Colectivo de dos

Se trata de la posibilidad de que de la unión de dos personas surjan entes nuevos, algo que no es solo un asunto que concierne a la ficción sino que se da también, según la autora, en la vida real.

Belén Gopegui presenta nuevo libro
La escritora Belén Gopegui ha publicado una nueva novela, 'Quédate este día y esta noche conmigo'. Álvaro Minguito
@magoa_

publicado
2017-11-05 17:23:00

Una conversación

En una entrevista en televisión, Carmen Martín Gaite decía que escribir era un sucedáneo de la conversación: «si siempre pudiéramos hablar bien con toda la gente, tal como queremos y tuviéramos un tiempo, un plazo narrativo, una pausa, para hablar y ser escuchados y escuchar, quizás no escribiríamos. Es un sucedáneo, en vista de que no encuentras ese interlocutor, te pones a escribir. (...) Lo que motiva todas las neurosis del ser humano es lo mal que habla con sus semejantes.»

Una especie de conversación, un espacio de dos personas hablando, es lo que Belén Gopegui nos presenta en Quédate este día y esta noche conmigo. Aquí dos personajes envían un currículum vitae a Google, currículum que constituye la historia de la novela. A la extrañeza de convertir un currículum en una novela se añade algo no menos extraño: una voz plural.

No es la primera vez que Belén Gopegui intenta algo parecido, ya en El padre de Blancanieves había hecho hablar a un colectivo, la asamblea. La peculiaridad de Quédate este día y esta noche conmigo está en que el cuerpo de la novela toma la forma de una solicitud de trabajo que se escribe entre dos, pero no a dos manos, como sería razonable pensar, sino como si Mateo y Olga (sus protagonistas) constituyeran un sujeto diferente, un colectivo de dos; dicho de otro modo: se trata de la posibilidad de que de la unión de dos personas surjan entes nuevos, algo que no es solo un asunto que concierne a la ficción sino que se da también, según la autora, en la vida real.  

Tanto Mateo como Olga saben que Google tiende a preguntar las cosas que ya sabe. Lo que ellos se proponen desautoriza la autoridad del contrato del currículum vitae estándar para ser ellos mismos quienes elijan cómo confeccionar un modelo propio mediante palabras con el cual poder llegar a entrar en los sueños de Google. Cualquier otra cosa sería repetición. De este modo, la propia escritura del currículum se rebela revelando la dignidad que está en lo que Google ignora, pues la propuesta de Mateo y Olga no es dar a Google lo que pide sino lo que ellos necesitan.

problemas políticoS 

En la presentación del libro que tuvo lugar en La Térmica, en Málaga, el pasado viernes 3 de noviembre, ante una pregunta sobre el riesgo que conllevaba la escritura de la novela, la autora indicó que más que riesgo es un deber de quien escribe el probar cosas nuevas para encontrar caminos y salidas, más en momentos complejos como el actual y que la escritura de Lo real había marcado un antes y un después en su trayectoria literaria. Curiosamente, a pesar de que en la cultura de empresa arriesgarse está bien valorado, en literatura no es así, señaló.

Dos de las principales preocupaciones de Mateo y Olga a lo largo de sus conversaciones son la libertad y la meritocracia. En la novela nos queda claro que la igualdad no es un punto de partida sino algo que hay que cultivar. Según la autora, lo que hay que denunciar es el mito de la igualdad de oportunidades, pues no hay nada más utópico. Todo cuanto se usa para conseguir la igualdad de oportunidades acaba sirviendo para reforzar la desigualdad y la desigualdad no se corrige con becas sino con un cambio de condiciones.

Otra de las cuestiones clave es ver qué cosas dependen de nuestra voluntad y cuáles no. Según Belén Gopegui son pocas las cosas que dependen de nuestra voluntad. El verdadero problema es cómo nos organizamos para vivir dignamente, es decir, no es tanto un problema de mérito como una cuestión de cómo se trata a las personas. Pero aunque sea poco lo que podemos elegir, esto no significa que no haya que luchar.

Una de las cosas que habría que intentar hacer, según ella, es incluir a la ciencia en todos los pequeños espacios de militancia y a las personas que trabajan en esos ámbitos. Su ausencia se hace evidente en la redacción de los manifiestos, pues suele pedirse la firma solo a directores, actores o escritores, pero no a la gente que trabaja en un laboratorio farmacéutico, un centro de inteligencia artificial o una fábrica de componentes electrónicos y sería interesante que ellos estuviesen ahí, piensa la autora.

Por otro lado, en la cuestión del I+D, no se trataría únicamente de reclamar mayor presupuesto en I+D sino de saber de qué I+D se trata; saber, por ejemplo, por qué las patentes de las universidades pasan directamente a una empresa privada o por qué los correos de todas las universidades españolas son gestionados por una compañía estadounidense como Gmail. Que los datos de la investigación de un país y las conversaciones de sus profesores estén en un servidor de Estados Unidos es un problema político (en realidad, una nueva forma de imperialismo). 

NO TODO SEGUIRÁ IGUAL

En un momento de la novela Olga reconoce que la probabilidad de que su solicitud llame la atención de los reclutadores es baja, pero será mayor que el envío de una solicitud normal. Más allá del éxito o el fracaso de la solicitud, el acto de escritura de ese currículum propio tiene repercusiones en ellos, así que «aquí no todo seguirá igual.» Algo parecido sucede en la literatura a la que nos acostumbra Gopegui, también tras la lectura de sus libros algunas cosas dejan de ser como parecían, nosotras dejamos de ser quienes éramos. 

En Quédate este día y esta noche conmigo se crean las condiciones para un espacio donde dos personas pueden hablar y nos recuerdan que sigue existiendo un sitio, la literatura, en donde es posible prolongar una conversación e incluso hablar mejor con nuestros iguales.

Solo en el mejor de los mundos posibles no sería deseable algo semejante. 

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