Gasolina con escolta en Mali y un gobierno militar asediado por yihadistas y milicias tuareg

El 25 de abril, la república sufrió ataques en varias ciudades para derrocar a la junta militar que gobierna desde 2020. La ofensiva, liderada por tuareg independentistas y yihadistas, tomó Kidal y mató al ministro de Defensa, Sadio Camara.
JNIM Sahel
Convoy de la unidad de protección de la EUTM-Mali durante una patrulla entre las localidades de Bamako y Koulikoro (Mali). Foto: Ministerio de Defensa. CC BY-NC

El pasado 25 de abril, Mali sufrió un ataque en varias ciudades del país con el objetivo de hacer caer a la junta militar que lo gobierna desde el año 2020. La coalición de atacantes, formada por independentistas tuareg y yihadistas, logró conquistar la ciudad de Kidal, al norte, y asesinar a Sadio Camara, ministro de Defensa del país. Camara cayó en Kati, una ciudad a 15 kilómetros de Bamako, la capital —y considerada el botín que los rebeldes nunca podrán conquistar—. El movimiento sacudió al país y, unos días después, la calma ha vuelto a la ciudad. “Estos días, la situación en Bamako está tranquila”, dice el periodista maliense Moussa Bilal Sidibé desde la capital.

Para Sidibé, la llegada de más de 800 camiones cisterna con gasolina desmiente uno de los rumores más extendidos durante los últimos días, el del bloqueo de suministros por parte de los rebeldes. Se trata de uno de los objetivos de estos grupos: hacer caer Bamako asfixiando las fuentes de energía que permiten el funcionamiento con normalidad de la ciudad. El periodista señala que la llegada de camiones cisterna, escoltados por el ejército, es una señal de la continuidad de la vida habitual en la capital.

El asesinato de Sadio Camara ha generado una doble respuesta: desolación y emoción, por su caída, pero también ha reforzado un sentimiento de urgencia para “proseguir el combate contra el terrorismo”

Sin embargo y a pesar de la llegada de camiones, lo cierto es que, el último mes, el precio de la gasolina no ha parado de subir: “El litro de gasolina pasó de 775 FCFA (Francos CFA) a 875 FCFA. El litro de gasóleo pasó de 725 a 940 FCFA. La gasolina está disponible, pero el gasóleo falta a menudo en las estaciones, y hay algunas colas para obtenerlo”, cuenta Sidibé. El asesinato de Sadio Camara ha generado una doble respuesta, según el periodista: desolación y emoción, por su caída, pero también ha reforzado un sentimiento de urgencia para “proseguir el combate contra el terrorismo”.

El último episodio de un largo conflicto

Cherif Ag Mohamed Ibrahim, analista tuareg e investigador sobre política del Sahel, retrocede años atrás para explicar los orígenes de lo que define como un choque entre Mali y los tuareg, que configuran buena parte de la población del norte del país. En el momento de la independencia de Francia, en 1960, algunos líderes tuareg deseaban tener un país propio. “Muchos apoyaron la independencia de Mali con la promesa de que este sería un país compartido”, dice Mohamed Ibrahim, que ahora mismo reside en Mauritania tras abandonar Mali por la situación de inseguridad.

La esperanza de los tuareg se desvaneció rápidamente. Su sentimiento era que, en este país soberano, no participaban en la toma de decisiones: “Todo lo que veíamos eran soldados que venían a nuestra región. Nos imponían impuestos, nos mataban, nos encarcelaban, Así es como empezó todo: la gente empezó a cuestionar qué clase de independencia era esa”. Ese sentimiento no ha desaparecido del todo. Desde la independencia de Francia en 1960, los tuareg se han rebelado contra el Estado maliense de forma periódica y han firmado acuerdos de paz que se han acabado rompiendo.

Hoy, tras la expulsión de los militares franceses de Mali en 2022, los que combaten al lado del ejército maliense son los Africa Corps, un grupo paramilitar ligado al gobierno ruso

La última revuelta, la más reciente, empezó en 2012 con la proclamación del Azawad, el territorio del norte de Mali, que constituiría el Estado tuareg. En aquel momento, Mali contó con Francia para combatir a los insurgentes, entre los que había independentistas tuareg y yihadistas próximos a Al Qaeda. Hoy, tras la expulsión de los militares franceses de Mali en 2022, los que combaten al lado del ejército maliense son los Africa Corps, un grupo paramilitar ligado al gobierno ruso.

Para muchos tuareg, estas injerencias extranjeras han servido para reforzar lazos entre grupos aparentemente opuestos: independentistas seculares con yihadistas, que han ganado peso en el Sahel durante la última década. La coalición que golpeó al Estado maliense a finales de abril de este año coordinó a militantes favorables a la creación del Azawad con organizaciones yihadistas como el JNIM (siglas de Jama’at Nursat al-Islam wal-Muslimin, el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes). Este grupo está liderado por Iyad Ag Ghali, un exmúsico en el grupo Tinariwen que se unió al fundamentalismo islámico tras entrar en contacto con predicadores pakistaníes en el norte de Mali a finales de los años 90. Bajo el paraguas del JNIM operan los grupos que quieren instalar por la fuerza la sharia, la ley islámica, en todo el territorio maliense.

Un país en la encrucijada

“El atractivo financiero también hace que el conflicto sea más complejo: cada bando tiene razones de peso para invertir en el conflicto”, añade Mohamed Ibrahim. Mali, al igual que otros países de África occidental, se ha convertido en un punto de paso del tráfico de drogas —como la cocaína— desde América Latina hasta Europa. El control de las rutas implica el pago de impuestos a los grupos que controlan el territorio, lo que incentiva la lucha por el control de este. Los secuestros son también otra fuente de ingresos para grupos como el JNIM. El más lucrativo, en diciembre del año pasado, implicó el pago de 23 millones de dólares para liberar a un príncipe de la familia real de Dubai.

El gobierno maliense ha manifestado la necesidad de alejarse de Francia –cuyas tropas fueron expulsadas en 2022– y reivindicar su soberanía económica

Políticamente, Mali lleva desde 2020 gobernado por una junta militar que prometió restablecer la seguridad en el país y celebrar elecciones. Tras salir de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) y aliarse con Burkina Faso y Níger para formar la Alianza de Estados del Sahel (AES), el gobierno maliense ha manifestado la necesidad de alejarse de Francia —cuyas tropas fueron expulsadas en 2022— y reivindicar su soberanía económica. La alianza con Rusia o la creación de un nuevo código minero —con una renegociación que incluyó la detención de directivos de empresas extranjeras— forman parte de esta agenda.

Mali deuda externa
Pagos del servicio anual de la deuda externa de Malo (2013-2032). Fuente: Banco Mundial. Jaume Portell Caño

En el ámbito financiero, desde la llegada del militar Assimi Goita al poder, Mali funciona con préstamos al 6% de interés en el mercado regional de la zona CFA y, a nivel exterior, con inyecciones del Banco Mundial (BM), el Banco Islámico de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Entre 2026 y 2029, los pagos del servicio de su deuda externa rondarán los 600 millones de dólares anuales. Con el oro como principal materia de exportación, la estabilidad financiera de Mali dependerá significativamente del precio del metal en el mercado internacional. Seis años después de la llegada de Goita al poder, las grandes promesas no se han cumplido. “Desde el punto de vista táctico y militar, estos ataques han asestado un golpe duro al régimen y a su imagen”, dice Moussa Bilal Sidibé, antes de añadir: “Con todo, las poblaciones prefieren el régimen de transición a la gobernanza de los grupos yihadistas asociados a los rebeldes.”

La legitimación de los combatientes en la prensa internacional

Ante las preguntas sobre el futuro más próximo, la divergencia es considerable. Para el periodista Sidibé, las próximas semanas estarán marcadas por la calma en el frente, tras la oleada de ataques de finales de abril: “Los grupos terroristas han movilizado importantes medios en la batalla y han registrado muchas pérdidas. Necesitarán tiempo para reorganizarse. El resto de los combatientes buscan infiltrarse fuera de las zonas de enfrentamiento. El Ejército se prepara probablemente para una ofensiva en el norte, mientras que las patrullas continúan en las grandes ciudades. No vamos a asistir a enfrentamientos intensos”.

Para Mohamed Ibrahim, la junta militar de Mali tiene los días contados y varias fuerzas tendrán que pactar un nuevo acuerdo nacional; el analista observa un proceso de cambio en los medios internacionales a la hora de describir a los yihadistas: “Algunos medios extranjeros dicen: “No, estos son distintos, son más políticos que religiosos. Como hemos visto en Siria: un tipo que mataba gente, los degollaba vivos, y luego… Un día amaneció siendo recibido en Washington, en Riad, en París”.

Mohamed Ibrahim ya observa un cambio de discurso dentro de las filas del propio JNIM, que se dirige al resto de partidos políticos malienses y que tendría como objetivo tumbar a una junta que el grupo considera “criminal”. El analista da un nombre que podría ganar peso con su vuelta a Mali, el del imam Mahmoud Dicko, líder religioso que ganó mucha popularidad en las revueltas de 2020 que acabaron tumbando al último presidente civil que tuvo el país.

Dicko, exiliado en Argelia desde 2023 tras criticar a los militares, tiene un discurso atractivo para muchos jóvenes, al mezclar la crítica contra la corrupción con su liderazgo moral basado en sus valores religiosos. Partidario de negociar con los yihadistas y, de esta manera, desactivar parte de su discurso político y religioso, Dicko declaró en 2021 que no tenía “intereses partidistas ni ambiciones personales”, pero que su preocupación por “el fuego que arde en los campos y las ciudades de Mali” le obligaban a ser una voz que diera un “impulso emancipador” al país. “Creo que le traerán de vuelta a Bamako para que lidere una transición que incluya a todos los partidos. No hay manera de que la junta no caiga. Es el fin”, zanja Mohamed Ibrahim.

Migración
De la guerra en el Sahel a dormir en soportales frente a una comisaría en Gasteiz
Más de 400 solicitantes de asilo procedentes de Mali han sobrevivido a la intemperie desde mayo de 2025.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...