Rojava no va a desaparecer

El acuerdo firmado entre el gobierno de transición sirio y la AADNES se leía como una desaparición de facto del proyecto kurdo, pero Rojava se niega a desaparecer.
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Marta Moreno Guerrero Campo de refugiados Serdem.
Rojava
24 mar 2026 06:00

En la frontera de Semalka, que separa el Kurdistán iraquí del sirio, cientos de personas se agolpan en las filas esperando entrar en la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AADNES), más conocida como Rojava. Durante estos días ocurren dos cosas: se celebra el Eid al-Fitr, por lo que muchos cruzan fronteras estos días para festejar el fin del Ramadán con sus familias, y la liberación de cientos de prisioneros que el Gobierno de transición sirio, en manos de ex combatientes de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), había detenido durante los ataques iniciados el 6 de enero a las zonas kurdas.

Redour, con apenas 27 años, fue uno de esos prisioneros. “El 20 de enero estaba yendo de Al-Hasakah a Raqqa y cuatro días después sus camaradas nos llamaron y nos dijeron que Redour ya era un mártir”, cuenta su hermano Resho desde su casa en Amuda, al noreste de Rojava. Redour forma parte de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) desde hace más de diez años y esta ha sido la segunda vez que su familia recibe esa llamada. Junto a Resho está su madre, Gosun Omeri, quien escucha la conversación con atención.

Los ataques que comenzaron el 6 de enero de 2025 intensificaron la amenaza militar y política sobre la administración kurda del noreste de Siria. Tras varios incidentes armados en zonas rurales entre fuerzas de la Administración Autónoma y milicias vinculadas al gobierno de transición sirio, distintas facciones lanzaron operaciones coordinadas en varios puntos del norte del país. Las redadas se concentraron en áreas bajo influencia kurda alrededor de Raqqa, Deir ez-Zor y Al-Hasakah, donde decenas de combatientes y civiles fueron capturados. Muchos de ellos fueron trasladados a prisiones en el centro y oeste del país, mientras otros permanecieron en centros de detención improvisados controlados por facciones armadas.

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Centro de Qamishli. Marta Moreno Guerrero

“Treinta días después, nos enteramos de que lo habían capturado y de que seguía vivo; y 17 días más tarde, nos llamó diciendo que se encontraba en la ciudad de Hama”, sigue narrando Resho. “Lo llevaron a la prisión de Al-Shaddadi, donde lo entregaron a las facciones que existían en Shaddad, quienes lo torturaron durante días. Después de cinco días de torturas lo liberaron”. Estos ataques le dieron al ejército sirio el control de varias localidades periféricas en la provincia de Raqqa y partes del oeste de Deir ez-Zor, mientras que el control kurdo se concentró principalmente en el corredor que conecta Qamishli, Al-Hasakah, Kobani —la cual lleva sitiada ya más de dos meses— y varias zonas rurales circundantes.

Un acuerdo que se mira con recelo

Tales ataques forzaron a la firma de un acuerdo entre Hayat Tahrir al-Sham y la Administración kurda, el cual estipula la integración progresiva de las estructuras militares de las Fuerzas Democráticas Sirias en el ejército sirio, el control centralizado de los pasos fronterizos y de los recursos estratégicos por parte de Damasco, y la presencia de fuerzas del gobierno en varias ciudades de la región. Entre lo poco que han conseguido los kurdos con este acuerdo ha sido mantener estructuras administrativas locales, conservar parte de sus fuerzas de seguridad internas y evitar una ofensiva militar directa contra las principales ciudades de la región.

El acuerdo se mira con recelo desde Rojava; el hecho de que las unidades de protección kurdas tengan que integrarse en las filas del ejército sirio se ve con miedo en el norte de Siria

Foza Youssef es la co-presidenta para las negociaciones con Damasco y explica que consideraron que era “necesario” llegar a ese acuerdo. “Y sabemos que este acuerdo no es perfecto, pero teníamos que aceptarlo para poder continuar nuestra lucha, proteger nuestras regiones y evitar que se produzcan masacres contra nuestro pueblo”. El encuentro con Foza tiene lugar en el congreso organizado por Kongra Star, confederación de organizaciones de mujeres kurdas que coordina la participación política femenina y promueve el sistema de copresidencia y la autonomía de las mujeres dentro del proyecto político de la Administración Autónoma. Para el encuentro, mujeres de distintas regiones del Kurdistán han sido llamadas para debatir sobre la nueva Constitución siria con el fin de evitar que las pierdan derechos con el nuevo gobierno de Damasco. “Tendremos más posibilidades de garantizar que los habitantes de esta región se protejan a sí mismos. Y esto es lo que podemos decir que será el resultado del acuerdo que hemos alcanzado”, explica.

