Netflix, el inesperado aliado contra el ‘manspreading’ en el metro

La plataforma Netflix se suma a la campaña de colectivos feministas y partidos para que el transporte público sensibilice sobre los hombres que se sientan con las piernas abiertas e invaden el espacio vital de las pasajeras.

Intereconomía Manspreading
Un señor de Intereconomía justifica su necesidad de despatarrarse para proteger "su dotación".

publicado
2018-04-06 15:05:00
La campaña contra el manspreading cuenta con un aliado de última hora: Netflix. La plataforma de contenidos audiovisuales ha lanzado hace unas semanas su nueva campaña publicitaria, en este caso para promocionar la segunda temporada de la serie Jessica Jones.

Lo llamativo es que lo ha hecho con un anuncio en contra del manspreading. Conocido en castellano como “despatarre”, se refiere a la conducta de algunos hombres tendente a invadir el espacio de las otros usuarios, habitualmente mujeres. Con las piernas abiertas y bien cómodas, obligan a las pasajeras de su costado a todo tipo de peripecias para evitar su contacto: cruzar las piernas, recostarse hacia el otro lado, o sencillamente ir sentada con las piernas bien apretujadas y ciertamente incómodas. Gracias, machirulo.

Netflix ha sido el sorprendente aliado de una causa que, en todo caso, despuntó en el 2017 en el Estado español. A principios de abril, el partido anticapitalista catalán CUP proponía en Terrassa que el Ayuntamiento lanzara una campaña publicitaria contar dicho despatarre. Aunque la propuesta no salió adelante, gracias al rechazo del PSC (en el gobierno local), sí saltó a la fama de los medios de comunicación conservadores del Estado. Básicamente, para recibir insultos, ridiculizaciones y alguna amenaza.

El cuñadismo contraataca

Y es que todos los cuñados del Estado se sintieron golpeados en su ego (o sea, en su masculinidad). Y el cuñadismo salió a defenderse en bloque. Los periodistas Fernando Ónega y Carlos Herrera se reían, respectivamente, desde sus micrófonos en Onda Cero y la COPE. Intereconomía tildaba la propuesta de “perturbada” y añadía que era “un intento por controlar como se sientan los hombres”, mientras que Ok Diario incluso recreaba un vagón de metro en una píldora audiovisual con la que ridiculizar la propuesta. La Gaceta, ABC, Periodista Digital...

Destacados políticos como Esteban González Pons, eurodiputado del PP, escribía en Las Provincias: “El chandalismo bolivariano y el batasuno flequillo cortado con hacha de la CUP ya son tendencia en la excapital del diseño mediterráneo”. Fueron pocos los que no se sumaron. Tanto es así que la regidora de la CUP Terrassa y técnicas del grupo municipal incluso rechazaron entrar ‘en directo’ para programas de Antena 3 Televisión y otros medios de comunicación, tal era la desconfianza hacia los periodistas.

Aunque también hubo burlas desde ámbitos progresistas: el conocido escritor catalán Quim Monzó le quitaba importancia y apuntaba hacia “la chica que a menudo veo al otro lado del pasillo y que pone sus bambas mugrientas sobre el asiento de enfrente”, mientras que la escritora y activista independentista Empar Moliner aseguraba que “la CUP tienen ganas de crear un problema donde no lo hay”.

“Aunque seamos las mujeres las que sufrimos el manspreading, fueron los hombres los que salieron en masa a opinar”

Según explica Maria Sirvent, actualmente diputada en el Parlament de Catalunya y concejala de la CUP de Terrassa en dicho momento, “son los hombres los que salieron en masa a dar su opinión sobre el tema, aunque son las mujeres quienes sufrimos mayoritariamente el manspreading”.

Tanto es así que el 95% de los comentarios en redes fueron escritos por hombres. Y la mayoría eran insultos, comentarios sexistas, despectivos o que denotaban paternalismo. “Todo partido de izquierdas recibe insultos de la caverna mediática, pero sin duda, los insultos más encendidos no son por que tengas posiciones independentistas o izquierdistas: lo que más les duele es el feminismo”, añade Maria Sirvent. “En vez de entender que gozan de privilegios y tienen que renunciar a ellos, se creen que alguien les está robando su masculinidad”.

Campaña Netflix Metro Barcelona
Imagen de la campaña de Netflix en un vagón del metro de Barcelona.

De aquí que la propuesta feminista camine hacia términos como “Nuevas Masculinidades” o “Masculinidades No Hegemónicas”. Pero buena parte de los hombres se sienten interpelados. Y atacados. Y entonces viene la retahíla habitual: “Feminazis”, “histéricas”, “el problema no existe”... La andanada de ataques, sin embargo, tuvo su contrapartida en muchas otros artículos positivos con la propuesta. Especialmente impactante fue el vídeo editado por la revista digital de corte urbanita Playground, el cual explicaba en qué consistía el fenómeno del despatarre y que ha conseguido 5,6 millones de visitas en su edición en castellano (así como otros 4,6 millones de visualizaciones en su versión portuguesa para la edición de Brasil).

Con el turbo puesto, al cabo de pocas semanas el mismo partido llevaba la iniciativa a Barcelona. El Ayuntamiento progresista de Ada Colau (Barcelona en Comú) no tardaba en aceptar la medida y lanzaba anuncios contra el manspreading en el Metro ya en junio de 2017. Insertada dentro de una campaña más general sobre civismo (bajo el lema “Karma, todo vuelve”), la empresa pública de transporte TMB interpelaba a los hombres a no invadir el espacio vital de las demás pasajeras.

