LGTBIfobia
“La homofobia es algo cultural, que está en toda la sociedad. Y el pueblo gitano no es una excepción”
Pocos días después del día internacional del Orgullo Gay tenía lugar en Sevilla un evento sin precedentes. Se trataba de las jornadas Orgullo Gitano, una cita en la que personas del colectivo de todo el estado se encontraban para reconocerse, debatir sobre su situación dentro de la comunidad gitana y del contexto payo, y asentar los cimientos de un sujeto político necesitado de visibilidad y de asentar redes. De aquel foro surgieron las llamadas Declaraciones de Sevilla.
En estos documentos se hace énfasis en la importancia de alianzas que trasciendan el propio colectivo, así como en la necesidad de contar con espacios específicos de articulación entre identidades —como las personas no binarias, o las mujeres lesbianas— que se han visto históricamente más invisibilizadas. Pero sobre todo, se fija “un horizonte común: la construcción de una red estatal de personas gitanas LGTBIQ+”, reza la web que recoge los encuentros. Una red construida en base a “apoyo mutuo, generación de conocimiento propio e incidencia política”, y que se presenta como: “un paso necesario para superar la fragmentación existente y avanzar hacia respuestas colectivas frente a las desigualdades”.
“La declaración de Sevilla recoge documentos políticos clásicos a partir de los cuales queremos estructurar movimiento político y acción política”, explica Iñaki Vázquez, miembro de la Fragua Projects, organización gitana que ha promovido el encuentro. Este activista gitano de larga trayectoria explica que el encuentro de Sevilla responde a la falta de organizaciones o colectivos que aborden este tema, tanto en el estado español como a nivel europeo. Sin embargo, hay otros espacios donde por fin se está visibilizando la comunidad LGTBIQ+ gitana: “Con la eclosión de internet, han surgido nuevos activismos, nuevas formas de participar que van mucho más allá de las prácticas de las organizaciones”.
La idea, explica Vázquez, es superar una cierta atomización del movimiento y apostar por la coordinación, por la articulación “para generar espacios de encuentro, de apoyarnos, de abrazarnos, de saber escucharnos —porque hay gente que tiene historias de vida realmente duras— pero a la vez que seamos capaces, dentro de nuestra diversidad interna y nuestra diversidad política, de plantear estrategias comunes”. El activista considera central ensayar caminos conjuntos con personas que están llegando a donde las organizaciones —en un contexto de desafección al asociacionismo— no estarían llegando. Y cita los nombres de Manuel Jiménez, o de Josico Hernández, creadores de contenido que están visibilizando al pueblo gitano, con un amplio alcance también entre la población paya.
“Este tipo de encuentro LGTBIQ es necesario, sobre todo cuando un sector muy importante del pueblo gitano, muy vinculado a la religión, es claramente hostil”
Ante un marco general en el que se tiende hacia el individualismo, con la soledad y el aislamiento que esto conlleva, Vázquez considera que el surgimiento de nuevos liderazgos y discursos vuelven a situar el debate en la esfera pública. “En el encuentro de Sevilla vimos que la gente necesitaba juntarse, escuchar, sentirse acompañada. Esto demuestra que este tipo de encuentro es necesario, sobre todo cuando un sector muy importante del pueblo gitano, muy vinculado a la religión, es claramente hostil”. El activista celebra que se propiciara un espacio seguro que generase ganas de continuidad: “la gente salió con muchas ganas de volver a verse, quieren montar una carroza, hay bastante ilusión”.
Noa cuenta cómo piensa montar esa cabalgata LGTBI gitana el próximo año. Esta mujer trans de Barcelona, considera que el espacio que se armó en las jornadas de Sevilla fue “muy divertido, muy interesante, maravilloso”, pero lamenta que no llegara a más gente: “a muchas trans, amiga mías gitanas de Barcelona, les habría encantado haber ido”. La historia de vida de Noa, muestra el enorme precio que ha tenido que pagar por su transexualidad: “me destierran con 8 años, duermo con 11 años en la calle. Tengo dos hijos que me los quitó la DGAIA, he pasado 30 años en la cárcel, donde viví una vida perra. Me han violado, me ha pasado de todo”, explica. Su historia la cuenta la película “Corren las liebres”, un film que ha tenido un recorrido espectacular, haciéndose con múltiples reconocimientos.
José Santiago habla desde una realidad distinta, vinculado casi toda su vida a la Fundación Secretariado Gitano, acudió a las jornadas de Sevilla a título personal. En organizaciones como en la que él venía participando, si bien abordaban los derechos LGTBIQ+ de una forma transversal, no contaban con un espacio dedicado a este colectivo. Ahora al menos cuentan con Ververipen, o la Fragua, pero en definitiva, lamenta, hay poca organización. “Necesitamos muchas veces primero un espacio donde podamos crear nuestros referentes y donde podamos conocernos, contactarnos y saber que no estamos solos”, apunta Santiago, quien celebra la creación de una plataforma común a raíz de las jornadas.
