Irán
Estados Unidos captura un barco iraní a tres días de que expire el alto el fuego en Oriente Medio
Estados Unidos ha secuestrado un barco mercante iraní en el estrecho de Ormuz el domingo 19 de abril. Solo horas antes, su presidente, Donald Trump afirmaba que estaba camino a Islamabad su delegación para negociar con Irán, antes de que el próximo miércoles, día 22 de abril, expire un agitado alto al fuego que comenzó en la noche del martes 7 de abril. No queda claro con quién negociará el equipo estadounidense, Irán ha calificado como un acto de “piratería armada” este último acto de guerra estadounidense y se niegan a negociar hasta que Donald Trump no levante su bloqueo naval, según ha comunicado el embajador iraní en Paquistán.
El barco capturado, con el nombre de Touska, se dirigía al puerto iraní de Bandar Abbas. La tripulación se habría negado a detenerse ante las alertas estadounidenses, tras algunas horas el destructor lanzamisiles Spruance disparó a la sala de motores de la nave tras ordenar su evacuación, inhabilitándola. Los marines abordaron el barco procediendo a su toma, según reportaba el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM). El acto supone una escalada en el bloqueo naval que Estados Unidos inflige a Irán, en el que, según el ejército estadounidense, ya habrían obligado a 25 embarcaciones de bandera iraní a retroceder: algunas provenían de los puertos del país, y otras, se dirigían hacia ellos.
La volatilidad en la situación en Oriente Medio, ha contado con una etapa particularmente frenética en los últimos días, cuando al anuncio de la apertura del Estrecho de Ormuz por parte de Irán el pasado viernes, le sucedió, solo horas después, la comunicación de su cierre. Durante el sábado, varios barcos reportaron ser atacados en su paso por el Estrecho.
El motivo para un nuevo cierra del Estrecho ha sido el bloqueo de los puertos iraníes que Trump impuso hace más de una semana, y que el domingo era calificado por Mohammad Bagher Ghalibaf, uno de los principales negociadores iraníes, como “ignorante” y “estúpido” tras afirmar que Teherán no permitirá a otros transitar por el mar, si sus propios barcos son bloqueados.
El sábado, en una declaración televisada nacionalmente Ghalibaf, explicaba que se habían hecho progresos en las conversaciones, sin embargo, se mostraba escéptico respecto a su resultado, señalando que aún había muchos huecos y puntos de disputa, y sembrando temor a que el alto al fuego finalmente decaiga el próximo miércoles.
Después de que la primera ronda de conversaciones del 12 de abril terminaran sin ningún avance, no hay mucho optimismo con que se llegue a un acuerdo antes de que se extinga el plazo determinado por el plan de Irán para el alto al fuego, aceptado por Trump in extremis el 7 de abril, poco antes del deadline que había dado a Irán para abrir el Estrecho de Ormuz, exigencia que acompañó de múltiples amenazas. Los puntos de desencuentro son numerosos, para empezar, Irán se niega a renunciar totalmente a su programa nuclear, apuntando a que cualquier restricción en este sentido tenga una temporalidad limitada. Lejos de este enfoque, Trump ha expresado su deseo de que Estados Unidos tome bajo su custodia las reservas de uranio enriquecido con las que cuenta Teherán.
La situación de Ormuz sigue en el centro de la disputa, Irán quiere reservarse el derecho a mantener restricciones en la navegación mientras continúe el bloqueo de Estados Unidos a sus puertos. Pero Trump pretende imponer el bloqueo hasta que se llegue a un acuerdo. Por otro lado, Irán no solo reclama que se levanten las sanciones contra su economía o que se desbloqueen sus activos congelados, que ascienden a 20 mil millones de dólares, sino que reclama reparaciones de guerra, con una cifra de 270.000 millones.
El domingo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, insistía en los “derechos nucleares” del país, y en preservarlos de la insistencia estadounidense. “Trump afirma que Irán no puede ejercer sus derechos nucleares, pero no dice por qué delito. ¿Quién es él para privar a una nación de sus derechos”, habría afirmado el presidente según la Iranian Student News Agency. .
Las autoridades iraníes temen largas negociaciones que sin embargo no resulten en el fin de las sanciones, o la liberación de sus activos. El precedente de las dos rondas previas de negociaciones, que fueron seguidas por sendas ofensivas bélicas, primero de Israel y después por el mismo país, acompañado de Estados Unidos no genera confianza. Mientras se acerca el fin del plazo de dos semanas que dura este alto al fuego, Estados Unidos, a través de su aparentemente plenipotenciario presidente, volvía el domingo por la mañana a lanzar una de sus advertencias, afirmando que Estados Unidos, “tendría que volver a tirar bombas de nuevo”, si no se alcanza un acuerdo el miércoles.
Destruir sin rendir cuentas
Hasta el momento, atacar unilateralmente a Irán de la mano de su aliado israelí, asesinar a más de 3.400 personas, entre ellas unos 250 niños, destrozar patrimonio histórico como el Palacio de Golestan, atacar infraestructura civil y miles de viviendas, no parece que vaya a pasar una gran factura al mandatario estadounidense. Junto a la impunidad en el uso de la fuerza, el hecho de que el mantenimiento de los compromisos acordados con sus adversarios no entre en sus prioridades, la generación de confusión como estrategia política, y la costumbre de atacar con la silla en la mesa de negociación aún caliente, no hace a Trump un adversario fiable a ojos iraníes.