Nueva York fue la pionera, pero la campaña se extiende ya por Madrid, Barcelona, Seatle, Filadelfia...

Coincidiendo en el tiempo, colectivos feministas de Madrid lanzaba en mayo una campaña por via de Change.org, que alcanzaría más de 13.000 firmas, reclamando pictogramas contra el manspreading. Finalmente, la concejalía de Movilidad anunciaba que se sumaba a la causa, aunque en este caso en los autobuses públicos de la ciudad. La BBC se hacía eco de la aprobación. La derecha atacaba al consistorio de Ahora Madrid y al movimiento feminista madrileño. Junio de 2017 como el momentum despatarre: los dos ayuntamientos más grandes del Estado, en campañas pioneras. Pero no las primeras en el campo internacional: Nueva York arrancó en 2014 con esta línea de concienciación, así como lo han hecho posteriormente Seatle, Filadelfia, ciudades del Japón... Igualmente, en 2015 era Oxford quien acuñaba el neologismo manspreading y le daba carta de uso. Actualmente, otros Change.org han sido lanzados en París (con cierto seguimiento) y en Londres (con escasa repercusión).

Ahora ha sido el turno de Netflix, quien de hecho es conocida por sus polémicas campañas publicitarias. Como por ejemplo el cartel gigante de la serie Narco en plena Puerta del Sol de Madrid, así como las imágenes de la violencia de la Policía Nacional en Catalunya para promocionar los nuevos capítulos de Black Mirror. Y lo ha hecho para anunciar la nueva temporada de su serie Jessica Jones, un personaje claramente feminista en esta ficción de la casa Marvel. “¿Despatarrado? Cierra las piernas... ¡Gracias!”.

Y llegados a este punto, ¿qué hace un hombre (aunque sea periodista) explicando una historia feminista? ¿Podría ser mansplaining? Esa tendencia de los hombres de monopolizar la conversación, silenciar a las mujeres e incluso explicarles cómo ha de ser la lucha feminista y cómo se sienten... Queda para el debate. Crítica y autocrítica.

16 Comentarios
Francisco 13:03 9/4/2018

Sin comentarios ?

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Fran 13:01 9/4/2018

Que bien vamos a vivir cuando la CUP BILDU ERC Y PODEMOS GOBIERNEN JUNTOS UFFFF UN O UNA PASARAISO O PARAISA

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#13202 14:36 9/4/2018

La medicación tan fuerte nunca debe dejarse en seco. Te recomiendo que reduzcas la dosis paulatinamente para evitar episodios violentos.

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#12967 13:40 6/4/2018

Acotar la crisis humanitaria del hombrespatarrao es el eje vertebrador central de las politicas dinamizadoras de Podemos.

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#13007 18:47 6/4/2018

Y "reeducar hombres" el principal problema del país, espero que abran pronto los gulags para que nos enseñen a ir por el buen camino

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#13020 20:55 6/4/2018

Netflix apoyó la censura contra The Red Pill, de la (ahora ex) feminista Cassie Jaye. ¿Así se lo agradecéis?

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#12992 16:51 6/4/2018

Es una pena,pero españa sigue siendo un paìs muy machista,y muchas veces la culpa la tenemos las mujeres...

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#13006 18:46 6/4/2018

España es uno de los países menos machistas del mundo y con menor violencia hacia la mujer, esa afirmación suya pone de manifiesto el lavado cerebral que vivimos. ¿Se puede mejorar? Sí. ¿España es muy machista? No.

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Francisco 13:04 9/4/2018

Totalmente de acuerdo o descuerda

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#13134 16:35 8/4/2018

Qué sea de los menos machistas no cambia el hecho de que sea muy machista. Esa afirmación tuya pone de manifiesto el lavado cerebral que vives, porque no hay opresión "poca": toda es injustificable y toda debe ser erradicada.

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#13058 13:14 7/4/2018

Estamos a la cabeza de la civilización. Cruzcampo la mejor cerveza del mundo.

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#13069 15:35 7/4/2018

Qué bárbara la clase trabajadora andaluza, ¿mira que beber cruz campo?
dime otro comentario clasista de la izquierda burbuja, cuéntame más...

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#13079 20:16 7/4/2018

¿Criticar la cruzcampo es clasista? Cuéntame mas, por favor.

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#12988 16:03 6/4/2018

Ay que ver como se alían "rebeldes" y capital para regular gestos cotidianos. "Hagamos que el estado entre en nuestra vida privada, naturalicemos que los gestos cotidianos sean motivo de censura y persecusión".

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#12983 15:00 6/4/2018

Muy buen articulo y cierto por completo. En cambio nadie habla de lo contrario, si un hombre pone los pies en el asiento de enfrente en un bar o terraza ensequida viene el camarero y le llama la atención, si lo hace una mujer no pasa nada. Comprobado, lo mismo en los servicios, si un tio entra en el retrete de tias se forma gran escandalo, si es al reves no pasa nada. Visto mil veces y sabido pero se oculta.

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#12966 13:40 6/4/2018

Invaden el espacio de las pasajeras... no de los pasajeros también. Curioso

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