de PRISA no ha conseguido sino hacerse más evidente. 

Recordemos brevemente el mejunje inicial: un grupo de hackers y bots con Julian Assange y Edward Snowden a la cabeza trabaja para el gobierno ruso distribuyendo las supuestas falsedades que publican medios públicos y privados afines al Kremlim para desestabilizar la democracia en España y la UE con el apoyo de los venezolanos.

Se debió de quedar muy a gusto el autor. Casi tanto como los del Instituto Elcano poniéndole el nombre de "Kombinaciya" a la macedonia y justificándolo con este espectacular gráfico: