Opinión
Nuevo fracaso de la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares
El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), aprobado en 1968, tiene tres objetivos: evitar la propagación de las armas nucleares y de la tecnología armamentística, promover la cooperación en los usos pacíficos de la energía nuclear y lograr el desarme nuclear. Cada cinco años se celebra una Conferencia de Revisión en la que se valora el cumplimiento de los términos del Tratado.
Del 27 de abril al 22 mayo se celebró la decimoprimera Conferencia de Revisión, que concluyó sin haber acordado un documento final de consenso. Ocurrió lo mismo en las dos conferencias anteriores. En la de 2015, Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá vetaron la posibilidad de constituir una Zona Libre de Armas Nucleares en Oriente Medio. Estos fracasos reiterados podrían interpretarse como un indicio de la pérdida de relevancia del TNP. Por otro lado, los representantes de los países participantes "no son de nivel tan alto como en conferencias de revisión anteriores”. Otro indicio quizás de la falta de interés que despierta hoy el TNP entre los miembros del tratado.
Durante las deliberaciones, los países no poseedores de armas nucleares expresaron su descontento por el hecho de que las estados con arsenal atómico no hayan emprendido conversaciones de desarme tal como lo estipula el tratado. Pudiera ser una referencia al New Start, tratado bilateral entre Estados Unidos y Rusia, que caducó el pasado mes de febrero.
La gran mayoría de los estados se refirió al daño catastrófico que causan las armas nucleares y la imposibilidad de subministrar asistencia humanitaria en caso de cualquier uso de armas nucleares. Sin embargo, los Estados poseedores de armas nucleares y sus aliados impidieron que la conferencia reconociera las consecuencias humanitarias de las armas nucleares. Algunos llegaron incluso a sugerir que no existía consenso científico sobre la existencia de tales daños, ignorando conferencias e informes, incluidos los del Comité Internacional de la Cruz Roja y la Organización Mundial de la Salud.
En la Conferencia de 2010, los Estados Partes del TNP expresaron por consenso su profunda preocupación por las catastróficas consecuencias humanitarias de cualquier uso de armas nucleares y reafirmaron la necesidad de que todos los Estados cumplan en todo momento con el derecho internacional, incluido el derecho internacional humanitario. Desde entonces, los Estados con armas nucleares han intentado retractarse de este lenguaje, alegando que estos impactos solo serían consecuencia de una guerra nuclear, no de un intercambio limitado o una sola detonación. Ahora incluso exigen que se reemplace el texto de consenso de 2010 por el del preámbulo del TNP: “Considerando la devastación que una guerra nuclear causaría a toda la humanidad”. En respuesta, Austria denunció que se esté pidiendo a los Estados no poseedores de armas nucleares que acepten este riesgo consecuencia de las doctrinas de seguridad de otros Estados.
Tampoco se acordó pedir la ratificación del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares por parte de los países que faltan para que este instrumento entre en vigor. Se fracasó igualmente en reconocer colectivamente los daños causados por el legado de las pruebas de armas nucleares, a pesar de que la Asamblea General de las Naciones Unidas ha reconocido desde 2023 este legado de daños, adoptando resoluciones al respecto.
Por otro lado, los Estados no lograron ponerse de acuerdo para condenar, ni tan siquiera para expresar preocupación tanto por la posible proliferación nuclear (varios estados no poseedores de armas nucleares han expresado la posibilidad de dotarse de ellas) como por las propuestas de compartir armamento nuclear. Este asunto, incluidas las recientes declaraciones del presidente francés Macron, fue planteado por varios países como motivo de preocupación, requiriendo, como mínimo, mayor claridad. Sin embargo, los intentos de plasmar esa solicitud de aclaración se vieron frustrados en las negociaciones a puerta cerrada.
Ya en la Conferencia de 2022 se puso de manifiesto la frustración creciente de los Estados Parte respecto al camino hacia el desarme
Los debates abiertos volvieron a poner de manifiesto el problema central del TNP: que algunos Estados creen que las armas nucleares son esenciales para su seguridad y no están dispuestos, a pesar de sus obligaciones legales, a renunciar a ellas; mientras que la mayoría de los demás entiende que los efectos devastadores de las armas nucleares las hacen inherentemente inaceptables y categóricamente ilegales.
El borrador inicial que debía servir de base para el Documento final de la Conferencia sufrió numerosos recortes y modificaciones. Si bien se mantuvieron las referencias a las obligaciones del artículo VI, se suprimieron o debilitaron referencias a la urgencia del desarme nuclear; críticas a la modernización y expansión de los arsenales; la prohibición del primer uso; un sucesor del New Start; ensayos de armas de baja potencia; el desmantelamiento o la conversión de instalaciones de material fisible; las moratorias sobre la producción de material fisible; etcétera. También desaparecieron las referencias a mantener el control humano sobre las armas nucleares. El borrador inicial indicaba también que la conferencia tomaba nota de la "grave preocupación expresada ante los ataques a las instalaciones nucleares iraníes“. En una versión posterior se omitieron estas palabras, lo que provocó una fuerte reacción por parte de Irán. Finalmente, y como se ha dicho, no hubo consenso para aprobar un documento final.
Se constata la inoperancia reiterada de las Conferencias de Revisión del TNP. Ya en la Conferencia de 2022 se puso de manifiesto la frustración creciente de los Estados Parte respecto al camino hacia el desarme. Incluso el ministro de Control de Armas y Desarme de Nueva Zelanda observó que, en los últimos veinte años, no había habido demasiados progresos ni en reducciones significativas de arsenales ni en esfuerzos por reducir la dependencia respecto a las armas nucleares.
A pesar de ello, los estados nucleares defienden el TNP. Hasta el punto de que, cuando se empezó a plantear la necesidad de un tratado que prohibiese las armas nucleares, hubo una fuerte oposición por parte de estos Estados. Argumentaban entonces (y continúan haciéndolo) que no era necesario un nuevo tratado porque ya existía un instrumento eficaz, el TNP, para conseguir el desarme nuclear. Parecen olvidar que el artículo VI del TNP establece que el camino hacia el desarme nuclear pasa por “un tratado de desarme general y completo”. Por tanto, un tratado de prohibición satisface exactamente la aspiración del TNP manifestada en su artículo VI. Ese tratado de prohibición fue finalmente aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 7 de julio de 2017, es el llamado Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN). Todo ello nos reafirma que el instrumento para alcanzar un mundo sin armas nucleares no es el TNP sino el TPAN. Es, por tanto, urgente que se adhieran a él los estados que aún no lo han hecho.
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