Música
Vicent Ballester: “Cuando un niño no tiene una enseñanza musical, se le corta la posibilidad de ser más feliz”
Vicent Ballester es guitarrista y profesor jubilado del Conservatori Tenor Cortis de Dénia, del que fue uno de los fundadores. Con 22 años, cuando dirigía el Orfeón de Dénia, participó en las gestiones que dieron lugar al centro, que empezó a funcionar en octubre de 1983 en los bajos de la Casa de Cultura. Empezó a estudiar guitarra de niño y fue de los primeros docentes del nuevo conservatorio.
Es bien conocido entre el gremio de músicos el caso del Conservatorio de Alicante, que lleva años reclamando un edificio digno frente al estado ruinoso de sus instalaciones. Sin embargo, otros conservatorios de comarca tienen problemas similares: en Dénia, la comunidad educativa presentó en marzo de 2025 un total de 1.122 firmas exigiendo la construcción de un nuevo centro para el Conservatori Tenor Cortis, que funciona desde 2002 en un antiguo edificio de juzgados adaptado de forma provisional. Algunas de las carencias que arrastra el centro incluyen humedades, falta de aulas, ausencia de auditorio y de salida de emergencia.
El proyecto está aprobado desde 2023 dentro del Pla Edificant de la Generalitat (firmado el 7 de marzo de ese año por tres directores generales de la entonces Conselleria), pero su ejecución sigue condicionada a la construcción de un nuevo centro de Educación Especial en el mismo solar, y ahora depende de que el Ayuntamiento de Dénia saque a licitación las obras. Desde diciembre de 2025, la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades está dirigida por María del Carmen Ortí Ferre. El Consejo Escolar ya había señalado en 2024 que el edificio no cumplía determinadas condiciones de seguridad, mientras que el proyecto planteado para sustituirlo contempla 39 aulas, ocho cabinas de estudio, biblioteca, laboratorio multimedia y un auditorio de 400 m².
Hablamos con Vicent Ballester sobre cómo se fraguó el conservatorio, el estado de sus instalaciones y el lugar que ocupan hoy la música y las artes en el sistema educativo.
¿Cómo llegaste a la docencia en un conservatorio de comarca y, antes de eso, por qué elegiste la guitarra como instrumento principal?
Todo empezó en 1981. Yo tenía una estrecha amistad con Agustín Moreno, un sastre de profesión, que había estudiado violín y había ejercido como profesional en Argentina y estaba enamorado de la música. Por otro lado, tenía buena amistad con el señor Vicente Perelló, violonchelista y director del Conservatorio de Alicante. Gracias a la tenacidad de estos dos personajes, y con la ayuda del alcalde de Dénia, Jaime Sendra, se consiguió el inicio de lo que hoy es el Conservatori Tenor Cortis.
Yo tenía 22 años y entonces dirigía el Orfeón de Dénia. En prácticamente todas las gestiones, Agustín quiso que le acompañara. Para la selección de profesores se realizaron unas pruebas en el salón cultural de la CAM, en la calle Campos, con la participación de grandes maestros como José Tomás (guitarra), Josefina Salvador (violín), J.J. Pérez Torrecillas, Vicente Perelló y el célebre bailarín alicantino José Espadero. En octubre de 1983 el conservatorio empezó a funcionar en los bajos que dan al exterior de la Casa de Cultura de Dénia. Me presenté, me pidieron dar una clase e interpretar una pieza (Frescobaldi), y también colaboré como acompañante en la prueba de Agustín Moreno. Mi hermana Concha también se presentó.
Desde muy pequeño, con cuatro años, ya sentía una gran pasión por la música. Poco a poco fui tocando algunos instrumentos de juguete que tenía en casa y reproducía las canciones que escuchaba por la radio hasta que descubrí la guitarra. A los once años me compraron una guitarra de la casa Roca en Valencia y aprendí a tocar de oído, escuchando los discos de canciones de moda, hasta que tuve la suerte de escuchar a J. Boscá. Me fascinaron las posibilidades que tenía la guitarra clásica, y él me sugirió inscribirme en el conservatorio de Alicante con el gran guitarrista y pedagogo José Tomás.
Aquello nunca se pensó para ser un conservatorio, son los antiguos juzgados, y se nota. Las paredes no aíslan nada: tú tenías una clase de trompeta al lado de una de violín y era un caos, cada uno oía a la clase del vecino más que a su propio alumno
¿Qué significa para ti “transmitir un oficio”, y en qué lo notas distinto de un simple “enseñar teoría”?
Creo que para transmitir un oficio con eficacia, lo más importante es que quien lo transmite, el profesor, además de tener una excelente formación, tenga una verdadera vocación por su trabajo. Pienso que el entusiasmo se transmite, y la apatía también. El resto va llegando con naturalidad.