Alicia (no es su nombre real) considera que esta situación de falta de espacios es aún más evidente para mujeres gitanas lesbianas, por ello valora especialmente lo que ocurrió en la capital andaluza: “las jornadas de Sevilla fueron espectaculares. Noté como que algo de mi niña interior sanó. Porque la verdad es que yo crecí sin referentes LGTBIQ+, en mi caso mucho menos mujeres gitanas lesbianas”.
La activista evoca el encuentro con tantas personas cuir y disidentes como un momento de sanación: “Es necesario que nos articulemos y nos organicemos porque como dice siempre Celia, nos quieren divididas, no nos quieren juntas. Porque saben que juntas podemos luchar muy fuerte”, explica la joven, citando a la activista Celia Montoya, otra de las integrantes de la Fragua y artífice de la propuesta. Para Alicia es fundamental crear comunidad ante una sociedad que tiende al individualismo.
Reivindicar los referentes
Santiago considera que contar con referentes es algo que tiene bastante recorrido para el pueblo gitano, “y los referentes LGTBIQ+ existen, pero hay que hacer mucho esfuerzo para conocerlos porque no son algo público ni accesible”. En los colectivos de disidencia sexual payos, lamenta el activista, “tienen unos puntos de vista muy blancos, sin que esto sea necesariamente negativo, pero que obviamente pasa por alto las necesidades que como personas LGTBIQ+ gitanas tenemos, porque nos afectan las problemáticas relativas al colectivo, junto a las problemáticas que nos afectan como personas gitanas”.
Para Vázquez, reivindicar a los propios referentes es fundamental. Pone un ejemplo: “la tía Miryam Amaya es una mujer transexual gitana que fue una de las impulsoras de la primera manifestación del Orgullo en Barcelona en 1977”. Vázquez comparte los homenajes y reconocimientos que se hace a toda una genealogía de activistas que se manifestaron con la “policía fascista delante”, pero lamenta que personas como la tía Miryam Anaya no hayan gozado del mismo reconocimiento.
Pero no se trata solo de genealogías, el integrante de La Fragua ve en la actualidad un movimiento de personas jóvenes que cuestionan los roles de género, que proponen nuevas expresiones de género y “que nos vienen a cuestionar a todos, eso también ocurre en el pueblo gitano”. Ante esas pulsiones de apertura, como en la sociedad en general, se está dando una creciente reacción que afecta específicamente al pueblo gitano, lamenta el activista. “Ponemos la voz de alerta sobre que desde según qué púlpitos se están lanzando mensajes que odio contra la población LGTBIQ+”. Mensajes, denuncia, que se están dando ante la indiferencia de la administración, y “la mirada hacia otro lado” de buena parte del movimiento LGTBIQ+ general. Alerta de la gravedad de un contexto donde los discursos de odio habilitan la violencia o el destierro para personas de la comunidad LGTBIQ+ gitana por parte de sus familiares o de su entorno.
La ofensiva evangélica
Y es que algo que preocupa mucho a estos activistas es la penetración de un discurso reaccionario, muy propio de esta época de retroceso y odio contra lo no normativo, a través de la centralidad que han ido tomando las iglesias evangélicas en el pueblo gitano en las últimas cuatro décadas, lamenta Vázquez: “se trata mayoritariamente de tradiciones que provienen curiosamente de movimientos supremacistas blancos de Estados Unidos y cuentan con una carga ideológica ultraconservadora”. Para el activista de la Fragua el colectivo LGTBIQ+ gitano es objetivo de esta “ola ultraconservadora que dice que toda esta disidencia sexual y de género no pertenece al pueblo gitano, que es algo externo al pueblo gitano, y eso es una falacia”.
Para la articulación que arrancó en Sevilla es fundamental impugnar ese binomio entre la identidad gitana y la confesión evangelista. “En los últimos años se ha instaurado en una parte importante de la población gitana la idea de que ser gitano, que ser gitana, está asociado a esta confesión”, explica Vázquez quien reitera su respeto a la libertad de culto, al tiempo que denuncia los “mensajes ultraconservadores, contra los derechos de las mujeres, contra los derechos civiles en general y específicamente contra los derechos de las personas LGTBIQ+”, que se emiten desde estas iglesias.
“Hemos visto a muchos pastores religiosos decir que las personas LGTBIQ+ tienen el demonio dentro, que son satánicas y cosas de ese estilo”, coincide Santiago, algo que genera graves consecuencias en las personas del colectivo “a veces es el caso de que las personas gitanas que no están en la iglesia quedan un poco relegadas de la comunidad, pues es muy difícil participar de la comunidad si no se participa de la iglesia”. Santiago comparte cierto desasosiego en términos de identidad y de pertenencia: “es decir, ¿qué soy? ¿Más gitano o más LGTBIQ+? Por desgracia, en algunas ocasiones hay que decidir, porque los espacios LGTBIQ+ son muy blancos y en los espacios gitanos ser LGTBIQ+ es muy complicado”.
