Economía social y solidaria
La ESS en el espejo: contradicciones, límites y por qué eso es bueno
Invitado por su papel como cooperativa integral, el Mercado Social de Madrid (MESM) participó en este coloquio para analizar los límites y contradicciones al articular una red de producción, distribución, consumo y aprendizaje común basada en principios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios. Allí se encontró con las compañeras de Fogón Verde y Traficantes de Sueños, que plantearon claves que después se recogieron en el coloquio: las contradicciones de ser socia y trabajadora a la vez, las relaciones de poder y asimetrías de información, y el contexto de mercado capitalista en el que se opera día a día.
También se puso de manifiesto que la ESS es un laboratorio de ideas en el que recorrer y tejer en grupo y en clave política, con militancia; contradicciones y aprendizajes en un camino que no es fácil y en el que hay muchos protocolos pero pocas resoluciones prácticas de los conflictos.
Sin embargo, más allá de la forma jurídica, el verdadero desafío de la ESS consiste en construir relaciones económicas capaces de transformar las estructuras que generan desigualdad, concentración de poder y deterioro ecológico.
¿Qué transforma realmente una organización de Economía Social y Solidaria?
La principal diferencia entre una organización de ESS y una empresa convencional no reside en su forma legal, sino en cómo distribuye el poder, la riqueza y el conocimiento. La Carta de Principios de REAS plantea que la sostenibilidad de la vida debe situarse por encima de la acumulación de capital, convirtiendo la rentabilidad en condición necesaria para la continuidad del proyecto colectivo, no en un fin en sí mismo.
Esto implica limitar la apropiación privada del excedente y sustituir la competencia por la intercooperación. Pero una de las claves más señaladas en el coloquio fue la democratización del conocimiento: la participación real requiere que todas las personas puedan comprender la información económica, participar en la gestión y acceder a procesos de formación continua. Cuando el conocimiento estratégico queda concentrado en una minoría, la democracia se convierte en una mera formalidad.
Esta baja participación invita a repensar algunos modelos cooperativos — siendo muy pertinentes los ejemplos históricos que propuso José Luis Carretero, destacando el voto delegado en las asambleas de la Barcelona de 1936. La Auditoría Social de 2025 da algunas pistas sobre dónde está la ESS: diferencia salarial de 1,7, un 73% de entidades con mejoras en conciliación, un 74% que compensan o reducen su huella ecológica. Pero también sobre sus propias contradicciones: ¿quién puede permitirse participar en espacios militantes por la mañana? ¿Hasta dónde llegan los cuidados que una entidad puede sostener sin quebrarse?
Condiciones para una ESS viable — y sus riesgos
La ESS no puede sostenerse solo de principios éticos. Necesita una base material sólida. La primera condición es el acceso democrático a los medios de producción: tierra, vivienda, tecnología, financiación e infraestructuras. En este terreno la ESS presenta cada vez más prácticas que permiten dibujar otros horizontes, como las iniciativas de La Borda, Sostre Cívic o Entrepatios en vivienda, o Fiare y Coop57 en finanzas éticas. También resulta fundamental participar en sectores estratégicos de la economía —energía, logística, plataformas digitales— y construir ecosistemas cooperativos amplios en lugar de iniciativas aisladas. La experiencia de Mondragón o los propios mercados sociales muestra la importancia de combinar producción, financiación, consumo y formación dentro de una misma red. La contradicción que Rosa Luxemburgo ya identificó en Reforma o Revolución sigue vigente: las cooperativas deben actuar simultáneamente como trabajadoras y como capitalistas.
El riesgo más señalado en las jornadas: convertirse en un nicho de consumo ético accesible solo para sectores urbanos con renta y tiempo suficientes. O derivar en el “mal de estructura”, donde la entidad dedica más energía a sostenerse a sí misma que a cumplir el objetivo que le dio origen, atada al ciclo político de las subvenciones. Por ello, la ESS necesita ampliar su alcance social, territorial y económico para convertirse en una infraestructura accesible para amplias mayorías.
Las alianzas que amplían el alcance — y la pregunta de fondo
La experiencia del Mercado Social de Madrid, la Xarxa d’Economia Solidària y REAS demuestra que la ESS es más eficaz cuando se articula con otros movimientos: asociaciones vecinales, sindicatos, comunidades energéticas, redes de cuidados, plataformas de vivienda y organizaciones feministas. En lugar de funcionar como un conjunto de empresas éticas aisladas, la ESS se convierte así en una infraestructura económica y social capaz de generar cambios estructurales. Uno de los debates más vivos del coloquio fue precisamente si las cooperativas necesitan sindicato — una de las asignaturas clave para estrechar lazos con el sindicalismo. No hubo consenso. Tampoco hacía falta: la pregunta en sí ya dice algo de hacia dónde mira la ESS cuando se atreve a mirar más allá de sí misma.
La ESS no es la única propuesta alternativa al modelo dominante. Existen el socialismo de mercado, la economía de los comunes, el decrecimiento. Lo que la distingue es que combina piezas de todas esas tradiciones: democracia económica, propiedad colectiva, finanzas éticas, arraigo territorial, sostenibilidad ecológica. Pero que las combine no la libra de sus contradicciones. Las dificultades para competir en mercados capitalistas, la precariedad de algunas iniciativas, la dependencia institucional y la duda de si puede llegar a ser alternativa sistémica —y no solo un margen tolerado— siguen sin respuesta. Jaleo no vino a cerrar el debate. Vino a recordar que tenerlo es, también, una forma de coherencia.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!