Libia
El ataque sobre un centro de migrantes de Libia, calificado como “posible crimen de guerra” por la ONU

Los combates en torno a Trípoli se han cobrado la vida de al menos 44 personas en un centro de detención de migrantes y refugiados. La autoridad de la capital achaca el bombardeo a las tropas del Ejército Nacional Libio-LNA.

Centro de detencon de Tajura
Centro de detencion de Tajura, en Trípoli, donde han muerto al menos 44 migrantes a causa del bombardeo del día 2 de julio. Foto: HRW
Actualizado a las 17:40 con el reporte de Amnistía Internacional.

publicado
2019-07-03 16:31

Khalifa Haftar podría ser un criminal de guerra, según Ghassan Salamé, enviado especial de la ONU a Libia. El ataque al centro de detención de migrantes de Tajura, a 15 kilómetros de Trípoli, que ha causado, a falta de un recuento exhaustivo, al menos 44 muertes y 130 heridos, “podría constituir claramente un crimen de guerra, ya que ha matado por sorpresa a personas inocentes cuyas condiciones extremas les obligaron a estar en ese refugio”, ha declarado Salamé. Los reportes de Tajura indican que uno de los proyectiles impactaron en un hangar del centro, en el que se encontraban 120 personas.

Magdalena Mughrabi, directora adjunta para Medio Oriente y África del Norte de Amnistía Internacional, ha denunciado que el ataque a un centro “cuya ubicación era conocida por todas las partes en conflicto, debe investigarse independientemente como un crimen de guerra. La Corte Penal Internacional debe investigar de inmediato la posibilidad de que se trate de un ataque directo a civiles”. 

El Gobierno de Unidad ha responsabilizado del ataque a Haftar, “mariscal” del ejército del Ejército Nacional Libio-LNA. Sus tropas iniciaron hace dos meses una ofensiva sobre la capital que puso en riesgo a las más de 3.000 personas que permanecen atrapadas en centros como el de Tajura, en el que permanecen más de 600 personas, Triq al-Seka, Qasr bin Gashir, los más cercanos al foco del conflicto.

Haftar ha negado que el LNA sea responsable del ataque sobre Tajura, a pesar de que su ejército anunció el incremento de la ofensiva aérea, según ha recordado The Guardian. Amnistía Internacional conecta el ataque con la reciente recepción por parte del ejército de cazabombarderos F-16 que “son capaces de realizar un ataque aéreo nocturno con bombas lo suficientemente grandes que podrían causar daños de este tipo”.

La Organización Mundial de la Salud estimó a finales de mayo que desde el inicio de la ofensiva sobre Trípoli —y antes del ataque de hoy, del que todavía no se han contabilizado las víctimas— 562 personas han muerto y más de 2.855 han resultado heridas.

Médicos Sin Fronteras (MSF) sostiene desde comienzos de abril una campaña para la evacuación inmediata de las migrantes y refugiadas atrapadas en los campos de detención y en riesgo por el fuego cruzado entre el Ejército Nacional Libio-LNA y el Gobierno del Acuerdo Nacional-GNA. En declaraciones a los medios de comunicación MSF ha denunciado que “lo que es necesario ahora no es una inocua condena de estos hechos, sino la evacuación urgente e inmediata fuera de Libia de todos los refugiados y migrantes recluidos en los centros de detención de este país. La inacción y la complacencia se han saldado innecesariamente con las vidas de los refugiados y migrantes más vulnerables”.

Aliados peligrosos

El enfrentamiento entre el LNA y el GNA se desató definitivamente con la ofensiva que el ejército de Haftar desató el 4 de abril. Pese a que se apunta a la responsabilidad de este señor de la guerra en el ataque sobre Tajura, otros testimonios han apuntado al uso de las personas migrantes y refugiadas como “escudos humanos” por parte de las fuerzas del Gobierno del Acuerdo Nacional, dirigidas por Fayez Al-Sarraj. Un extremo que no ha sido confirmado, tampoco que se esté obligando a migrantes a combatir, otro de los temores que han expresado las ONG sobre el terreno. La más explícita ha sido Exodus, que acusa a las tropas de al-Sarraj de ocultar milicias y armamento dentro de los centros de detención.

La situación en Libia es objeto de disputa de las grandes potencias internacionales. Países como Egipto y Emiratos Árabes Unidos son poco discretos aliados de las tropas “rebeldes” de Khalifa Haftar, excoronel del ejército Libio de Muamar el Gadafi. Tropas que controlan la mayor parte del país pero no la capital, punto clave para el control del Mediterráneo, que convierte a Al-Sarraj en un socio prioritario para Italia. Más implícito ha sido el apoyo de Francia o Estados Unidos a este ejército, que contrasta con el reconocimiento de la ONU del Gobierno del Acuerdo Nacional como autoridad libia. Qatar, Turquía, la propia Italia y, en menor medida, Gran Bretaña se sitúan como los principales partidarios del actual Gobierno de Trípoli.

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