¿Cómo estaban las instalaciones y los recursos materiales de tu conservatorio? ¿Había suficiente profesorado, o se notaba la falta de personal?
Mal, la verdad. Aquello nunca se pensó para ser un conservatorio, son los antiguos juzgados, y se nota. Las paredes no aíslan nada: tú tenías una clase de trompeta al lado de una de violín y era un caos, cada uno oía a la clase del vecino más que a su propio alumno. No había auditorio, así que para los conciertos siempre andábamos pidiendo prestado algún salón por la ciudad. Y también está la parte de aparcar cuando, por ejemplo, venía un alumno con un contrabajo a cuestas: no había dónde parar el coche ni para descargar. Sé que llevan años pidiendo un edificio nuevo, se han llegado a juntar más de mil firmas en el pueblo reclamándolo, y de vez en cuando sale en la prensa lo de la humedad o lo de la salida de emergencia. Pero mientras yo estuve, siempre fue un “ya vendrá, ya vendrá” que no llegaba nunca.
¿Reconoces en tu centro la situación del Conservatorio de Alicante, que lleva años reclamando un edificio digno por el estado “ruinoso” de sus instalaciones?
Nuestro centro ha sido en diversas ocasiones considerado prioritario para la construcción de un edificio de nueva planta, dotado de todas las condiciones que requiere un centro de esta naturaleza. No hemos tenido la suerte de contar con ninguna corporación que haya sentido la necesidad de aportar un terreno para su construcción, ya que el resto de los gastos corren a cargo de la Consejería de Educación. Es como si a un empresario se le ofreciera la ocasión de que, si aporta un terreno, la Generalitat le construye la empresa, la dota de la infraestructura necesaria y corre con los gastos de mantenimiento de por vida, y el empresario contestara que no le interesa.
¿Por qué crees que la música y las artes han perdido peso curricular en la escuela general en los últimos años?
Existe una cierta división cultural entre lo que se considera “conocimiento académico” y lo que se considera “enriquecimiento”. Las matemáticas se entienden como parte imprescindible de la educación común; tocar un instrumento, dibujar o hacer teatro se puede percibir erróneamente como algo que puede hacerse por la tarde en una academia. La música y las artes necesitan determinadas condiciones: instrumentos, espacios, materiales, aulas adecuadas y profesorado especializado. Cuando hay restricciones presupuestarias o de plantilla, mantener una enseñanza artística ambiciosa resulta más difícil que impartir otras asignaturas con solo un aula, una pizarra y un ordenador. Si pensamos en una enseñanza orientada a un futuro productivo, podemos comprobar que a los países que dedican especial atención a las artes les va mejor que a nosotros.
¿Qué relación ves entre este desprestigio y cómo se organiza el sistema educativo (horas lectivas, optatividad, etc.)?
Para mí las horas lectivas nunca han sido un problema; es más, voluntariamente he hecho más horas de las asignadas para dar oportunidades a niños que de otro modo no habrían podido entrar. Lo que sí me parece una barbaridad es la cantidad de papeleo que hacen rellenar a los profesores y a los directivos del centro. También lo son las pocas horas lectivas de que disponen los alumnos del tercer ciclo de grado medio, cuando necesitan más tiempo para practicar el instrumento.
¿Qué se pierde, más allá de “saber música”, cuando un niño no tiene acceso a la educación artística?
Cuando un niño no tiene la opción de una enseñanza musical o artística, se le corta la posibilidad de ser más feliz de mayor. Cuando una persona escucha el Aria en re de Bach, los Recuerdos de la Alhambra o la Pavana de Ravel, o ve un cuadro de Goya, Dalí o Barceló, por poner un ejemplo, y le resulta indiferente, va a ser una persona con menos felicidad que aquella que ha adquirido esos conocimientos y esa sensibilidad.
Ahora que miras atrás, ¿cómo ves el cambio entre cuando empezaste a enseñar y el momento en que te jubilaste? ¿Ha mejorado o empeorado la situación de la educación musical?
Yo pasé una infancia sin posibilidades para estudiar guitarra: con 14 años tenía que coger el trenet con mi hermana Concha hacia Alicante para dar una clase de solfeo de una hora. El trenet tardaba dos horas y media cada trayecto: cinco horas de viaje por una clase. Había que tenerlo muy claro. Que hoy Dénia cuente con un conservatorio oficial es un gran privilegio. Hoy Dénia y su comarca tienen suficientes profesionales, en todos los instrumentos, más que preparados para impartir clases en un conservatorio superior. Tiene más guitarristas profesionales y concertistas que muchísimas capitales de provincia. Creo que, pese a todos los inconvenientes, hemos podido seguir hacia adelante.
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