Buscadoras Jalisco - 8
Las madres buscadoras continúan la excavación equipadas con trajes de bioseguridad tras localizar los primeros indicios de un posible enterramiento clandestino bajo el patio de la vivienda. Diego Fernández González

Fosas bajo el patio: las mujeres que buscan a los desaparecidos de Jalisco

El paso de México por el Mundial de Fútbol terminó mientras las madres buscadoras se han manifestado, antes y durante el espectáculo deportivo para visibilizar, y no olvidar, la desaparición de 133.000 personas. Especialmente señalaron la zona aledaña al Estadio Akron de Guadalajara, donde se jugaron varios partidos, entre ellos uno de la selección española, como uno de los lugares donde han encontrado muchos cuerpos.
19 sep 2026 06:00 | Actualizado: 19 sep 2026 10:29

La fosa clandestina estaba debajo del patio.

No en un cerro, ni en camino de tierra, ni en un terreno abandonado lejos de todo, sino en el patio trasero de una casa humilde, de una sola planta, en un fraccionamiento popular de Ixtlahuacán de los Membrillos. Un municipio situado a unos cuarenta minutos de Guadalajara, la capital del estado de Jalisco, considerado el principal bastión del Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas de México.

A unos centímetros bajo el cemento aparecieron piedras,

Después, cal.

Luego, bolsas de plástico y restos de ropa.

Más abajo, una persona. Un cadáver.

Nadie gritó.

Nadie levantó los brazos.

Nadie habló de un hallazgo.

Las mujeres dejaron los picos a un lado y comenzaron a rezar.

Una de ellas se arrodilló junto al agujero para retirar con las manos la tierra que todavía cubría parte del cuerpo. Otra sostenía una bolsa donde iba colocando pequeños fragmentos de tela. Las demás observaban desde el estrecho pasillo que comunica la sala con el patio. Apenas había espacio para moverse. La excavación ocupaba casi todo el terreno disponible.

No sabían quién estaba enterrado allí. Tampoco si era un hombre o una mujer. Ignoraban cuánto tiempo llevaba bajo la tierra o quién seguía esperándolo en alguna parte. Pero le hablaban con una ternura difícil de explicar. Como si fuera uno de los suyos.

La escena ocurre en silencio. Solo se escucha el murmullo de las oraciones, el golpe ocasional de una pala contra las piedras y un corrido que llega desde la casa vecina. Afuera, el barrio sigue con su rutina. Pasan motocicletas. Algún vecino observa durante unos segundos y continúa caminando. Unos perros ladran al fondo de la calle.

Pero no todas las miradas son las de simples vecinos. Durante toda la jornada, las madres buscadoras —y los periodistas que las acompañamos— permanecimos bajo la vigilancia de jóvenes que recorrían la calle una y otra vez en motocicleta. Ellas los identifican de inmediato: halcones, los espías que informan de cualquier movimiento en un territorio bajo influencia del Cártel Jalisco Nueva Generación. Uno de ellos redujo la velocidad justo frente a la casa, sonrió con desdén, señaló hacia la excavación y negó lentamente con la cabeza antes de acelerar de nuevo. Nadie respondió. Las mujeres siguieron cavando.

Dentro de la vivienda, el tiempo parece detenido.

Todo empezó unas horas antes, cuando una docena de madres buscadoras llegó hasta esa casa siguiendo un mensaje anónimo. La semana anterior habían localizado dos cuerpos en el patio de la vivienda contigua y alguien les aseguró que todavía quedaban más personas enterradas en ese mismo conjunto habitacional.

Pidieron permiso para romper una esquina. Debajo apareció la cal con la que el crimen organizado trata de ocultar los cadáveres que entierra de manera clandestina.

Después siguieron excavando.

“Entre más cavábamos, más indicios aparecían”, explicaría más tarde una de las buscadoras. Al retirar buena parte del piso encontraron el cuerpo de una persona enterrada. Todavía quedaba parte del terreno por revisar porque el aviso anónimo hablaba de más víctimas.

Apenas unos días antes, a poco más de veinte kilómetros de aquel patio, miles de aficionados españoles llenaban el estadio Akron para asistir a uno de los partidos del Mundial de Fútbol, el España-Uruguay. El contraste resulta inevitable, aunque para las mujeres apenas ocupa unos segundos de conversación. Ellas llevan años haciendo exactamente lo mismo: seguir pistas, abrir la tierra y esperar que, al final de la excavación, alguna familia pueda recuperar a quien lleva demasiado tiempo desaparecido.

El oficio que nunca eligieron

En la camioneta que las llevó aquella mañana hasta Ixtlahuacán viajaba Lupita con una mochila a los pies. Dentro llevaba agua, unos guantes, un paliacate para cubrirse la nariz cuando empiezan los olores de una excavación y las herramientas que hoy forman parte de una rutina que nunca imaginó aprender.

Busca a su hijo, José Manuel Sánchez Gutiérrez. Desapareció en enero de 2022.

Durante meses hizo lo que cualquier madre haría. Pegó fichas de búsqueda, recorrió hospitales, habló con sus amigos y presentó una denuncia. La carpeta de investigación sigue abierta, pero dice que prácticamente todo lo que contiene ha sido aportado por ella misma.

Entonces entendió que tendría que salir a buscarlo por su cuenta.

