Juventudes perdidas en el camino hacia Europa

Miles de personas, muchos adolescentes, siguen atravesando el mar Mediterráneo desde África para alcanzar clandestinamente el viejo continente. Antes, sobreviven a tres momentos decisivos: escapar de su país, cruzar el desierto de Níger y resistir el infierno de Libia.

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Según ACNUR, de los 120.000 migrantes llegados a Europa por el Mediterráneo en lo que va de año, 95.000 desembarcaron en Italia. Francesc Millan

publicado
2017-12-18 06:09:00

A Abdelaziz Chakouri la muerte le solía silbar en los oídos. Era un murmullo casi incesante, y sonaba a disparos, a fuego y a llantos. Una noche, finalmente, llamó a su puerta. “Quemaron nuestra casa y asesinaron a mis padres. Todavía oigo sus gritos”, suspira. Su rostro, de facciones marcadas y ojos saltones, se entumece cuando revive esa madrugada de hace dos años. “Yo me salvé y, claro, tuve que escapar: no hay día que no maten a nadie en Darfur”. Aunque no deja de ser un joven de 20 años, la odisea de dejar atrás su país, Sudán, le pesa en la edad. Perezoso, se deja caer en el suelo de una calle de la isla italiana de Lampedusa y decide reconstruir su viaje hasta aquí. Su relato, pausado y frío, es otro testimonio más entre los de todas las personas que, huyendo de la violencia, el hambre o la persecución, cruzan medio mundo para acariciar Europa.

Y es que el viejo continente sigue sumergido en la mayor crisis migratoria y humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque fue en 2015 cuando se registró el máximo de llegadas —más de un millón de personas—, hoy la situación continúa siendo crítica. Tras el acuerdo de marzo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía que cerró el trayecto hacia suelo griego, Italia se ha convertido en el país que más migrantes recibe. Según ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados), de los más de 120.000 migrantes llegados a suelo europeo por el Mediterráneo en lo que va de año, más de 95.000 desembarcaron en Italia. La isla de Lampedusa, de tan solo 20 km2,, cercana a Libia y Túnez, es uno de los puntos calientes.

Huidas forzadas

Ajeno a todos estos números, Abdelaziz explica que llegó a Lampedusa a mediados de julio. “Yo escapé de Darfur”, recuerda. Esta región sudanesa, al oeste del país, ha sido sistemáticamente castigada y olvidada por las políticas de la capital, Jartum. Ahora, la zona sigue con una brecha abierta desde que en 2003 el conflicto entre los Yanyauid, ejército paramilitar árabe que cuenta con el soporte del presidente del país, Omar al-Bashir, y los africanos negros de la zona —no árabes—, derivó en la limpieza étnica de centenares de miles de personas y en el desplazamiento forzoso de varios millones.

“Queman nuestros pueblos, nos roban y nos matan”, sigue el joven. Con voz mustia, confiesa que muchos jóvenes como él emprenden el viaje hacia Europa: “La otra opción era vivir toda la vida entre la precariedad de un campo de refugiados”. En Darfur, dice, la gente les aseguraba que llegar a la Unión Europea era fácil y que aquí había muchas opciones de trabajar.

Desde 2014 más de 14.000 personas han muerto intentando llegar a Europa. El número real solo lo sabe el fondo del mar

Sin embargo, todavía resopla cuando se le pregunta por la huida. Salieron de Sudán y, después de cruzar el Chad, llegaron a Libia. Siempre a través de las mafias. Desde la ciudad libia de Misrata zarparon por el Mediterráneo hacia Europa. Era de noche. “Viajábamos unas 130 personas en una embarcación pequeña”, explica. Como todos los protagonistas de este reportaje, Abdelaziz también sobrevivió a un naufragio: “Empezó a entrar agua en el bote y la mayoría tuvimos que lanzarnos al mar: íbamos demasiada gente”. En un tímido inglés, relata que estuvieron horas en el agua, y que algunos —como mínimo diez— se ahogaron. “Los que se habían quedado en el interior de la balsa, principalmente niños y mujeres, lloraban y vomitaban. Fue muy duro, pensé que iba a morir”, suspira. Después de más de once horas, una ONG los localizó y los rescató. De madrugada, desembarcaron en el puerto de Lampedusa.