“Hay muchas formas de ser gitano y la nuestra incluye ser LGTBIQ+”
Santiago quiere dejar claro que no considera que la homofobia sea un problema específico del pueblo gitano. “La homofobia es algo que es cultural, que está en toda la sociedad. Y el pueblo gitano no es una excepción”. Él, personalmente, no ha tenido ningún problema con su familia o su entorno, sí con algún familiar más religioso. De hecho, para este activista es importante señalar que si hay homofobia en la comunidad, esta viene de la mano de estas confesiones religiosas que fueron implantándose a partir de los 70, y que suponen un reto pues “está la idea de que las personas que cuestionan algo que dice o hace la iglesia son menos gitanas porque están cuestionando directamente a la comunidad”.
Santiago apunta a la necesidad de confrontar ese discurso, “hay muchas formas de ser gitano y la nuestra pues incluye ser LGTBIQ+ y tenemos que tener la valentía de decir: ‘oye, esto que estás diciendo no está bien’”. El activista reconoce que esto no siempre es fácil, cuando es la familia, el entorno, la comunidad la que está en frente. “Hay que hacerlo de una forma educativa, si no lo único que se crea es un conflicto. Pero claro, tampoco hay que simplemente aceptar cualquier discurso”.
La problemática, sin embargo, trasciende al pueblo gitano, “es una cuestión de cómo está la sociedad cambiando. De cómo cada vez se pueden escuchar más discursos homofóbos, racistas, cada vez hay más libertad —entre comillas— o más libertinaje de decir cualquier cosa, incluso aunque sean discursos de odio”, a este activista le preocupa particularmente el auge de estos discursos entre personas jóvenes.
Alicia comparte la preocupación de Santiago en cuanto a la impunidad de determinados discursos: “no hay consecuencias cuando la gente dice sandeces de extrema derecha. No hay ninguna consecuencia en decir ‘soy un nazi y odio a los gitanos y odio a los negros y odio a los musulmanes, se tendrían que morir’. No hay ningún tipo de consecuencia en cuanto a discursos racistas homófobos, transfóbicos”.
La activista lamenta que iniciativas legislativas, como la inclusión por primera vez del antigitanismo como delito de odio en la Ley de Igualdad de Trato de 2022, fruto de una gran lucha colectiva, no hayan impedido estos discursos, y aunque no se atreve a afirmar si están creciendo o no, lo que le parece evidente es que, ante la impunidad, las personas no “se lo piensen dos segundos” antes de proferir discursos de odio en cualquier plataforma. “Encuentro que falta bastante pensamiento crítico y un poco más de empatía con el mundo y con el que tenemos al lado”, concluye.
Una red para el apoyo mutuo
Santiago rescata la diversidad de personas y perfiles que encontró en Orgullo Gitano, y las ganas de continuar con lo empezado. “Me gustó mucho ver que había personas de todo tipo, es decir, que igual que encontraba una persona punk con una cresta, encontraba una persona que iba en Sevilla a las procesiones, todas eran LGTBIQ+ y parecían personas de mundos distintos, pero que al final las problemáticas que tienen son las mismas”. Es por esa necesidad de lo colectivo, por la potencialidad que tiene, que invita a otras personas LGTBIQ+ gitanas a unirse: “este es un espacio para todos y todas, creo que una persona puede cambiar algo, pero desde luego un colectivo, un grupo, puede cambiar mucho”.
Vázquez celebra que se esté creando red, con proyección de futuro, y con la que esperan también poder integrar y apoyar a la gente que lo necesite: “Los que vivimos en grandes ciudades, en Madrid, en Barcelona, cada equis tiempo nos llega gente joven expulsadas de sus territorios, desterradas de su familia, con una crisis importante, han sufrido violencia y, como pasa siempre con el pueblo gitano, no acaban de encajar en los pocos recursos que existen”. Así, es consciente del desamparo que sufren personas como Noa, que han tenido que afrontar la violencia y la pobreza por su condición, y que confiesa que ni siquiera hacer una película de éxito le ha cambiado la vida.
“Nosotros seguimos diciendo que el pueblo gitano no es esencialmente más homofóbico o más misógino, o más machista que el resto de la sociedad”, pero detrás de la homofobia o el machismo existente hay gente que sufre: “desde la red queremos empezar a hablar de esto desde el sosiego, desde la tranquilidad, pero también desde la defensa de los derechos humanos de manera integral”. Se trata, en definitiva, de que nadie pueda difundir impunemente un odio que destroza vidas y cercena libertades.
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