Sobre la destrucción gratuita de los territorios y las vidas de otros, y el no mantenimiento de los acuerdos, el socio de Estados Unidos en esta guerra tiene una gran experiencia. Obstinado en mantener su campaña contra Líbano (en la que han sido ya asesinadas 2.294 de personas), desmarcándose así del alto al fuego con Irán, y siguiendo su propia agenda antes de que Trump le forzara a detener los ataques el pasado jueves, declarando un alto el fuego de diez días, el ejército israelí ha dejado una escena de devastación a su paso que no piensa reparar. Desde entonces, las personas que volvían a sus aldeas, se han encontrado con los mismos escombros y ruinas en la que Israel ha convertido a Gaza después de dos años y medio de bombas y bulldozers.
Con más del 80% de los edificios en Gaza dañados o destruidos, y más de 1.400 edificios demolidos desde el 2 de marzo en todo Líbano, los ataques continúan después de acordar alto al fuego. En Gaza, desde que se implementara el plan de Paz de Trump el pasado octubre, han sido asesinadas 775 personas. En Líbano el acuerdo no parece mucho más sólido. Israel ha aplicado en el país la doctrina Gaza, asesinando a sanitarios y periodistas, con ejercicios de crueldad como los ataques con varias detonaciones espaciadas, que no solo persiguen destruir a un objetivo, sino que atacan a quienes acuden al rescate. Poco antes del alto al fuego, en un ataque de estas características, el ejército sionista bombardeó hasta cuatro veces el mismo lugar, a medida que se iban acercando sanitarios a socorrer a los heridos.
Israel no repara ni reconstruye: se anexiona los territorios
Dos días después de acordar un alto al fuego, el sábado 18, Israel hablaba de establecer una línea amarilla sobre territorio libanés. Situada en el Sur del país, este dispositivo supone una ocupación de facto de una parte del territorio a la que la población no podrá acceder. Para ello, el estado sionista invoca una vez más cuestiones de seguridad. Es la primera vez que Tel Aviv menciona la línea amarilla respecto a Líbano, siguiendo una vez más el mismo patrón que puso en práctica en Gaza tras el alto al fuego de octubre, con el fin de restringir los movimientos de la población gazatí.
La tarde del sábado 18, el secretario general de Hezbollah, Naim Qassem, exigió que Israel también cumpla con la tregua, en un mensaje televisado en el que afirmó que la milicia sigue alerta pero “no confiamos en el enemigo”. “No hay alto al fuego solo por el lado de la resistencia, debe de haberlo por ambos lados”. El líder también exigía la retirada completa del ejército israelí, apuntando a un horizonte de reconstrucción con el apoyo de la ayuda árabe internacional. Además se mostraba dispuesto a colaborar con el gobierno del Líbano para “alcanzar la soberanía nacional y evitar conflictos”.
Respecto a la línea amarilla impuesta en Gaza, esta era calificada en diciembre por el Jefe de Gabinete israelí, Eyal Zamir, como “nueva frontera”, mientras que otro ultra, el ministro de Defensa Israel Katz prometía establecer asentamientos agrícolas militares en el territorio y no irse nunca de Gaza. En el marco de la limpieza étnica, un informe de Al Jazeera ha documentado que Israel ha roto el alto al fuego al menos 160 días de los 182 que ha durado el alto al fuego.
El mismo medio mostraba, a través de imágenes satelitares, cómo el ejército israelí está levantando fortificaciones en toda la franja de Gaza, especialmente en Rafah, pero también en la Ciudad de Gaza, o en el campo de Maghazi. La construcción de bases fijas estables en Gaza no es nueva, viene sucediendo desde el 7 de octubre, identificádose 48 de estos puestos militares, 13 de ellos levantados después del “alto al fuego”.
No solo está sembrando Israel la destruida Gaza de bases militares, según la organización Euromed Human Rights Monitor el plan para Rafah implica dividir la franja en bloques de población cerrados dentro de zonas militares. La imagen es la de ghettos —según como lo describe Euromed— con una gran concentración de población, rodeados de vallas y checkpoints.
Mientras, la ocupación de Cisjordania continúa, reabriendo antiguos asentamientos como el de Sa-Nur, al sur de Jenin, que fue desalojado en 2005 y en el que se han aprobado 126 unidades de viviendas. Este asentamiento es uno de los cuatro que habían sido vaciados en Cisjordania y que los colonos pujaban por volver a ocupar, algo que aprobó recientemente el gobierno israelí, vulnerando la legislación internacional. Sa-Nur es uno de los 22 nuevos asentamientos que el pasado mayo, Bezalel Smotrich anunció que se crearían en Cisjordania. El clima impuesto por el retorno de los colonos es violento: La UNRWA informaba de que el pasado marzo fue uno de los más mortales por causa de la violencia de los colonos.
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