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Colegio Ma'n bin zaedeh en Qamishli, convertido en un campo de refugiados.

Sin embargo, tal acuerdo y lo que estipulaba se mira con recelo desde Rojava; el hecho de que las unidades de protección kurdas tengan que integrarse en las filas del ejército sirio se ve con miedo en el norte de Siria. “¿Cuáles son las líneas rojas para la Administración con respecto a lo que podría llevar el acuerdo?”, es la pregunta que más se repite. Youssef responde: “[En primer lugar], la Administración de la región debe ser elegida por los propios habitantes de la región. La segunda condición es la presencia de la misma en todas las instituciones. La tercera es que la enseñanza debe impartirse en la lengua materna de los habitantes de la región. Y la cuarta es que las fuerzas de seguridad internas deben estar compuestas por miembros locales, no por extranjeros”.

Gosun Omeri: “Todos saben que los americanos vienen, cogen lo que quieren y se van”

Algo que, parece, está empezando a cumplirse, ya que el día anterior al congreso las tropas de Estados Unidos que aún quedaban en Rojava como parte de lo que se conoció como la Coalición Internacional contra el Estado Islámico —creada en 2014 para luchar contra el EI— abandonaron la base de Rumeilan, que ahora pasará a estar en manos del gobierno de transición. “Todos saben que los americanos vienen, cogen lo que quieren y se van”, decía Gosun Omeri cuando se menciona a los estadounidenses.

La integración de las FDS en el ejército sirios no es la única parte del acuerdo que no gusta a los kurdos; el hecho de que la Administración pierda su capacidad regional es otro de los resultados que más se teme. Además de preguntarse cómo hará un proyecto que rechaza la concepción del Estado-Nación para “integrarse” en un sistema centralista, que es lo que quiere Damasco —y lo que apoyan Estados Unidos y la Unión Europea, quienes en su momento fueron los principales aliados de Rojav—.

Rojava sigue queriendo ser una alternativa

El proyecto político de Rojava siempre se ha visto como una especie de utopía. Una alternativa al sistema capitalista, al statu quo impuesto por las hegemonías globales. Basado en un Confederalismo Democrático de Abdullah Öcalan, en Rojava se promueve la autonomía local, la convivencia entre comunidades étnicas diferentes, así como una fuerte participación política de las mujeres. Esto no es solo teoría; se mire donde se mire, se puede leer “Jin, Jiyan, Azadî” (mujer, vida, libertad, en español), porque son las mujeres las que ocupan el centro de cada decisión. Así, en todas las instituciones existe un sistema de co-presidencias —un hombre y una mujer— y amplias redes de organizaciones sociales que gestionan desde los barrios hasta las administraciones regionales. Cada cantón cuenta con sus representantes, presentes de manera diaria en las oficinas dispuestas para ello. No es raro que las puertas siempre estén abiertas en estas y las reuniones sean interrumpidas por vecinos que tienen algo que decir. No es falta de organización, sino una organización que empieza desde abajo, desde los barrios.

Ahin Ibrahim es la representante de Kongra Star en la comuna del barrio de Khabat, en la ciudad de Qamishli: “Hablamos de nuestra organización sin jerarquías, partiendo desde la base para poner en marcha este tipo de representación […] Lo valioso de esto es que, cuando los trabajadores están en igualdad de condiciones, como ves, se valora. Es muy importante que en cada barrio haya una comuna, porque, tal y como dice el líder Abdullah Öcalan, la filosofía es que la gente debe administrarse a sí misma; las comunas organizan las sociedades y así es como funcionan”.