“Entendí que en una marcha no me iban a entregar noticias de mi hijo”.

Desde entonces recorre cerros, ranchos, caminos de tierra y casas como la de Ixtlahuacán siguiendo llamadas anónimas junto a otras familias que buscan exactamente lo mismo que ella. Ninguna imaginó aprender a distinguir un entierro clandestino, reconocer la cal bajo la tierra, oler posibles restos humanos, o interpretar una excavación reciente. Tampoco imaginaron tener que hacerlo.

“Las mamás buscadoras no deberíamos existir. Tampoco las hermanas buscadoras, las tías buscadoras ni las primas buscadoras. Nacimos por la necesidad a la que nos obligaron las autoridades mexicanas al no hacer su trabajo”.

Cuando habla de lo que hace cada semana nunca utiliza palabras como justicia o castigo. Tampoco habla de venganza. 

“Lo único que queremos es encontrar a quienes nos arrebataron”.

Quizá por eso, cuando aparece un cuerpo, las mujeres no hablan de éxito.

Hablan de descanso. De regresar a casa. De que alguien deje, por fin, de permanecer olvidado bajo la tierra.

La espera

No todas las búsquedas ocurren con un pico y una pala entre las manos.

Hay madres que ya no pueden recorrer cerros, abrir patios o excavar bajo pisos de cemento. La búsqueda continúa, pero adopta otras formas: una visita semanal al servicio forense, una llamada a la Fiscalía que rara vez trae novedades, una nueva ficha pegada en una parada de autobús o una fotografía compartida otra vez en redes sociales con la esperanza de que alguien reconozca un rostro.

Teresa Lomelí conoce bien esa otra forma de buscar.

Su hija, Alejandra Guadalupe Campos Lomelí, desapareció el 3 de marzo de 2022 cuando acudió a una cita médica en Guadalajara junto con su pareja. Ninguno regresó. Desde entonces no ha habido llamadas, peticiones de rescate ni una sola pista que permita reconstruir lo ocurrido.

“Parece que se la hubiera tragado la tierra”, dice.

La frase adquiere un significado casi literal después de pasar una jornada observando cómo las madres buscadoras abren patios en busca de personas enterradas. Pero Teresa no habla de una fosa. Habla de la incertidumbre. De cuatro años viviendo sin saber si su hija sigue viva o murió el mismo día en que desapareció. “No saber absolutamente nada es lo peor”, resume.

Durante mucho tiempo también salió a las jornadas de búsqueda. Caminó cerros y participó en excavaciones como las de Ixtlahuacán. Después enfermó y tuvo que dejar el trabajo de campo. Ahora busca de otra manera. Recorre el Servicio Médico Forense, revisa fichas de personas localizadas y mantiene contacto con otras familias que viven la misma espera.

“Te muestran restos humanos. Pedazos de personas. Pensar que un día pudiera encontrar así a mi hija es algo muy difícil de soportar”, cuenta en entrevista.

Hay otra confesión que explica por qué colectivos como los que excavaban aquella casa siguen creciendo en Jalisco.

Antes de la desaparición de Alejandra, Teresa sabía que existían personas desaparecidas. Escuchaba las noticias. Veía las cifras que aseguran que en Jalisco hay más de 13 mil casos, siendo una de las primeras entidades con más desaparecidos en México. Pero pensaba que era un problema ajeno.

“Yo vivía en mi mundo”, admite.

“Nunca pensé que algo así me pudiera pasar”.

Solo cuando desapareció su hija empezó a mirar de otra manera el estado donde llevaba toda la vida viviendo. Entonces comprendió que aquellas historias que parecían pertenecer siempre a otras familias podían instalarse, de un día para otro, en cualquier casa. “Esto puede pasarle a cualquiera”, dice.

Hoy la búsqueda tampoco termina cuando cae la noche.

Continúa en su casa, donde una niña de seis años sigue preguntando por su madre. Es la hija de Alejandra.

A veces despierta llorando porque dice que soñó con ella. Que vino a verla. Que le dijo que la quiere.

Teresa intenta consolarla, aunque reconoce que hay una pregunta para la que todavía no encuentra respuesta.

“¿Cómo le explico dónde está su mamá si ni siquiera yo lo sé?”.

México
La lucha de los desaparecidos en México, la otra cara de la moneda en el Mundial de fútbol 2026
Mientras el país inauguraba el Mundial en el estadio Azteca de Ciudad de México, cientos de familias de personas desaparecidas intentaban aprovechar ese mismo escaparate internacional para recordar una crisis que acumula más de 133.000 personas.
El Salto Radio
María Luisa Núñez Barojas
“El Estado tiene toda la responsabilidad de la desaparición forzada en México”
Entrevistamos a María Luisa Núñez Barojas, madre buscadora, colectivo Voz de los Desaparecidos en Puebla, México.
Dos policías a caballo patrullan el centro de Guadalajara durante la celebración del Mundial. Las familias de personas desaparecidas han aprovechado el altavoz del torneo para llenar el espacio público de fichas de búsqueda y visibilizar la crisis de desapariciones.
Maribel Cedeño, que busca a su hermano José Gil desde 2021, explica a sus compañeras el procedimiento de búsqueda. En sus manos sostiene la varilla utilizada para detectar posibles enterramientos clandestinos a través del olor que desprende la tierra.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...