Opinión
Más allá del 1 de Mayo: los primeros pasos hacia un frente único combativo de clase en Madrid

Vivimos momento complicados para las expresiones organizadas de la clase trabajadora. Nos enfrentamos a un escenario de fragmentación y pesimismo ante la ofensiva generalizada contra nuestras condiciones de vida.
1 Mayo Interseccional 2026 - 2
El Primero de Mayo combativo e interseccional en Madrid en 2026. Alberto Astudillo
Liza, Plataforma Anarquista
12 may 2026 05:00

Creemos que es más importante que nunca visibilizar —e incluso, por qué no, celebrar— avances que, sin ser definitivos, apuntan en una dirección estratégica de enorme importancia: la unificación de las jornadas del Primero de Mayo combativo e interseccional en Madrid, tras años de convocatorias separadas. Y este es un hecho de gran importancia: se trata de los primeros pasos hacia la construcción de un frente único combativo de clase, todavía limitado, pero con potencial para desarrollos mayores. Estos avances no han sido fruto de azar, son el resultado de un trabajo consciente y paciente, sostenido en el tiempo, que debemos reivindicar. 

Durante demasiado tiempo hemos operado de forma atomizada. Sindicatos combativos, colectivos sociales, espacios políticos y luchas sectoriales hemos coexistido, pero no hemos logrado articular una práctica común sostenida. Esto ha limitado nuestra capacidad real de intervención en la realidad y ha facilitado tanto la cooptación institucional como la irrelevancia política, que necesariamente genera depresión política y un repliegue en torno a la afinidad y el yo. La experiencia del ciclo de movilizaciones anterior nos ha dejado claro que las formas de hacer basadas en la dispersión y la suma mecánica de siglas se han mostrado insuficientes.

En esta coyuntura cobra sentido apostar por el frente único: una unidad de acción combativa, que parte de la centralidad y la organización de la clase trabajadora bajo sus propias herramientas

Pero este Primero de Mayo contexto ha cambiado cualitativamente. La profundización de la crisis climática y energética, el rearme imperialista y el crecimiento de la extrema derecha ya no son amenazas abstractas o futuras. Son realidades materiales que atraviesan nuestras vidas y configuran el terreno de lucha inmediato. En esta coyuntura cobra sentido apostar por el frente único: una unidad de acción combativa, que parte de la centralidad y la organización de la clase trabajadora bajo sus propias herramientas de lucha. 

Un frente único que, además, es capaz de asumir una doble realidad. Por un lado, la diversidad de la clase trabajadora atravesada por múltiples ejes de dominación, segmentados por condiciones materiales diferenciadas y heterogéneas en sus experiencias. Lejos de ser un obstáculo, esta diversidad debe ser reconocida, visibilizada y organizada políticamente. Reconocer la diversidad precisamente su diversidad es imprescindible para dirigir las luchas contra el enemigo común: el sistema capitalista.

Consideramos que el auge de la extrema derecha puede vincularse con la decepción que ha provocado el populismo y el neorreformismo. Son parte del problema y jamás su solución

Frente a las llamadas a la unidad antifascista de la izquierda amplia, conviene ser claros: no será ningún frente popular, ni ninguna reedición de bloques “antifascistas”, lo que resuelva nada. Menos aún dentro de los límites de las instituciones. De hecho, consideramos que el auge de la extrema derecha puede vincularse con la decepción que ha provocado la actividad política del populismo y el neorreformismo. Son parte del problema y jamás su solución.

La tendencia de estas fórmulas a la desmovilización, a la delegación política y a la subordinación de los intereses de la clase trabajadora al programa de la burguesía, las convierte en incapaces de enfrentar las dinámicas profundas del capitalismo. Son estrategias de conciliación de clase. No hay nada que conciliar, no hay nada que reforma: solo la clase trabajadora consciente y organizada puede frenar al fascismo y derrocar el capital.

Por ser la unidad del 1 de Mayo un primer paso, estos avances tienen un valor especial. Porque abren una posibilidad real donde antes había bloqueo

No obstante, somos conscientes de que esta unificación del 1 de Mayo en Madrid no es un frente único consolidado. Es, meramente, un primer paso en esa dirección. Ni siquiera estamos hablando aun de un Frente Único de clase en un sentido extenso, nos referimos solamente a los sectores de vanguardia más organizados y combativos. La unidad en una fecha concreta, por significativa que sea, debe convertirse en un proceso estable de coordinación y construcción política. Precisamente por eso, estos avances tienen un valor especial. Porque abren una posibilidad real donde antes había bloqueo. Porque muestran que la inercia de la fragmentación no es inevitable. 

Frente a quienes insisten en que “no se puede hacer nada”, en que la lucha no merece la pena o en que cualquier intento de unidad está condenado al fracaso, la mejor respuesta no es el debate abstracto, sino la práctica. Ver a miles de personas marchando bajo la bandera de la clase trabajadora, articulando un espacio común de lucha, tiene una potencia política que desborda cualquier discurso derrotista. A quienes han hecho del escepticismo una posición cómoda, solo cabe oponerles la evidencia de los hechos. A quienes se sitúan como observadores externos, esperando el fracaso para confirmar sus tesis, les interpelará la fuerza de un movimiento que avanza pese a todo. Estamos convencidas de que estos pasos, aún iniciales, apuntan en la dirección correcta. No porque garanticen ningún resultado, sino porque se sitúan en el único terreno desde el que es posible transformar la realidad.

Frente a la guerra del capital, nuestras armas siguen siendo las mismas: organización, huelga y revolución

Debemos reconocer y poner en valor a las compañeras y organizaciones que hemos visto avanzar con compromiso en estas líneas. Han mostrado valentía, honestidad y disposición a salir de inercias que durante años han limitado nuestras posibilidades. No es un camino sencillo, implica confrontar lógicas asentadas que no son fáciles de superar. Pero es, por ello, un camino necesario. Frente a la guerra del capital, nuestras armas siguen siendo las mismas: organización, huelga y revolución.

Y hoy más que nunca se hace evidente que solo a través de la unidad combativa podremos hacerlas efectivas. No hay atajos: o avanzamos en la rearticulación de la clase como sujeto político, o seguiremos atrapadas en la fragmentación. Por ello, la tarea es clara: convertir cada avance en un punto de apoyo para los siguientes.

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