Unas calles más abajo, también en Qamishli, está la Unión Yazidí de Afrín, obligada a trasladarse a la que es hoy la capital de Rojava tras la ocupación de Afrín en 2018. Suad Hasso es su co-presidenta, quien también habla de la importancia del proyecto kurdo: “[Con Rojava] fue la primera vez que pudimos poner en práctica nuestras propias virtudes y abrimos escuelas en cada pueblo para enseñar a nuestros hijos nuestra propia cultura; fue en aquel entonces cuando sentimos que era la primera vez en mucho tiempo —décadas, incluso siglos— que volvíamos a tener vida”. Hasso se vio obligada a huir a Rojava tras los ataques en Al-Shehba de 2024, donde se había refugiado tras tener que huir de Afrín en 2018.

Siempre atacados, siempre resistiendo

El proyecto kurdo ha estado bajo amenaza desde su creación; las pretensiones imperialistas de Turquía hacia estos territorios así como de las fuerzas centralistas de Damasco no han parado —y parece que no lo van a hacer— de intentar acabar con el mismo. Sin embargo, Rojava ha podido sobrevivir gracias a la resistencia de su gente.

En el campo de refugiados de Serdem hay alrededor de 2.000 personas, con unas 400 familias, en su mayoría procedentes de Serekaniye, ciudad ocupada en 2019 por las milicias del Ejército Nacional Sirio (SNA, por sus siglas en inglés) apoyadas por Turquía. Las filas de las tiendas de campaña se acumulan, y de la ayuda internacional ya solo quedan algunas alfombras y las oficinas abandonadas de las Naciones Unidas; tan solo una ONG provee de gasolina a quienes se acumulan con garrafas a sus puertas.

En uno de los patios está Meisa Muhammad; quien se presenta como “madre de un mártir”. Llegó al campo hace más de siete años y aún no tiene claro si podrá volver a la que fue su ciudad. Es cierto que en las últimas semanas algunas personas han podido volver a algunos de los cantones que estaban ocupados, como uno de los resultados del acuerdo, pero pocos en Rojava tienen la confianza suficiente como para arriesgarse.

Esta fe en estas fuerzas de protección kurdas se respira en cada rincón de Rojava

El hijo y el sobrino de Meisa murieron en Raqqa mientras recuperaban la ciudad de las manos del ISIS. “Hicieron todo lo que pudieron para proteger nuestra tierra y a la gente de esta región, y confiamos en ellos hasta tal punto que son los únicos que pueden garantizar nuestra seguridad”. La mujer se refiere a las FDS, formadas por las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ). Esta fe en estas fuerzas de protección kurdas se respira en cada rincón de Rojava; banderas de las unidades cuelgan por doquier, soldados son parados para sacarse fotografías y los muertos en combate son visitados a diario en el cementerio de Qamishli.

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Cementerio de mártires Qamishili. Marta Moreno Guerrero

“Todos nosotros, toda la familia, estamos orgullosos y deseamos formar parte de las FDS porque somos personas solidarias. Es la fuerza que nos protege. La fuerza que nos une, que une a la sociedad”, dice el hermano de Redour. Este volvió al frente hace una semana, tras recuperarse de las torturas que sufrió estando capturado por las milicias aliadas del extinto HTS. Desde allí hace una videollamada a su familia: “Estoy orgulloso de poder luchar por la causa kurda”.

Preguntando a su madre por el futuro de Rojava, ella cuenta que “cualquiera que escuche las historias del pueblo kurdo se quedará impactado y comprenderá por qué luchamos y seguimos adelante a pesar de todo lo que nos toca afrontar”. Preguntada por lo mismo, Meisa Muhammad sonríe: “A pesar de todas las dificultades que hemos vivido, de cómo hemos visto cómo la gente ha sido martirizada, la unidad de las fuerzas kurdas nos ha hecho olvidar todo nuestro dolor y esperamos que, en el futuro, el pueblo kurdo esté unido; y cada vez que eso ha ocurrido en los últimos meses, nos sentíamos eufóricos”. Ahin Ibrahim, en la comuna también responde: “Continuaremos nuestra lucha, porque su apoyo [el de las FDS] nos da fuerzas. Porque Rojava es el corazón del Kurdistán, el corazón del mundo”. 

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